ENTREVISTA | Pablo López: "Las canciones no pueden sustituirse por una red social"

Camino, fuego y libertad es un disco donde el artista trata miedos, fobias y reflexiones comunes a todos los humanos.

Javier Navarro 19 de enero de 2018

ENTREVISTA | Pablo López: "Las canciones no pueden sustituirse por una red social"
Foto: Archivo

Canta a aquello que todos pensamos y que, por desgracia, pocos admitimos. Utiliza las mismas palabras y habla de los mismos sentimientos que el hombre medio, pero lo hace de una forma tan especial que le convierte en único. 

Pablo López (Málaga, 1984) sigue empeñado en conquistar el panorama musical a base de realidad y crudeza. Camino, fuego y libertad (Universal Music, 2017), su último disco, sirve como ejemplo de un artista que apuesta por la normalidad como base de sus canciones. 

"He llevado al extremo la honestidad", nos confiesa, sintiéndose afortunado al pensar en cómo se sumaron más personas cuando empezó a cantar a la verdad. Este nuevo trabajo le ha supuesto una "introspección agresiva" que ha derivado en un producto que es "común a todos los mortales".

"Para mí es vital que la música tenga un mensaje", afirma, añadiendo que ha llegado a radicalizar el concepto y conseguir que "de una manera espontánea, todo lo que escribo tiene un porqué, ya que la primera manera de ser honesto es no meter cualquier cosa en la paella".

Su último trabajo refleja una serie de inquietudes que su público desconocía. Crítico y constructivo, Camino, fuego y libertad trata temas como la bondad del hombre, la dependencia tecnológica o el aislamiento del individuo en la denominada 'Sociedad de la Información'.

"Yo, y cualquiera, estamos localizados en todo momento, pero la gente no sabe qué hacemos: se lo imagina", comenta abriendo el debate de la realidad virtual. Se muestra indignado y llega a confesar que "empezó a molestarme y obsesionarme el poder ver por fragmentos todos mis conciertos a través de plataformas digitales".

Dependemos de Internet y de sus plataformas. Así lo refleja en El teléfono, uno de los relatos más pesimistas del disco. Falto de abrazos de verdad y con exceso de muestras de cariño vía Instagram, López sufre en sus propias carnes la frialdad y falta de cercanía de ese universo paralelo diseñado con unos y ceros. 

"Parece que algo no ha ocurrido sino lo reflejamos en una red social... y en los conciertos pasa lo mismo. Hay gente que mientras toco Lo saben mis zapatos está reproduciendo Debería, que la he tocado antes", nos cuenta con aire de tristeza que destapa al añadir que "no quiero ser dramático, pero el cambio en las tendencias de consumo hace que la balanza se incline hacia el mal".

"¿Qué pensarían los poetas clásicos si nos viesen?", se pregunta él mismo respondiendo irónico que le gustaría ver el perfil de Lorca o a Picasso pintando el Guernica en historias de Instagram con fecha de caducidad. "Ellos también tendrían sus mierdas y a una generación anterior que les criticase", añade incidiendo en que a pesar de que todas las generaciones incorporan cambios, nos encontramos en un estado de "pérdida y falta de cordura que nos puede llevar a espacios que son peligrosos". 

Echa de menos el poder llegar a casa y contarle a su familia lo que ha hecho durante el día: "Cuando voy a hablar con ellos ya saben todo". Sin embargo, sigue creyendo que existe un pequeño punto de luz al final del largo túnel. Camino, fuego y libertad aporta ciertos matices vitalistas que nos recuerdan que contamos con todos los recursos posibles y que tan solo tenemos que optimizarlos y prescindir de aquellos que no suman para superar esa crisis existencial que atraviesan muchos seres analógicos.

Se muestra positivo. Cree en la música como ese lenguaje de lenguajes que es capaz de derrocar cualquier mal de la sociedad. De hecho, cree firmemente que "las canciones, acostarse con alguien en una cama y las sensaciones que conciernen a los sentidos son insustituibles por cualquier red social".