Manuela Velasco y Tamar Novas: "Con esta obra la gente saldrá amándose mucho"

Están juntos con 'Todo es mentira' en el Teatro Lara. Una versión de la película de los años 90, pero sobre las tablas.

María Villardón 29 de abril de 2016

Están juntos con 'Todo es mentira' en el Teatro Lara. Una versión de la película de los años 90, pero sobre las tablas. Ellos se llevan bien, anda que no se nota cuando esto ocurre. Y para más inri, los dos son AMOR. Sus personajes se llaman Lucía y Pablo, una pareja que parece, en principio, mal avenida. ¿Cómo terminará? Pues no lo sabemos, la respuesta está en el Lara de Madrid.

¿Sabéis que yo no he visto la peli? Pero lo que he visto de vuestros ensayos me ha encantado...

M: ¿En serio? Pero, qué maja eres, por Dios. (Reímos todos) Es muy bonito lo que dices, así que dispara, pregunta lo que quieras.

No he visto la peli, ¿soy joven, quizá?

M: Creo que sí, ¿cuántos años tienes?

31 años, no soy tan joven ya eh, Manuela.

T: Oye, no te pases María y no me digas eso. Que yo me siento súper joven.

¡Somos jóvenes y bellos, Tamar! Quizá lo de la broma de "Me voy a Cuenca" no lo pilla todo el mundo, ¿no?

M: Lo grandioso y lo inagotable de la frase "Me voy a Cuenca" es que tiene que significar para cada uno lo que imagine y le dé la gana.

T: Estoy de acuerdo. Yo no la conocía, pero leyendo la obra te das cuenta perfectamente de lo que quiere decir más allá de qué coño es lo que harías tú en Cuenca.

Mirad, a mí en todo este lío de obra me falta un suegro.

(Manuela ríe maquiavélicamente) T: El suegro puede aparecer de cualquier manera, en el teatro los personajes pueden están vivos o aparecer de forma misteriosa.

M: Lo maravilloso del teatro es que no necesariamente tiene que estar todo ahí, los actores deben ser capaces de hacerte imaginar muchas situaciones que igual no están ante tus ojos.

Los actores cuando os miráis a los ojos, ¿no se os escapa ni una risa?

T: ¡Nos hemos reído un montón! Verás, verás... cuando vengas. Yo cuando voy al teatro y veo que los actores se ríen, a mí me da la risa. Desde dentro lo que intentas es no reírte a toda costa.

M: Al menos en esta función hay lugar para que te dé un poco un ataque. Como pasa en las peleas de pareja en la vida real, decides que el mayor daño que le puedes hacer es reírte de lo que te dice, con lo cual ahí podemos estar tranquilos si nos da la risa. Además, Tamar tiene una cosa genial, hace de las dificultades una virtud, me salvará si me río.

T: Yo tengo la misma sensación, eh, no porque lo haya dicho ella. (Reímos) Es como trabajar con un salvavidas.

¿Y qué pasa cuando tu pareja de escena no es salvavidas? Ya me entendéis...

T: Pues como cualquier trabajo, ¿no? Pero a veces la química nace entre las personas más insospechadas.

M: Hay veces que malas relaciones personales pueden regalarte grandes interpretaciones. Ahora, en teatro es recomendable llevarte bien con todo el mundo o hacer por llevarte bien.

¿Vosotros sabéis cuando vuestra pareja os miente?

M: Yo es que me lo creo todo. Me he llegado a enfadar con amigos y parejas porque me vendían cualquier cosa, soy muy crédula. No pillo las mentiras.

T: No contemplo una relación en la que siento que me mienten. Me daría un ataque, me entraría hasta alguna paranoia.

¿Cuántas veces os han dejado?

(Suspiramos) M: A mí sí que me han dejado, la verdad.

T: Yo he hecho alguna vez eso de que me dejen y decir que lo hemos dejado los dos. No sé, tampoco me ha dejado muchas porque no he tenido muchas relaciones.

Pero Tamar, digo yo que habrán pasado de ti alguna vez.

T: Anda, ¡claro que sí! Como a todos.

Tamar, tú venías de nuevas, ¿te identificas en algo con Pablo?

T: Sí, es un tipo que puedo entender. Hay cosas que me generan curiosidad y otras entiendo perfectamente cómo funciona y sentirme cercano a lo que hace.

Seguro que el público sentirá que lo que contáis les ha pasado a ellos con su pareja, ¿no?

T: Totalmente. Además hay tres parejas y los asuntos podrán entrar por diferentes personajes.

M: No necesariamente las mujeres se identificarán con Lucía y los hombres con Pablo. Pero seguro que hay inercias de la pareja con la que la gente va a empatizar y ver que, lo mismo, tienen que cambiar cosas con su pareja...

¡Eso o irse a Cuenca!

T: ¿Te imaginas que hay una migración masiva a Cuenca a partir de esta obra? (Reímos)

M: La gente va a salir con ganas de amar.

Decís que toda la obra es muy loca, ¿lo es?

T: Amor y locura, ¿quién no ha hecho una locura por amor? Ya sabes, quien no ha hecho una locura es que no ha amado. El amor lo es todo.

Manuela, Lucía es de las que ama en esta obra convencida de que su manera de amar es la que vale. ¡Qué mujer!

M: Lucía ha nacido para amar, estar en pareja y que la quieran. Ella cree que merece que la quieran porque ella ama muy bien. ¡Cómo no me vas a amar! Con lo que te cuido, lo feliz que te hago, lo bonita que te pongo la casa, lo que te mimo, lo que te enseño...

¿Pero tú como Manuela qué opinas? Yo como María me agobio...

(Reímos) M: Es verdad que muchas veces la ficción pone en primer plano la realidad, para que te des cuenta. Quizá no de manera tan exagerada. Para no generalizar, venga, hablaré por mí. Crees que lo estás haciendo bien porque lo haces con amor, pero igual en ese camino el otro no necesita eso a pesar de que se lo das con amor. No hay que imponer el amor a nadie. Así que sí, me siento identificada. Yo he hecho terapia de pareja, es sanísimo, y una de las cosas de las que te das cuentas es que tú y tu pareja tenéis dos versiones completamente distintas de la misma historia.

Claro, tienes una lupa diferente.

M: Eso es, igual es que no necesita que le quieras de esa manera.