Mujeres persistentes y hombres valientes

Cuando pensamos que todo está hecho, la verdad vuelve a darnos de bruces con la realidad. No existe peor tiranía que la que se desarrolla al amparo de normas que aparentemente son de justicia. El hombre, asumiendo privilegios por el aparato genital que albergaba entre las piernas, ha estado mucho tiempo sin verse implicado en la transformación de esta realidad social. Lamentablemente, muchos hombres, parecen darse cuenta de la relevancia de la mujer solo los días que el calendario internacional señala. 

Miguel Ángel Ortega Pérez 10 de marzo de 2017

Mujeres persistentes y hombres valientes
Foto: EFE

Artículo de opinión de Miguel Ángel Ortega Pérez.

Cuando pensamos que todo está hecho, la verdad vuelve a darnos de bruces con la realidad. No existe peor tiranía que la que se desarrolla al amparo de normas que aparentemente son de justicia. El hombre, asumiendo privilegios por el aparato genital que albergaba entre las piernas, ha estado mucho tiempo sin verse implicado en la transformación de esta realidad social.
Lamentablemente, muchos hombres, parecen darse cuenta de la relevancia de la mujer solo los días que el calendario internacional señala. Cada ocho de marzo se llenan las redes sociales, las casas y los trabajos de besos y felicitaciones... ¿Es el cumpleaños de alguien? ¿Se celebra alguna victoria o éxito?

Algunas de las personas que pertenecen a colectivos sociales que por ser como quieren, como las lgtbi, son discriminadas. Otras, como los inmigrantes, que por el simple hecho de tener un origen diferente y no compartir la misma religión o cultura son condenados y señalados en un atisbo de europeización. Otras... Así podríamos seguir, para poner ejemplos de luchas victoriosas de las que han participado y participan agentes sociales ajenos a realidad reclamada.

De poco parecen servir las reivindicaciones feministas sin pedagogía y excluyentes. Hasta el momento la lucha por la mujer, la han hecho las mujeres. Escasa utilidad tiene si nos olvidamos de que la justicia se hace solo por el oprimido o por aquellos que sufren el daño. Concepto que no es nuevo si no nos ceñimos solo al feminismo o a la igualdad.

Desde el siglo XVIII lo reclamaban celebridades como Benjamin Franklin cuando decían: "La justicia no será servida, hasta que aquellos que no estén afectados estén tan indignados como los que lo están". Muchos son los tópicos y maniqueas creencias que se han extendido cuando se pronuncia la palara "feminismo".

Un ejemplo pudiera ser la fobia que brota de muchos hombres que no se identifican con este término. Bien, por el "sufrimiento de alguna experiencia traumática", o bien por el convencimiento en una ideología que ha sido impuesta con la inestimable intención del miedo a perder algunos privilegios.
Eso de identificarte con una palabra cuya raíz semántica proviene de femme, mujer... Choca frontalmente con la imagen que tradicionalmente se tiene del hombre. Por lo menos, del español. Haciendo que términos que pugnan por una igualdad efectiva, no puedan ser reconocidos por aquellos que están inmersos en un debate sexista que poco debiera enturbiar la condición y la lucha de tantas personas. En consecuencia, o se entiende que el feminismo y en consecuencia la igualdad efectiva se consigue con el esfuerzo de todos y de todas, o no se conseguirá.

Las luchas que han fraguado verdaderos cambios sociales nunca han acogido solamente a los afectados. Por el contrario, han tirado los muros de la impaciencia y la injusticia para construir nuevas realidades que implican a amplios sectores de la sociedad. Como bien se ha repetido durante el artículo esto es tarea de todos, pero algunos deben ser los impulsores de un cambio real y efectivo.

Los actores sociales que debieran intervenir en una lucha concienciada y dispuesta al cambio son: el Gobierno, la familia y las empresas. De forma unánime y representado la trinitaria imagen eclesiástica de las tres identidades que son una sola. Puesto que el fin que perseguirían los tres, es el mismo.

Pues bien, es el Gobierno y el Estado a través de sus instituciones los que deben modificar el sistema educativo y dotar de presupuesto los planes de igualdad. Es más, si desde la familia no se empiezan a asumir roles luchadores, no solamente trabajadores (como la mujer hoy), de padres que pierdan días de trabajo por llevar a los hijos al médico o que mantengan, dispositivamente, la misma baja de paternidad que las madres corto recorrido se va a hacer.

Y finalmente, la empresa es y debe ser la tercera institución que mayor impacto puede tener en cuanto a igualdad. Se necesitan más mujeres en puestos de dirección, mayor número de ayudas familiares en cuanto a conciliación y romper con los roles de género en trabajos predominantemente masculinos, cicatrizando la brecha genital que se ha apoderado del mundo laboral.

Por todo ello, se ha de reivindicar la lucha del hombre. Nosotros como como activistas debemos reclamar una igualdad efectiva y debemos ayudar en nuestro día a día y no solamente cada 8 de marzo, los mismos derechos de la mujer. Colaboración e impulso debemos tomar junto a las verdaderas protagonistas, las mujeres.