¿Qué comen los insectos?

Científicos de la UIB han desarrollado un estudio para conocer de qué plantas se alimentan los insectos.

13 de noviembre de 2008

Científicos de la Universitat de les Illes Balears (UIB) han desarrollado una nueva técnica para conocer qué tipo de plantas comen los insectos invertebrados por medio del análisis del ADN del animal, una información crucial a la hora de aplicar políticas de conservación ambiental.

El método desarrollado por José Jurado-Rivera en su tesis consiste en analizar determinadas secuencias de nucleótidos que permiten su atribución a una determinada especie de vegetal. La tesis, publicada en la revista "Proceedings of The Royal Society B ", permite superar la técnica de analizar los alimentos de los insectos por medio del contenido de su estómago, método que, según el comunicado, "tiene un elevado riesgo de inexactitud". La metodología empleada por el grupo de investigadores de la UIB consiste en extraer el ADN de las partes blandas del insecto, con lo que se obtiene tanto el código genético del animal como de las plantas que ha consumido. A continuación, se detectan las secuencias de nucleótidos correspondientes a una región del ADN cloroplástico que es diferente para la mayoría de las especies vegetales, por medio de la cual se puede saber con exactitud a qué especies de plantas corresponde la secuencia de genes.

Información esencial

Conocer esta información, añade la UIB, es esencial cuando no se saben los comportamientos del animal, ya que gracias a las especies de las que se alimenta puede encontrarse más fácilmente en su medio. La técnica es efectiva incluso si se hace en un animal disecado y antiguo, lo que permite analizar una colección expuesta en un museo y de la cual no se tienen noticias porque no se ha podido encontrar en el campo. También se puede aplicar para seleccionar insectos para el control biológico de plantas invasoras y de especies vegetales que constituyan una plaga. La investigación de los científicos del Departamento de Biología de la UIB se ha centrado en las relaciones tróficas entre un grupo de coleópteros, concretamente una subfamilia de los crisomélidos del continente australiano, y su vegetación. Australia acoge más del 40% de los géneros de crisomélidos existentes en el mundo, 270 especies en total, por lo que el titular de la tesis estuvo dos veces en este continente para realizar el estudio. El análisis de estos insectos australianos ha puesto de manifiesto que se conocía poco de ellos, ya que en las estancias del científico en este país en 2005 y 2006 se pudieron localizar unas veinte nuevas especies.