Más de 3.000 niños refugiados sirios en el Líbano se enfrentan a vivir en la calle ante la llegada del invierno

Hasta el momento, al menos 28 familias ya han tenido que dejar sus hogares y muchas todavía no han encontrado un lugar alternativo para quedarse

Arturo San Román 8 de noviembre de 2017

Save the Children exige que el desalojo de unos 6.000 refugiados sirios, incluidos 3.200 niños, que viven a las afueras de Beirut sea detenido de forma inmediata. En las últimas semanas los refugiados que han estado viviendo de alquiler en el barrio de Al-Hadath de Beirut recibieron órdenes de desalojo en las que se les avisaba de que debían abandonar sus hogares en un periodo de 10 días, presuntamente por violar la Ley laboral del Líbano [1].

Hasta el momento, al menos 28 familias ya han tenido que dejar sus hogares y muchas todavía no han encontrado un lugar alternativo para quedarse. Aquellos que se han quedado están apelando la orden y se enfrentan a una presión cada vez mayor para marcharse. Tarek, uno de los residentes que ha recibido la orden de desalojo, explica: "Nos dijeron que nos fuéramos porque los sirios no somos bienvenidos aquí. Tuve que mudarme antes de que me echaran porque no quería verme obligado a irme en mitad de la noche como otros. En ese momento mi bebé de 11 meses estaba en el hospital recibiendo tratamiento. Además, he perdido mi trabajo por esto. Estoy preocupado por mi familia y no estoy seguro de cómo saldremos adelante".

Los desalojos ponen en riesgo a los niños refugiados sirios, ya que las familias desalojadas se enfrentan ahora a terminar en las calles a medida que se acerca el crudo invierno. Los desalojos también obligarán a muchos niños a abandonar el colegio y afectarán gravemente a su bienestar físico y psicológico.

"Estos desalojos están teniendo un coste inimaginable para estos niños que ya fueron arrancados de sus hogares una vez y que han sufrido guerras y la violencia extrema. Ahora, se enfrentan al trauma de perder su casa una vez más. Si no se detienen los desalojos, estos niños podrían vivir en la indigencia y arriesgarse a perder la poca sensación de seguridad y normalidad que han tenido hasta ahora", alerta Allison Zelkowitz, directora de Save the Children en Líbano. "Hace más de seis años Líbano dio la bienvenida a estos niños y les proporcionó un refugio.

 El país ha sido extremadamente generoso en su apoyo y ha cumplido con sus obligaciones en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, pero ahora no puede darles la espalda a los niños refugiados. Debe continuar protegiéndolos y no echarlos a las calles. Instamos a las autoridades municipales y nacionales a detener de inmediato estos desalojos antes de que se ponga en riesgo a más niños", añade.

Desde el estallido de la guerra en Siria, Líbano ha acogido a más de un millón de refugiados, que ahora representan entre el 25 y el 30 por ciento de la población total. Los donantes internacionales no han dado el suficiente apoyo a los países receptores, con menos del 50 por ciento de financiamiento en la respuesta para los refugiados.

Muchos de los niños en Al-Hadath habían logrado inscribirse en las escuelas de la zona, sin embargo, después de ser desalojados corren el riesgo de no encontrar una nueva plaza. Muchas escuelas en el Líbano están llenas y casi medio millón de niños refugiados sirios no van a la escuela en todo el país.

A medida que avanzan los desalojos, Save the Children se prepara para dar ayudas económicas a las familias desalojadas para que puedan cubrir las necesidades más críticas de sus hijos.

[1] En Líbano, las restricciones al acceso al mercado laboral de las familias de refugiados se utilizan para justificar los desalojos. De conformidad con la legislación laboral libanesa, a los refugiados sirios solo se les permite trabajar en determinados sectores, como la construcción y la limpieza. En Al-Hadath, solo las familias que trabajan en la construcción o la limpieza están exentas y se les permite quedarse; a las familias involucradas en otras profesiones o al trabajo informal se les ha dicho que se marchen.