OPINION: Las ies con punto (8ª entrega)

Un viento así podría también limpiar nuestras cabezas de esos pensamientos que amarillean cuando ha acabado su ciclo.

Tato Cabal 28 de noviembre de 2017

OPINION: Las ies con punto (8ª entrega)

Por fin ha llegado el frío. Ya solo falta la lluvia. Necesitamos el invierno, porque reclamamos que los círculos se cierren para que las oes no parezcan ces y para que los ciclos de la naturaleza nos arrastren en su movimiento de noria, aunque sus fríos nos atormenten y acatarren, y sus vientos nos traigan la nostalgia, y sus aguas nos manchen los zapatos. 

Sí, no solo para que se recarguen los manantiales y se limpien los aires, también porque sin ese rito de la renovación no habría en el mundo flores, ni frutas, ni promesas. 


Aunque a todos nos gustan los días soleados de noviembre, reconozcámoslo, ese otoño prolongado que pinta de amarillos y naranjas las hojas que se resisten a caer de los árboles; a ellas no les gusta soltarse para tomar tierra ahí abajo, en esa parcela del mundo que han sombreado desde que se abrieron cuando la primavera lo llenaba todo de promesas.

 Ellas conocen esa porción de terreno a la perfección, saben quiénes la atraviesan con paso acelerado todas las mañanas maldiciendo de su trabajo, y quienes la cruzan sin prisa a media mañana lamentándose de su falta de trabajo. Ellas lo que quieren es que un viento juguetón las arrastre lejos, volar como alfombras mágicas y conocer un poco de mundo antes de caer en las garras de cualquier barrendero desaprensivo.


Un viento así podría también limpiar nuestras cabezas de esos pensamientos que amarillean cuando ha acabado su ciclo. ¿No es cierto que a todos nos amenaza el peligro de que las ideas, que suelen nacer puras como los brotes de la tierra, se retroalimenten en un mundo que cada vez se hace más y más pequeño? Hoy paseo por las páginas de los diarios y me hago esa pregunta.


Hace justamente un mes que se aplicó el articulo 155 en la comunidad de Cataluña y parece oportuno echar una ojeada para ver si los efectos del baño de realidad están ayudando a recomponer los descosidos del procés. Después de la tempestad, la calma; los ciclos son necesarios.


Un amigo mío, médico, ha estado este fin de semana en un congreso en Barcelona, y me ha dicho que en la calle no se percibe nada, pero que durante la cena con otros médicos catalanes, algunos de ellos amigos de hace mucho tiempo, los ha visto igual de pesados con el temita que antes del derrumbe de la nonata república; que si lo del 155 no soluciona nada, que si la voluntad de un pueblo es independizarse eso no lo para nadie y que si ganan las elecciones el gobierno se verá obligado a capitular. 


Luego leo lo de la entrevista a Artur Mas y a Zapatero en el programa de Jordi Évole. Dijo el ínclito expresidente de la generalidad, entre otras lindezas, que a los cabecillas del intento de golpe se les persigue por sus ideas. Sería cierto si hubiera completado la frase: por sus ideas de casquero. También dijo que si un partido se presenta a las elecciones con un programa independentista y gana, sería antidemocrático impedirle cumplir su promesa electoral. Y si en un municipio ganara el partido comunista, ¿también tendríamos que dejarle implantar el leninismo? 


Y lo de Puigdemont es de mear y no echar gota; ahora dice que piensa promover un referéndum para decidir si la nonata república independiente sale de Europa, que es un club de países decadentes y obsoletos, no como el suyo, que es un país tan moderno y real como la Isla de Barataria. O sea, lo de la zorra y las uvas verdes.


Afortunadamente las encuestas dicen que solo un catalán de cada cuatro quiere continuar con la matraca de la independencia. ¿No podría, por favor, un poderoso viento invernal llevarse a estos contumaces a un psiquiátrico de la taiga rusa? A este paso nos dejan sin primavera.

Tato Cabal, escritor y gestor cultural.