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Federer deja Bercy a la primera y Nadal casi

El suizo Roger Federer, número uno del mundo, dejó el torneo de Bercy, último Másters 1.000 del año, en su primer partido, en el que cayó contra pronóstico contra el francés Julien Benneteau, n.49 del mundo, mientras que Rafael Nadal estuvo a punto de perder contra su compatriota Nicolás Almagro.

Efe. Luis Miguel Pascual 12 de noviembre de 2009

Federer deja Bercy a la primera y Nadal casi
Federer volvió a demostrar que Bercy no es su terreno. El año que en París logró su sueño de levantar la copa de los Mosqueteros de Roland Garros, tropezó de nuevo en el otro torneo de la capital francesa.

Y lo hizo con estrépito, en su primer escalón, contra un rival inferior, que nunca le había robado un set en las dos confrontaciones que les midieron anteriormente, y cuyo principal argumento fue el apoyo de un público entregado. Acabó ganando por 3-6, 7-6(4), 6-4.

El suizo sumó su segunda derrota consecutiva, tras haber caído el domingo pasado en la final de Basilea contra Novak Djokovic.

Perdió un encuentro que comenzó cómodo y se apuntó la primera manga. Pero Benneteau volvió con fuerza, como un tenista transformado que acabó borrando de la pista al número uno del mundo, la mayor gesta de su carrera deportiva.

Acabó ganando los dos últimos sets y cerró el partido con un punto directo de saque, a lo campeón. Luego llegaron las lágrimas de alegría que mostraban la grandeza de su gesta.

El siguiente obstáculo de Benneteau será su compatriota Gael Monfils, verdugo del también francés David Guez por 6-4, 7-5.

Rafael Nadal sufrió más de lo previsto en su debut en Bercy, donde hasta en cinco ocasiones tuvo sobre su cabeza el sable de la derrota frente a Nicolás Almagro.

El mallorquín precisó de tres horas y cuarto para ganar a un Almagro que dispuso de cinco bolas de partido a su favor y que dejó escapar al mallorquín. El número dos del mundo se aferró a la grandeza a falta de un buen tenis que poner sobre la pista y acabó remontando un encuentro en el que mostró su peor cara y que tuvo perdido en varias ocasiones.

Finalmente lo ganó por 3-6, 7-6(2) y 7-5, pero dejó la sensación de que no fue mejor que Almagro, más agresivo y firme en las primeras mangas y que se desinfló en la tercera, víctima de unos calambres que le impidieron disputar los puntos.

Antes, el murciano había tenido cinco bolas para rematar el partido en el segundo set, pero no las aprovechó y dejó con vida a un Nadal que precisa de muy poca ventaja para imponerse.

El mallorquín vio la rendija de la victoria y no dudó en meterse por ella. Cuando tenía el agua al cuello desplegó su mejor juego, los únicos destellos de gran tenis que dejó en su debut en Bercy. Sobrevivió a la tempestad y luego vio como su rival se desvanecía, impotente, víctima de los calambres pero también de la rabia de no haber rematado a su oponente cuando tenía la rodilla hincada en el suelo.

"Una de mis características es que gano sin jugar bien", afirmó tras el encuentro. "He jugado muy mal, pero espero mejorar", agregó.

Tendrá que hacerlo si quiere seguir adelante, porque su próximo rival no se lo pondrá fácil. Será otro español, Tommy Robredo, que como Almagro ha perdido todos los duelos anteriores con Nadal y nunca le ha ganado un set.

El catalán logró el pase a octavos tras derrotar con vehemencia al checo Tomas Berdych (6-4, 6-4). Con el rabillo del ojo, Robredo seguirá el ejemplo de Almagro, que mostró la vía de cómo se puede ganar a Nadal.

Aunque la victoria le sirvió, el español dejó un panorama plagado de dudas. Su juego fue menor, carente de la agresividad que acostumbra, sin brillo. Ganó por agotamiento, porque se aferró al triunfo y esperó, paciente, que su rival se hartara.

El de Bercy era su primer torneo desde que perdió la final de Shangai y Nadal dejó entrever que le falta un punto de confianza desde que perdió en Roland Garros. Esa pequeña diferencia que sirve para ganar los torneos.

De que la recupere depende en gran medida su final de temporada. En Bercy el propio Nadal no se atribuye muchas opciones porque la pista no se adapta a su juego. Pero falta el torneo de Maestros de Londres y la final de la Copa Davis, dos retos importantes.

El serbio Novak Djokovic, tercer favorito, tuvo poco trabajo para derrotar a un Juan Mónaco que resistió lo que pudo y que acabó sucumbiendo por 6-3, 7-5. Al serbio se le abrió una autopista, porque en octavos se medirá al francés Arnaud Clément, el último superviviente de la fase previa y verdugo del alemán Tommy Haas por 5-7, 6-3, 7-6(8).

Juan Martín del Potro, quinto favorito, jubiló a Marat Safin, que disputó su último partido profesional y lo perdió por 6-4, 5-7, 6-4. El argentino se medirá a su compañero en el tablero de dobles, el chileno Fernando González, que tampoco sufrió en exceso para deshacerse del estadounidense John Isner por 7-5, 7-6(3).

El santiagués ha ganado tres de los cuatro duelos contra el de Tandil, pero éste venció en el último, disputado este año en Washington.
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