Albert Boadella, 55 años tocando las narices

Hablamos en QUÉ! con Albert Boadella, actor, dramaturgo español, director hasta 2012 de la compañía de teatro independiente Els Joglars.

Arturo San Román 2 de marzo de 2018

Dicen que cuando uno se hace mayor ya dice lo que piensa sin importarle si molesta o no. Bien, pues Boadella es mayor desde los 19 años, porque desde entonces no solo dice lo que piensa, sino que además lo visibiliza a través de sus obras y actos, y toca las narices de todos aquellos que se creen en posesión de la verdad. Y a nosotros nos encanta.

Una vez estrenada su ópera, 'El Pintor', ¿qué valoración emocional hace de su ópera? 

Uno siempre tiene una cierta frustración cuando termina una obra. Hay cosas que uno hubiese deseado y no salen, y eso es lo que hace probar otra vez, porque si tuviera el convencimiento de que ha salido perfecto, quizás no me animaría nunca a una segunda, por lo tanto esta frustración, se va transformando en los deseos de hacer una cosa nueva que corrija los defectos de la anterior.

De las artes escénicas, ¿es la ópera la que aporta mayor riqueza de matices? 

La ópera es un espectáculo que podríamos llamar, en cierta medida, total. Utiliza la parte musical, utiliza la parte dramática, la interpretación, la parte literaria, la visual, que es importante en las óperas. Todo esto es un conjunto que da al espectáculo mayores ámbitos de emotividad.

Cuando en este país se ponen las entradas a un precio de 8 euros para ver una ópera como 'El Pintor', ¿es por miedo a que no se llene o porque los ciudadanos en este país no valoran suficientemente la cultura? 

Hay dos motivaciones, la primera por el populismo de las instituciones que son las que pagan con dinero público, generalmente, estos espectáculos, y que hacen una acción populista demostrando que puede entrar todo el mundo. Yo creo que eso es una actitud enormemente arriesgada de cara a la continuidad de nuestro gremio, que se encuentra con su mayor problema en el precio de las entradas.
Nuestro gremio se encuentra con que muchas veces llena un teatro y no consigue amortizar lo que vale el montaje, por eso hay que acostumbrar al público a que pague más por el teatro. 

Sin embargo, la gente sí paga 100 euros por ir a un concierto de música y no 50 por ir a una obra de teatro.

Esa es nuestra responsabilidad, la responsabilidad de nuestro gremio, que por cuestiones muchas veces de conseguir determinadas facilidades por parte de la Administración nos hemos sometido a sus políticas, que son unas políticas de escaparate y de populismo cultural, yo diría que casi de todas ellas sin excepción.

 Han conseguido que el teatro no tenga ese prestigio que da, precisamente, el hecho de que tienes que hacer un esfuerzo económico para ir a verlo

¿Qué reflexión hace del momento cultural de España? 

Este es un país con muchísima sustancia cultural, con una cantidad de capas culturales extraordinarias, lo que pasa es que lo que podíamos llamar la cultura en forma de libro, espectáculo, de pintura, etc., eso ya es distinto, porque necesita normalmente de un clima alrededor que facilite muchas veces la inspección de estas cosas, y en el momento en que esto ha pasado directamente a las administraciones públicas, que son los nuevos mecenas de las artes, ha sufrido un constreñimiento de libertad y la comunicación directa de tú a tú con el ciudadano.

Siempre hay una intermediario, que es la Administración Pública, y entras a formar parte de sus intenciones. Creo que es el problema que tiene España, que no hay organismos autónomos que sean los que culturalmente alienten y distribuyan lo que son todas las expresiones de la cultura.

Un consejero de Cultura nunca puede dirigir los teatros saltándose al director, y eso gusta mucho en este país, y sé de lo que estoy hablando.

La gente parece que vuelve a ir al teatro. ¿Es porque ha mejorado nuestro teatro o porque hay una saturación por parte del espectador de otros medios, y busca esa comunicación más íntima que se crea en un teatro?

Creo que por los dos motivos. El teatro que se hace ahora es muy variado y con muy buen envoltorio, es mucho mejor que hace 30 años. Pero también está la necesidad del directo, la gente recibe el noventa por ciento de la comunicación por medios enlatados, es evidente que cuando tienen la oportunidad de ver el directo, notan que las vibraciones emocionales suben de forma espectacular.

La comunicación directa en colectivo, significa una multiplicación emocional, porque no es igual la risa de dos personas, que la risa de mil personas, las emociones del espectador se multiplican cuando están en colectivo y en directo.

Usted se empeña en que no es un provocador, pero el resto del mundo, también se empeña en que si lo es. Reflejar en un escenario otra visión de la realidad socialmente admitida como verdad universal. ¿Es provocación o es demostrar que no existen las verdades universales? 

Provocación siempre la hay por parte del artista, en el sentido de que un artista provoca determinadas emociones, ya sean divertidas ya sean trágicas, o lo que sea, pero siempre hay un elemento de provocación, porque si no hay una provocación emocional o intelectual, entonces ¿qué es el arte?

Lo que yo no admito es que esto sea previo, quiero decir que la gente no piensa que yo digo "vamos a montar algo para que salga en los medios y haya gente que se sienta cabreada". Eso no lo hecho nunca. Jamás se me ha ocurrido esta idea.

 Siempre era la idea de colocar algo que existía en mi entorno, en la realidad que me envuelve y transformarlo de tal manera para llegar a una verdad más profunda. Yo creo que el artista lo que hace es esto, chupar de la realidad directa para llegar a una realidad más profunda que el hecho cotidiano.

Boadella ha sido para muchos ciudadanos de Cataluña un símbolo de lucha por la libertad, y hoy para el independentismo usted es un traidor y símbolo de la derecha más recalcitrante. ¿Es usted el que se ha desplazado de su eje o son ellos los que han involucionado?

Yo soy un traidor para los independentistas, obviamente, porque no he aceptado que lo que era simplemente una cuestión cultural se convirtiera en una cuestión directamente política; he defendido que Cataluña tiene que tener un cuidado de su lengua y costumbres, pero en absoluto que eso sea motivo de separación, de cuestionamiento constante de si somos o no somos españoles, y a partir de aquí, obviamente, la gente interesada en hacer de esto un maniqueísmo y adoctrinamiento político de la población, en función del odio al vecino, pues me han tenido a mí como enemigo absoluto. 

Yo estoy en lo mismo que he estado siempre, son ellos los que han cambiado. 

Usted ha dicho "la farsa y la mascarada son mi terreno". ¿Siente que le están haciendo una competencia desleal lo políticos de este país?

Están dando tema constantemente. Si miramos lo que ha sucedido en Cataluña, y lo que yo he tratado de hacer durante muchos años, que era sátira sobre la política de mi entorno, hay que admitir que los políticos lo han superado todo de largo, con cosas inimaginables, que si yo las hubiese colocado en un escenario no se las hubiese creído nadie.

Por lo tanto, más que competencia, yo digo que nos dan una cantidad de inspiración que no damos abasto. Tenemos un problema, porque lo que hagamos esta semana, la semana que viene ya nos ha superado.

Han entrado en una carrera demente, en una carrera de a ver quién la hace más gorda, y en eso sí que hay una parte de competencia desleal, sin duda.

¿Puigdemont tiene una ópera? 

No. Puede tener una cancioncita de tres al cuarto. Puigdemont no es un personaje, es lo que decimos en España, un aprovechado, es una figura que parte de la picaresca española, es un tipo listo, no digo inteligente, digo listo o astuto, y aprovecha lo que sea, y hoy está donde está y mañana en el lado contrario. No es hombre de ideología, no es un hombre de convicciones para llevarlas hasta el último extremo.

Con 19 años funda Els Joglars, sufre un consejo de guerra, acaba en la cárcel, es perseguido por el franquismo. ¿Qué piensa ahora cuando oye a los independentistas decir que no hay libertad en España? 

Se ha perdido totalmente el sentido de la proporción, hacen una demagogia interesada y además absolutamente falseada. Las cosas que yo, y tantos españoles, que hemos vivido la dictadura y los años posteriores, donde nos costaba encontrar la armonía y el equilibrio, comparado con la de ahora, esto es el cielo, es el nirvana. 

Esta gente dice una cosa que el resto de los españoles se quedan pasmados. Los españoles que tienen sentido común dicen "qué están diciendo". Estamos viviendo en un país con máximas libertades, yo diría que uno de los países más libres del mundo, con todos los defectos, pero no hay discusión posible 

Tabarnia es una de cosa de locos o de gente que está hasta las narices. 

Tabarnia es, ante todo, la gente que no ha claudicado, la gente que no ha sucumbido a las mentiras de los nacionalistas. Nosotros no somos mansurrones dispuestos a creernos la Cataluña que se han inventado, nosotros creemos en la Cataluña real.

Tabarnia, al margen totalmente de la política y de los políticos, es un movimiento de gente que ha tenido muchísima paciencia, pero han dicho basta, y ahora tienen que escuchar nuestra voz, y esta gente no pueden hablar en nombre de los catalanes, pueden hablar en nombre de los nacionalistas, pero no de los catalanes, porque somos muchos más que ellos, somos mucha más gente, somos más que su mayoría, y decimos que esto se ha acabado y que no secuestren nuestra voz.

Deme una primicia. ¿Se presentará a la reelección de presidente de Tabarnia? 

No, eso jamás. Jamás porque, obviamente, cualquier presidente en funciones, debe ser elegido, la única posibilidad es que yo iniciara una nueva saga de virreyes o de reyes tabarneses, esto siempre es posible. Pero fuera de eso, si un día Tabarnia tuviese la mínima posibilidad administrativa, tendría que ser alguien elegido por sufragio universal.