Las ies con punto. "Año nuevo, vida nueva".

En la alta política planetaria nada hace pensar que Donal Trump pueda abandonar su furibunda carrera hacia la medalla de oro en los cien metros lisos de supina estupidez, ni que Putin esté pensando en dejar la poltrona principal del país más mafioso, homófobo y retrógrado del orbe.

Tato Cabal. 15 de enero de 2018

 Las ies con  punto. "Año nuevo, vida nueva".

Año nuevo, vida nueva, dice un voluntarioso proverbio. Este en el que nos adentramos, el dieciocho de los dosmiles, tiene toda la pinta de no querer hacer bueno el refrán. 


En el disparate del independentismo catalán, y no os asustéis, que hoy no voy a hablar de ello, todo apunta a que vamos a vivir una segunda entrega de la misma serie, si bien es cierto que tiene pinta de venir más en clave cómica que de drama épico; al menos yo, cada día que pasa veo a Puigdemont más como el protagonista de las últimas de Torrente que como el Guerrero del Antifaz. 

 
En la alta política planetaria nada hace pensar que Donal Trump pueda abandonar su furibunda carrera hacia la medalla de oro en los cien metros lisos de supina estupidez, ni que Putin esté pensando en dejar la poltrona principal del país más mafioso, homófobo y retrógrado del orbe.


Y en la política doméstica, no parece que nadie en el partido del gobierno se esté aclarando la voz para recordarle a Mariano que lo de renovarse o morir ha llegado al punto de necesidad imperiosa. En realidad, es algo que podría, o debería, aplicarse a la política en su conjunto.

 Los ciudadanos estamos hartos de escuchar a los unos que todo lo que hacen los otros es espantoso; que si, por ejemplo, baja la bolsa es culpa del gobierno y si sube es por la coyuntura internacional. Y así siempre.

 Yo creo que esto ocurre porque en este país llevamos años viendo que los del partido gobernante no llegan a la Moncloa porque ganen las elecciones, sino porque los otros las pierden, y, claro, visto lo visto despliegan sus energías en enfangar al rival, a mayor gloria de sus artilleros de ponzoña. La consecuencia es que la materia gris, en política, cotiza a la baja.


Esa descalificación sistemática no la veo en otros campos, ni siquiera en el reino de las rivalidades, el futbol. Puede que la masa berree lanzando improperios y coces, y que los jugadores se tiren de vez en cuando a la piscina, pero luego, en silla y con micrófonos, los ganadores se muestran respetuosos y los perdedores entonan el mea culpa con bastante discernimiento. 


Yo quiero poner mi granito de arena para que en los próximos meses se revierta la tendencia lamentable hacia la superficialidad, que parece adueñarse de nuestras mentes

. Pido a los medios de comunicación más rigor, y a los conciudadanos, más exigencia de verdad y de intelecto. Lo digo porque me ha escandalizado lo del alcalde de La Pedrera, sí, ese que dijo en una arenga ante sus vecinos lo de que "quería ver a algunos fusilados". 


Dicho esto, muchos pensarán que estoy de acuerdo con el linchamiento a Antonio Nogales, el citado alcalde, pero, lo siento, me estoy posicionando en el lado contrario.

 Se hizo público el video en el que suelta la desafortunada frase en dos fragmentos de apenas unos segundos, pero la ocultación de lo anterior y posterior solo se puede interpretar como un acto de mala fe por parte del que difunde las imágenes editadas y como una torpeza por la de los medios que lo convierten en noticia. 

Visto en su conjunto lo que hay es una jauría humana de "cristianos viejos" que habían volcado más de diez coches de rumanos y que querían más sangre. Justos por pecadores. 

Un accidente de tráfico con posterior pelea entre jóvenes del pueblo y vástagos de los emigrantes está en el origen de la turba. El alcalde los arenga en la calle llamando a la calma, pidiéndoles que se vayan a sus casas y que dejen actuar a la ley, y solo cuando se ve acusado de posicionarse en el bando contrario él pretende mostrar a sus vecinos que también tiene sentimientos, pero que las vísceras no deben guiar nuestros actos. Resumiendo, afeémosle su torpeza verbal, pero no linchemos al que quiere evitar un linchamiento.

Tato cabal es escritor y gestor cultura.