Las casas de bambú contribuyen a luchar contra el cambio climático, ya que las plantaciones necesarias para su construcción son sumideros capaces de fijar el dióxido de carbono.
22 de enero de 2009
Cada hectárea de bambú puede absorber nueve toneladas de CO2 y de
ella se puede conseguir material estructural suficiente para
construir nueve viviendas unifamiliares.
Así lo ha señalado hoy Francisco Gallo, autor del proyecto
"Sumidero habitable de CO2; bio-compuestos de bambú para viviendas
sostenibles", ganador del premio de la Fundación Altran para la
Innovación 2008.
La planta que se pretende utilizar en este proyecto se denomina
guadua, endémica de América Latina, la misma que se usó en el techo
de la T-4 del aeropuerto de Barajas, aunque se podría hacer con
cualquier otra variedad de bambú.
La ventaja del bambú es que tiene un crecimiento continúo, a un
ritmo de 24 centímetros diarios, con lo que el proceso de fijación
de dióxido de carbono no se detiene.
Gallo ha explicado que su proyecto trata de reinventar la forma
de usar el bambú y de revertir el esquema moderno de la construcción
con materiales minerales hacia materiales vegetales.
El objetivo último es generar una gran demanda sobre la planta
para estimular su siembra y aumentar la capacidad de absorción de
CO2, además de resolver el problema del déficit de vivienda que
afecta a gran parte del Planeta.
Inicialmente, se pondrá en marcha en Colombia, de donde es
originario el autor, para después exportarlo a todo los países de
América Latina y, posteriormente, a Asia.
En una primera fase, se van a generar nuevas formas de utilizar
las fibras de bambú, desarrollando paneles y elementos aglomerados
que reemplacen al cemento y al ladrillo, con el apoyo tecnológico de
la Fundación Altran.
A finales de año ya se podría construir una casa-modelo para
mostrarla públicamente.
En una segunda fase, se pretende crear una industria local
sostenible a lo largo de todo el proceso de producción, que podría
iniciarse en 2010.
El planteamiento no es poner en marcha una gran empresa, sino
pequeñas industrias alrededor de la plantación, de tal forma que "la
misma gente que se compromete a plantar el bambú es la que luego
comprará las casas".
Además, el hecho de que la distancia entre el cultivo y la
ubicación de las viviendas sea corta ofrece también beneficios
medioambientales, ya que la construcción genera poca demanda de
transporte y energía.
Para que el proyecto sea viable cada plantación no debería tener
más de ocho hectáreas, suficientes para construir 80 viviendas.
Por su parte, el presidente ejecutivo de Altran España, José
Ramón Magarzo, ha destacado que el objetivo de la Fundación es
ayudar a los proyectos a pasar del laboratorio al mercado con la
mayor garantía".
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