Rulo y La Contrabanda en Galileo Galilei: "Tocar aquí era innegociable"

Rulo, esta vez acompañado, afronta el segundo de sus tres conciertos en Madrid esta semana. Lo hizo en Galileo Galilei, un lugar especial para él. "Este concierto no me lo imaginaba en una sala que no fuese esta", indica.

Javier Navarro 22 de marzo de 2017

Ampliar el aforo no significa perder intimidad. Debo decir que ahí Rulo se equivocaba. Contrario a lo que nos dijo al terminar la primera de las citas, este segundo concierto ganó musicalidad, sí, pero también ganó intimidad y cercanía respecto al de Siroco.

Estar respaldado por sus tres músicos de cabecera le permitió contar con un punto extra de confianza que no se transmitió en el primero de los conciertos. Coordinados y trabajados pese a los escasos ensayos a los que han sido sometidos estas versiones, vistieron con lo justo cada una de sus canciones para mostrarlas diferentes sin perder su esencia.

Volvieron a cantar desde el sofá de casa, descalzos, en familia. Se permitieron bajar de nuevo el ritmo de sus composiciones para llenarlas de grandeza al ser acompañadas por un coro conjunto de medio millar de asistentes. Sintieron una intensa amalgama de emociones y sentimientos que difícilmente se repetirá el jueves.

"El grado de emoción es enorme en estos aforos. Hay cosas que no se pueden dar delante de cinco mil personas y aquí si y al revés", dice mientras confiesa que no se queda con el concierto del lunes ni con el de ayer. "Me quedo con el del jueves y cuando pase, tampoco. Eso es pasado. Reciente, pero pasado", afirma Rulo haciendo gala de un hambre voraz y unas enormes ganas por continuar innovando.

La experiencia ha vuelto a ser más que satisfactoria. "Repetiremos estos formatos e incluso otros que todavía no hemos hecho", confiesan innovadores. El flujo de energías creado en Galileo tuvo un componente adictivo que seguro les hará volver.

Volvieron a mostrar un repertorio único barnizado con detalles ya clásicos en sus directos, trasladando incluso el escenario a una pequeña esquina donde Rulo cantó tres canciones, una con Fito, Pati y Charlie.

Fue mágico. Volvió a serlo. Trabajaron los temas y la puesta en escena para hacer a cada uno de los 500 asistentes únicos debido a la exclusividad de las composiciones. Tienen la necesidad de cambiar cada uno de sus directos para huir de la monotonía. Huyen ellos y hacen huir al público de esa incómoda repetición.

El concierto en el Palacio también contará con ese punto diferenciador. "El jueves tenemos una escenografía nueva, amplificada", dice al hablar del tremendo corazón de neon que presidirá el escenario.

"En la era del LED, nosotros optamos por el neón. En tiempo de modernidad, reivindicamos la sangre", confiesan. Reniegan de lo comercial para refugiarse en lo clásico, en lo tradicional, en la emoción. Serán ellos, sin grandes colaboraciones. No buscan el Rulazo o el Taburetazo, como nos indica el líder de la banda. No perderán esa esencia de intimidad.

Dejan las colaboraciones para un futuro concierto que tendrá lugar el 29 de diciembre en Cantabria.

Queda un último asalto, pero ya podemos hablar de vencedor.

Aun así, no queremos perdernos el glorioso final.