Boris Izaguirre: "Obligaron a mis padres a hacerme un encefalograma por la homosexualidad"

Acaba de publicar 'Tiempo de tormentas' (Ediciones Planeta), una novela autobiográfica, ingeniosa y divertida, pero donde también Boris Izaguirre habla sin tapujos de hechos atroces y pasajes aterradores de su infancia.  El venezolano nos reserva un hueco en su apretada agenda para charlar de su libro y de muchas otras cosas más.

Alfonso Mata 29 de marzo de 2018

Boris Izaguirre: "Obligaron a mis padres a hacerme un encefalograma por la homosexualidad"
Foto: Twitter

- En 'Tiempo de Tormentas' hablas de los problemas que sufriste con la dislexia y de tus tempranas tendencias homosexuales, ¿Cómo fueron tus días en el colegio?

- El principal problema fue con mis profesores. Es interesante cómo el tema del acoso o del 'bullying', ahora, sucede entre los propios alumnos. Es una demostración de lo caníbales que nos estamos volviendo. En mi infancia fueron mi maestra y la directora del colegio las que, verdaderamente, consideraban que una parte de mi personalidad debía ser erradicada. Ese fue el principal enfrentamiento. Obligaron a mis padres, que nunca estuvieron de acuerdo, a llevarme a un psicólogo. Les obligaron a que me hicieran un encefalograma para que hubiera una demostración científica de qué era lo que pasaba conmigo, y a mi no me pasaba nada. Yo era como era o como soy.

- Y tus compañeros de clase, ¿No te decían nada?

- Yo era un chico muy popular en el colegio. Mis fiestas eran de las más codiciadas y utilizaba mi encanto para elaborar las listas decidiendo quien quería que viniese y quien no. Aquello era un momento de liderazgo.

- En 'Tiempo de tormentas' hablas de un cuadro que curiosamente tiene el mismo título que el libro. ¿por qué?

- Bueno...pues porque el cuadro real no tenía título y porque pensé que 'Tiempo de tormentas' podría ser uno bueno. Es lo más real de la historia. Mi papá pertenecía a varios círculos de intelectuales, que eran muy frecuentes en su generación. Uno de sus amigos era un pintor, que llegó a convertirse en un artista muy reconocido en Venezuela. Él le regaló a mi mamá un cuadro que, a finales de los años noventa, reclamó. Aquello fue un conflicto gravísimo porque todos en casa habíamos crecido con esa pintura. Esa era una historia que yo debía contar. Es un hecho familiar que, de alguna manera, te permite dibujar algo más grande. Un escritor siempre busca historias que contar, y sabía que con ésta iba a conseguir una buena novela. A este relato yo le he agregado otros, como el de la extraordinaria relación que tuvimos mi mamá y yo a lo largo de los años.

- En la novela hablas de un episodio muy controvertido de tu vida, cuando fuiste violado por Gerardo, un íntimo amigo de tu hermano mayor. ¿Qué edad tenías cuando sucedió? ¿Cómo te recuperaste?

- Gerardo fue mi primera fascinación amorosa pero no mi primera experiencia homosexual. Este episodio ha llamado tanto la atención porque para todos los varones homosexuales de mi generación, en sociedades machistas como las latinoamericanas, pasar por una experiencia así era algo merecido, algo que estaba escrito que te iba a pasar: como eres maricón, te mereces que te violen, y yo, a los trece años, no pude escapar de eso. La razón por la que he decidido contar esta violación, esta vez en primera persona, es porque fue mi mamá la que realmente intervino para salvarme.

- ¿Fue más estrecha la relación que tuviste con ella que la que mantuviste con tu padre?

- No. En realidad, yo me di cuenta de lo importante que había sido mi madre cuando falleció. Cada vez que tenía que buscar una solución para un problema, encontrar un apoyo o resolver cualquier duda, siempre pedía consejo a mi papá. Me parecía que él era el realmente importante. Con el tiempo me di cuenta que mi mamá, que era muy astuta, se ponía primero en las llamadas. Para cualquier consulta tenía que pasar por su sitio, y ella era la que daba su opinión, antes que nadie.

- A lo largo de tu vida has sido periodista, guionista de telenovelas, has trabajado con Javier Sardá y has tenido un millón de euros en tu cuenta; siempre has conseguido lo que te has propuesto. ¿Me cuentas el secreto'

- Tener una madre como la mía (risas).

- En la novela describes lugares como Caracas, Madrid, Barcelona, Londres...De todas las ciudades por las que has pasado, ¿en cual te establecerías definitivamente?

- En Bilbao (Risas). De verdad, me encanta y me da mucha tranquilidad. Ahora vivo en Miami, que es una ciudad infinitamente cara y es in-vivible. Si hay una cosa que realmente he conseguido en mi vida es la de ser una persona muy urbana, que ha vivido en muchas ciudades. He pasado por las principales capitales y he sabido entenderlas, incorporarme a ellas. No consiste en lo que yo he dejado en esos sitios, lo importante es lo que esas ciudades han dejado en mi. Creo que esa es la mejor manera de vivirlas. Lo importante es la ciudad.

- Sí, la verdad, es que tú en el campo no pegas demasiado...

(Risas) No, para nada. Nunca, jamás. Siempre me imaginé, cuando vivía en Caracas, que tenía que conseguir llegar a la esquina y ver que estaba en Londres y que todo era como una misma cosa al mismo tiempo.

- Hablando de Caracas. Las noticias que llegan desde Venezuela son terribles. ¿Crees que hay cierta exageración, a la hora de abordar el tema?

- Uno de los conflictos que tengo conmigo mismo es mi país, Tengo una relación de amor odio. Una situación como la de Venezuela es muy difícil que puedas entenderla, y ese es el gran drama del país. Venezuela está desesperadamente clamando para ser rescatada, y para que el país no se convierta en una nueva Atlántida, pero todo parece indicar que es lo que ha sucedido. Nosotros lo vemos y no podemos hacer nada, pero todos los venezolanos somos responsables de lo que allí sucede. Es asombroso cuando lees las cifras de muertos a causa de la inseguridad, cifras que sólo se pueden contrastar a través de las morgues porque los organismos oficiales no disponen de esa información. Es increíble el nivel de incertidumbre, de violencia, de inseguridad...es un caos económico: la inflación supera el 700 por cien. En España la inflación está a un dígito, Venezuela tiene tres.

- ¿Cómo es un día en la vida de Boris Izaguirre?

- La verdad es que dos o tres días a la semana son muy normales pero los otros cuatro restantes son completamente anormales, tanto que me tengo que coger un avión y aparecer en el otro lado del océano. Yo trabajo en Estados Unidos, en una ciudad como Miami, que durante muchos años ha sido la capital latina y ahora se ha convertido en una de las ciudades más importantes del país, y yo estoy viviendo esa transformación. La promoción de la novela me lleva un día aquí y otro allá. Vivo con una pequeña maleta, de color verde y sin ruedas.

- ¿Cuanto tiempo te llevó escribir el libro?

- 'Tiempo de Tormentas' me tomó cuatro años de mi vida. Pensé que lo acabaría en cuatro meses porque todo iba muy fluido. Pero, realmente, cuando empiezas a escribir una novela nunca acabas.

- Hablando de acabar, ¿Tiene 'Tiempo de tormentas' un final feliz?

- Te puedo confesar que yo creo en los finales felices, pero, precisamente, en una novela como 'Tiempo de tormentas', no se si el final lo es. Puede ser feliz para unos y triste para otros. Pero lo que si te puedo asegurar es que, en la vida, aprendes más de la infelicidad que de la felicidad. La felicidad te aplana. Hay una frase de Diana Vreeland, una mítica columnista de moda americana, que yo utilizo mucho: "La felicidad es para las vacas".