El futuro de los -ismos en el Partido Socialista

Artículo de opinión del politólogo Miguel Ángel Ortega Pérez sobre el presente y futuro del PSOE,

24 de febrero de 2017

¿Es el PSOE un partido capaz de recobrar su posición histórica? En los últimos días no paro de escuchar un discurso ensimismado en una endogamia algo peligrosa. Un PSOE ganador... ¿qué militante o representante público del partido no lo quiere? Significa eso que, a pesar de la situación y del cambio de sistema que hemos sufrido hasta el momento, la reivindicación victoriosa de resultados electorales les van a dar a los socialistas unos mejores resultados?

Hasta hace unos pocos meses las direcciones socialistas que se han sucedido al frente del centenario partido no han parado de reivindicar un discurso victorioso bastante más cercano a un sueño de verano que a la que se estaban viendo sometidos a causa de los vaivenes de la crisis y los últimos meses de gestión de gobierno  estatal. Es por ello, que a pesar de los casi cinco millones de votantes que se han dejado por el camino, el discurso no ha tenido diferencias sustanciales. 

Ahora se intenta reivindicar un "PSOE ganador" frente al "poder de la militancia", porque claro está que el "socialismo exigente", aunque la vía más sensata, parece no estar animando a mucha gente. Una dicotomía que ejemplifica el buen hacer de las trayectorias discursivas que pueden encaminarse en el Partido Socialista, ensimismarse o continuar, querer ser o esperar, imaginar o aceptar... Así como la situación política en la que los adversarios electorales lo han encajonado. Las ganas de lucha de un partido como este nunca han cesado, pero la difícil situación a la que se está viendo sometido no augura buen camino. 

Hace unas horas leía el artículo de Cesar Calderón, éste anticipaba catástrofes electorales por las reacciones venideras de asemejar al Partido Socialista a Podemos y dejar de lado el espacio del centro que, según vaticina, lo cosecharía el Partido Popular, como el ejemplo de las elecciones a la Xunta... Bueno, yo no estoy tan de acuerdo, en esas afirmaciones, aunque cabe destacar que no es menos cierto que los espacios electorales que se dejan libres, ante la variedad de partidos existentes, son atrapados por el más avispado de los interesados.

También se puede decir que, si de espacios ideológicos hablamos, todavía le queda al nuevo sistema multipartidista algún tiempo para vertebrarse e implantarse. Podemos, con casi cinco millones de votos, no tiene aspiraciones después del último Congreso a subir muchos más. Lo que no es menos cierto que, como primera intención y no menos importante, quiere afianzar y fidelidad los que tiene. Está poniendo la maquinaria en funcionamiento para dar motivos y permanecer en la supuesta lucha contra los poderes fácticos. Por lo que la asimilación de un pacto a la izquierda al fortalecimiento de Podemos, hace que me surjan algunas dudas. Las circunstancias específicas de unas elecciones autonómicas no inciden directamente, en una relación causal, con lo que pudiera pasar a nivel nacional. 

Ahora, cabe destacar que el Partido Socialista no puede perder el carácter centrista que siempre ha tenido. Determinante desarrollando el papel de jugador central en el tablero político, hasta ahora con la abstención, lo ha recuperado. Esta es la razón, por la que se han producido las supuestas subidas en las últimas encuestas. Aunque, en términos de comunicación, la fortaleza del PSOE no está en abanderar el centralismo para ocupar ideológicamente el centro. Puesto que entonces, Podemos conseguiría su primer objetivo, fidelizar a los votantes que ya han depositado alguna vez su voto. 

Ser más de izquierdas o de derechas nunca va a ser un mensaje que refuerce la identidad socialista como Partido en España. Lo más importante que deberían tener en cuenta los dirigentes del partido no es la capacidad de pactar con Podemos o con el Partido Popular. El principal arma que deberían mantener, en la transversalidad de su identidad, es el carácter que le permita poder llegar a acuerdos con Podemos, Ciudadanos e incluso en ocasiones con el PP.

Esta es la única manera por la que podrían ir afianzando, en consecuencia, una línea electoral más amplia que la circunscrita a la izquierda de este país. Siendo esto, una de las consecuencias, que ha hecho ganar elecciones al partido que más años a gobernado España. Sin dejar en el olvido los conceptos de los términos que componen sus siglas. 

Lo principal que parece que es de lo que muchos se han olvidado y por lo que Pedro parece levantar tantas pasiones, es la claridad de la finalidad que se ha propuesto el exsecretario general. Pedro está postulando a la Secretaría General con un objetivo centrado y, aparentemente, un discurso que contiene una gran fuerza entre los militantes. Éste no ha enfocado sus objetivos en volver a ser candidato a la presidencia del gobierno, aunque lo quisiera, sino en volver a aspirar a la Secretaría General y es por ello, por lo que parece estar en una posición tan predominante.

El liderazgo intelectual, los votantes medios con estudios avanzados que dejaron de confiar en el PSOE vuelven a tener cabida en un proyecto con Narbona, Robles, Parlón o Manu Sánchez. Al igual que pueden tener cabida con Torres Mora o Madina, lo que no se ha pensado es en la capacidad de poder convencerlos, no en cuanto a discursos, sino en perfiles próximos a los mismos. Aunque el partido no se lidere por élites intelectuales, no puede volver a vaciarse de aquellas referencias que han marcado y marcan el progreso de España como país.

Por lo tanto, centralidad en las jugadas, que no centralismo ideológico. Capacidad de pacto con todas las fuerzas políticas, sin excepción. Discurso con referencias al dialogo y que no cierre las puertas a nadie. Y lo más importante volver a encabezar la denominación de los problemas sociales. No solo vale con legislar, sino nombrar y revolucionar el BOE con las transformaciones que queremos.

Miguel Ángel Ortega Pérez / Politólogo


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