El ibuprofeno y la aspirina: nuevos aliados en la lucha contra la tuberculosis

Los expertos calculan que cada año se infectan en España 100.000 personas pero solo se diagnostican el 20% de los casos.

Qué! 20 de marzo de 2018

Un estudio líder ha demostrado que los antiinflamatorios convencionales, como el ibuprofeno o la aspirina, ayudan a combatir la tuberculosis. «La investigación ha demostrado que estos fármacos, como refuerzo del tratamiento convencional, son efectivos en aquellos pacientes que tienen los pulmones muy afectados», explica el doctor Pere-Joan Cardona, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y jefe de la Unidad de Tuberculosis Experimental del Instituto Germans Trias i Pujol. El equipo de Cardona ha trabajado en esta investigación y ahora sus resultados se empezarán a aplicar a los enfermos. «Se trata de un paso de gigante porque estos antiinflamatorios son de uso común y relativamente baratos», destaca el investigador. Según el último estudio de la OMS, entre el 2010 y el 2015, los tratamientos evitaron la muerte de 49 millones de personas. Ante las dificultades de frenar el contagio, los tratamientos efectivos son la esperanza para reducir el número de casos y la mortalidad.

Medio millón de casos multirresistentes

La posibilidad de aplacar la tuberculosis con antiinflamatorios comunes es un resquicio de esperanza en un panorama que «es malo epidemiológicamente». Cardona apunta que, por un lado, en el mundo hay medio millón de casos que son multirresistentes, que no se podrán curar nunca. Por otro lado, las condiciones de hacinamiento en las que se vive en muchas ciudades, que cada vez tienen más población, contribuyen al contagio de la enfermedad. Por último, en los países en vías de desarrollo cada vez hay más casos de malnutrición, obesidad y diabetes de tipo 2, los tres factores de riesgo para la enfermedad.

La diagnosis, asignatura pendiente

La radiografía de la incidencia no ha variado respecto a los últimos años. En España, el control de la enfermedad es correcto en Cataluña y Galicia, que tienen planes de detección específicos. Cardona destaca el valor del plan de control de Barcelona, que fue precursor. Sin embargo, cada año se detectan 1.000 casos de tuberculosis en Cataluña. En el conjunto de España, con la histórica reivindicación pendiente de un plan estatal, los expertos calculan que cada año se infectan 100.000 personas, pero solo se diagnostica el 20% de los casos.

En el ámbito internacional, Rusia es el país con más personas infectadas y la tasa de contagio ha alertado a los expertos, así como la situación en Estonia. En América Latina son Bolivia y Perú los países con una prevalencia más alta. Cardona advierte que el control de la enfermedad necesita una inversión importante de la Administración, lamenta que no exista este compromiso y lo atribuye al estigma que arrastra.

Probiótico y vacuna terapéutica 

Mientras la situación no cambia, el equipo de Cardona continúa con el desarrollo de otros tratamientos y fármacos con el objetivo de detener esta infección, que afecta a un tercio de la humanidad.

Este año ha comenzado un ensayo clínico en Georgia (Rusia) con 3.500 individuos con un probiótico desarrollado en Cataluña que reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad. Se trata de un suplemento alimenticio basado en una bacteria natural que se suministra por vía oral, barato y resistente a las variaciones climáticas. Además, su acción no depende del perfil de resistencia a los antibióticos ni interfiere con él. También siguen con el desarrollo de la vacuna terapéutica RUTI.