OPINION: Las ies con punto

Esta misma mañana ha llegado la esperada contestación de Puigdemont a la interpelación del gobierno y nos ha permitido comprobar que no, que el susodicho president no ha recuperado el seny.

Tato Cabal 16 de octubre de 2017

OPINION: Las ies con punto

Esta misma mañana ha llegado la esperada contestación de Puigdemont a la interpelación del gobierno y nos ha permitido comprobar que no, que el susodicho president no ha recuperado el seny.

 Como ya sabéis, nuestro genial chalado nacional, el caballero de la Mancha, recobró la cordura en los postreros momentos de su vida. Es en el lecho de muerte cuando el Quijote derrotado deja paso de nuevo a Alonso Quijano y éste abomina de los libros de caballería.


El problema es que los dos personajes, el president y el caballero, tienen una demencia que puede resultar difícil de detectar. Dice Cervantes que don Diego Miranda miraba al Quijote con desconcierto, no sabiendo si era un loco cuerdo o un cuerdo loco y "como no lo sabía, ya le tenía por cuerdo y ya por loco, porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto

".
Detrás de este nuevo intento de bucle veo la mano de Oriol Junqueras, que no se resigna a perder su ínsula de Barataria. Y se escuchan de fondo los lamentos de los de la CUP, pobres chiquillos a los que les han quitado el osito de peluche y no pueden dormir. Pero, entonces, ¿por qué no proclama de una vez la república independiente? Porque el verdadero artífice y pirómano de este tinglado, el gran timonel, es el muy astuto señor Más, que no está loco. Ni lo ha estado nunca. No da puntada sin hilo. Desplegó las velas con los vientos del malestar social por la crisis y puso proa a la independencia haciendo gala de una vil irresponsabilidad pensando en sacar lo se pudiera antes de regresar a puerto. Por eso, ahora es el quien dice "que no son gigantes, Puchi, que son molinos".


Sí, la respuesta denota que la sinrazón perdura, pero ya no vemos al fanfarrón sacando pecho como los púgiles en la báscula ante los fotógrafos. Ahora que se ve entre dos fuegos se nos ha hecho marxista; sigue con el discurso de la parte contratante de la primera parte. Me refiero a que se ha hecho marxista de Groucho, claro. ¡Más madera!


El ciento cincuenta y cinco ya es imparable. Puigdemónt no puede dar marcha atrás porque quedaría condenado a hacer como Carrillo en la transición, pero a la inversa: en lugar de ponerse una peluca para regresar al país, tendría que raparse completamente, a lo Kiko Matamoros, para poder abandonarlo.


La máquina del estado es lenta, pero cuando se pone en marcha es imparable. Los juzgados tardarán meses (estamos en un estado de derecho muy garantista), pero veremos en sus pasillos a todos los amotinados; se restaurará la normalidad institucional y el separatismo, ruborizado, presenciará su escarnio.


No cuesta mucho imaginarse al estado mayor de la asonada, con Puigdemónt y Sancho Panza en la cabecera de la mesa, valorando sus posibilidades, que se resumen en dos: la calle y el carrer. Sacar a las huestes para que protejan el parlament, la Generalitat y a los heroicos líderes cuando vayan a ser detenidos, y buscar la foto de los policías y guardias masacrando a la población. 


El problema es que a lo mejor esas huestes se les vuelven en contra. A lo mejor la mayoría de sus seguidores se deshipnotizan en cuanto deje de sonar la melodía del flautista de Hamelin, y hasta se enfadan. Unos cuantos, por lo menos. 

Lo digo porque he visto a una chica entrevistada en una de las manifestaciones que decía que era independentista desde el verano porque le hacía mucha ilusión lo de empezar un proyecto de país nuevo. Lo que os digo, mucha Dulcinea es lo que veo, y poco revolucionario de los de Novecento, de barricada y resistencia. Ya lo veremos.

Tato Cabal, es escritor y animador cultural.