Pon un farmacéutico en tu casa

El médico te receta en tu casa, porque no puedes salir, pero a por las medicinas recetadas tienes que ir a la farmacia. Un contrasentido que tiene que tener una solución.

Arturo San Román 4 de junio de 2018

Pon un farmacéutico en tu casa

En España, hay a día de hoy, casi nueve millones de personas mayores de 65 años, de las cuales 2,8 millones superan los 80 años, 1.8 millones viven solos, y además a estos números habría que sumar los tres millones de personas con discapacidad reconocida, de los cuales medio millón, superan también los 80 años.


La tendencia de los próximos años, en el invierno demográfico que estamos viviendo, es aún aumento considerable de personas mayores de 65. La esperanza de vida en España va en aumento, en la actualidad las mujeres tienen una esperanza de vida de 85,9 años y los hombre de 80,4 años.
La suma nos dice que una mayoría muy amplia de españoles necesitan regularmente servicios del sistema sanitario.


Uno de los grandes retos para el sistema de salud, es la atención domiciliaria a millones de españoles. En la actualidad, el medico acude a casa, así como un practicante o una enfermera si es necesario. Las personas que necesitas oxigeno lo reciben en casa. 


Pero ¿Qué pasa con los farmacéuticos? El médico te receta en tu casa, porque no puedes salir, pero a por las medicinas recetadas tienes que ir a la farmacia. Un contrasentido que tiene que tener una solución. Las farmacias forman parte del sistema de salud español, están obligadas a asesorar, recomendar e informar, y la realidad es que se han convertido en dispensadores de medicamentos en la mayoría de los casos, y algunas de ellas en verdaderos bazares de productos diversos, incluidas dietas milagro y productos parafarmacéuticos de dudosa efectividad. 


La gran excepción siguen siendo las farmacias rurales, que en miles de pequeños pueblos de este país, donde el médico acude una vez por semana, son el punto de referencia para temas de salud de sus ciudadanos las 24 horas del día, y otra honrosa excepción son las farmacias de barrio de las grandes capitales, que conocen a sus clientes por su nombre y conocen perfectamente sus dolencias y los medicamentos que toman.


Pero lo que hoy definimos como excepciones, son aquellas farmacias que sus farmacéuticos/cas mantienen el verdadero espíritu que siempre tuvo la profesión, cercanía a su entorno, espíritu de servicio sanitario y un ejercicio de la profesión que obedece a los principios elementales de servicio público.


En España existen 22000 farmacias, 8000 en las capitales de provincia y 14.000 en el resto de las poblaciones, un número muchos más amplio que centros de salud y Consultorios locales, que suman poco más de 14 mil. El número y la capilaridad de las farmacias les convierten en una de las patas más importantes de nuestro sistema de salud y de la atención socio-sanitaria.


Y la atención socio-sanitaria tiene como espacio natural, el domicilio. Por todo esto no parece muy coherente que el farmacéutico no haga asistencia domiciliaria, como el resto de los actores de la salud pública.


Las farmacias, tienen que reinventarse y aunque pueda parecer un contrasentido, unas de las primera cosas que tienen que hacer es recuperar las esencia de sus propios valores. Tienen que innovar y convertirse, cada una de ellas, en un punto de influencia y de buenas prácticas de salud, en su entorno.


En definitiva tienen que volver a ser Farmacias y no, solo, puntos de dispensar medicamentos y otras cosas. Porque puesto a dispensar, podemos cambiar las farmacias por máquinas de donde sacar los medicamentos con una receta, con su correspondiente código de barras.
Buenos ejemplos.

Buenas Prácticas.


Amparo Bonilla, es la farmacéutica titular de la farmacia Tribaldos, en el barrio de Hortaleza. Como oficina de farmacia de barrio, están muy centrados en la atención farmacéutica, todos los miembros del equipo de la farmacia, trabajan con la cultura de ofrecer una atención farmacéutica de calidad, y el consejo al paciente es para todos ellos primordial en el ejercicio profesional.


Muy proactivos en el seguimiento de los tratamientos de sus pacientes, y con una clara vocación de educación sanitaria, tanto de los pacientes como de los cuidadores, y muy atentos a la detección de interacciones medicamentosas.


Preparan sistemas personalizados de dosificación para aquellos pacientes que tienen riesgo de incumplimiento terapéutico porque viven solos o no son capaces.


Son muchas las farmacias de barrio y rurales en España, que como la de Tribaldo tienen muy clara su función social. Y apuestan de una forma muy clara por la atención farmacéutica en el domicilio. Y por cierto nos encanta la palabra boticario por aquello que recuerda al farmacéutico de toda la vida.