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Beyoncé sobrevuela Madrid con su espectacular concierto

La diva norteamericana no defrauda en su visita a la capital y ofrece más de dos horas de puro show en concierto.

mrl 20 de mayo de 2009

Beyoncé sobrevuela Madrid con su espectacular concierto
Érase que se era una mujer pegada a un ventilador. Su nombre, Beyoncé. Su profesión, espectáculo con piernas. Y qué piernas.

La diva norteamericana, de 27 añitos de edad, pasó ayer sobre las cabezas, literalmente, del público madrileño, que fielmente entregado ante su 'I'm... tour', no opuso resistencia a un macroshow diseñado para atronar y seducir al más descreido.

Ella se hizo de rogar casi media horita, lo previsible en este tipo de artistas, pero desde el minuto uno en que cayó el telón (más bien se descorrió) e irrumpió en escena este prodigio de la naturaleza, se acabaron los reproches y las quejas de los más de 16.000 asistentes para dar paso a la locura.

Beyoncé apareció envuelta en humo, con un ajustadisimo body que dejaba escaso margen a la imaginación y con un gigantesco lazo estratégicamente situado.

CARRERA DE TACONES

Pronto quedó claro que nadie mejor que ella conoce sus virtudes y sabe cómo explotarlas. El muslamen más deseado del universo pop recorría una y otra vez el enorme escenario del Palacio de los Deportes de Madrid. De derecha a izquiera y vuelta a empezar, Beyoncé le tomó al milimetro las medidas al pabellon olímpico. Si por ella fuera, la carrera sobre tacones se celebraría en este recinto.

Y es que en esta función todo parecía diseñado para que ella fuera centro y eje de atención, sin discusión. Por ejemplo, el gigantesco, casi excesivo 'videowall' usado de fondo de escenario, que proyectó sin parar infografías y videoclips a mayor gloria de Beyoncé.

O la banda de música que la acompaña, enteramente femenina e igual de excesiva, compuesta por diez 'miembras' prescindibles, dada la cantidad de sonido enlatado del concierto. Beyoncé la defendió como una "reivindicación de la fuerza y el poder de la mujer", aunque casi parece imposición de su pareja, el rapero Jay Z, para evitar roces innecesarios con elementos masculinos durante el show.

Un show que es un espectáculo absoluto. Veintena larga de canciones, explosión de luces y color, 120 minutos de 'hit after hit' y ocho cambios de vestuarios marcando los distintos tramos por los que cruza este 'I'm... tour'.

FONDO DE ARMARIO

Mostró Beyoncé su lado más rockero con 'Crazy in love' o 'Naughty Boy', contorsionando cadera a ras de suelo. Sobre las ya clásicas y peligrosas escaleras, cambió al registro más angelical gracias a baladas como 'Broken hearts' o 'Ave María', remedo del aria de Schubert que interpretó con un modelo blanco a medio camino entre novia y copo de nieve.

El tercero de la noche (las gracias por el vestuario, a Thierry Mugler) recogió su lado más masculino, encuerada en una mini-minifalda y con gafas de piloto. Era, evidentemente, el turno de 'If I were a boy', su single europeo para presentar 'I'm... Sasha Fierce', su nuevo álbum en el que juega a las dobles personalidades.

Después llegaría el imprescindible traje de leoparda, con el que interpretaría, entre otras, 'Radio'; otro body definido por unas medias de rejilla de alto voltaje erótico (era su unico atuendo inferior) para ejecutar su canción favorita, 'Hello'; y uno de los grandes momentos de la noche, 'Baby Boy', cantada mientras sobrevolaba el auditorio atada a unos cables de acero.

Depositada en una enorme pastilla central, con pirueta incluida, Beyoncé se dedicó a recuperar viejos hits de Destiny's Child mientras saludaba a los fans, repartía besos y hasta firrmaba autógrafos. Algo muy alejado de la pose de divas como Madonna o Britney Spears, que pasan olímpicamente de la audiencia.

LA DIVA ANTIDIVA

Beyonce no. Ella se entrega a su respetable con encomiable esfuerzo. Español no controla ni papa. Pero las parrafadas que se pegó ayer parecian estar dichas en castellano meridional, las entendía hasta el apuntador. Aplausos, jaleos y gritos de 'Be-yon-ce', a los que ella correspondía con actitud cómplice. En empatía, un 10.

El broche final llegaría, primeramente, con un minirepaso a su trayectoria como actriz, en 'Dreamgirls' o 'Cadillac Records', de las cuales interpretó un par de temas, y finalmente, con el apoteósico 'Paco, paco, paco'. O como se le conoce oficialmente, 'Single ladies'. Un pegadizo tema con una no menos espectacular coreografía por todos conocida y que supuso el punto final.

Un punto final que, ojo, deja en el aire una pregunta: ¿Merece la pena hablar del sonido de este directo, o de cómo canta Beyoncé? La respuesta es "pues no". Y desde luego no porque la muchacha no tenga capacidad pulmonar para reventar las cristaleras del Palacio de Deportes. Que la tiene. Y que a ratos la demuestra.

Pero es que claro, cuando cantas acompañada de tres coristas que te tapan el minimo amago de quedarte sin aire, con el 'render' activado en el micro para cada verso resuene a modo de eco; y con los playbacks enchufados a un volumen estratégicamente adecuado para cubrirte en caso de fallo (que alguno hubo) pero sin provocar sensación de estafa, pues poco se puede decir.

Y sí, claro que en las lentas se desgañita como la que más. Y claro que sentimiento le pone y no se limita a moverse ritmicamente. Faltaría más. Pero quien quiera creerse que es directo todo lo que suena, vía libre.

Protestar no es admisible. Aquí se viene a disfrutar de Beyoncé, su fuerza, su cuerpo y su show. Aquí se viene a salir atronado y eufórico, con ganas de seguir la fiesta en cualquier discoteca y planteándote si eso de que la perfección no existe es un axioma desfasado. Lo demás... es tontería.
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