Las muertes súbitas aumentan peligrosamente en la práctica del deporte: ¿por qué suceden estos casos?

Un informe reciente del Hospital Clínico de Barcelona destaca que en España mueren al año más de 100 deportistas por muerte súbita cardiaca, una cifra extremadamente alta para una situación- la práctica de ejercicio físico- que previsiblemente es beneficiosa para nuestra salud pero... ¿a qué se deben estos altos datos? ¿es tan bueno hacer deporte como pensamos?

Jose Fernández 8 de noviembre de 2013

'Imposible is nothing' (Nada es imposible). Así rezaba el anuncio de la campaña de publicidad de una de las prestigiosas marcas deportivas que comercializan a lo largo de todo el mundo. Una afirmación demasiado pretenciosa y que lleva al engaño. En el deporte los límites existen. El ejercicio físico es beneficioso hasta cierto punto pero como todo en la vida hay que saber donde hay que decir 'stop'.

Para Miguel del Valle, vicepresidente de la Federación Española de Medicina del Deporte (FEMEDE), "la práctica del deporte sí es saludable, totalmente recomendable y muy necesaria para la prevención de enfermedades crónicas". El problema radica en otros aspectos. El también delegado del área de deportes de la Universidad de Oviedo señala que la cuestión contradictoria llega "cuando se trabaja por encima de los límites fisiológicos".

"Los excesos se pagan. Ahí no hay salud que valga. Nuestro cuerpo tiene unos límites que no hay que sobrepasar. Los deportistas de alto nivel es comprensible que lo hagan, porque es su trabajo, son conscientes de ese esfuerzo pero la problemática se produce cuando la gente corriente quiere rendir más de lo que su cuerpo le permite", apunta Del Valle.

El estudio del director médico del Hospital Clínico de Barcelona, José Brugada, durante el ciclo de conferencias 'Medicina y Deporte', señala que en nuestro país más de 100 personas fallecen a causa de una muerte súbita cardíaca y que unas 30.000 personas pueden sufrir un episodio de éstas características, siendo la práctica deportiva intensa un factor que incrementa sensiblemente el riesgo de sufrirla. 

Se trata de un episodio que se produce debido a una arritmia cardiaca, llamada fibrilación ventricular, que hace que el corazón pierda su capacidad de contraerse de forma organizada, por lo que deja de latir.

Reconocimientos médicos. Miguel del Valle señala este procedimiento como el "fundamental para evitar la mayoría de los casos de muertes súbitas ya que los electrocardiogramas permiten tener un control casi total del paciente". Además, cree necesario que se haga "una prueba de esfuerzo a la población para conocer el verdadero estado de salud de los deportistas".

Otro de los grandes problemas en este tipo de aspectos es la poca concienciación que existe desde las administraciones y desde los distintos tipos de responsables deportivos.

"Desde FEMEDE hacemos el trabajo que buenamente podemos pero creemos que sería importante un empujón en este sentido porque el número de casos por muerte súbita es alarmante. Sin embargo, hay otro problema adicional: la mayoría de los deportistas habituales, los que salen a hacer ejercicio a diario, prefiere gastarse el dinero en comprarse unas zapatillas de marca que estar pendientes de lo que se recomienda o se deja de recomendar, por no decir de la prácticamente nula parte de la población que acude a un médico a hacerse un reconocimiento médico porque es caro. Es algo que hay que trabajar, insiste Del Valle.

La situación de las muertes súbitas, profesionalmente hablando, ha cambiado de forma radical. Mientras que en los deportistas habituales es realmente difícil evitar un caso de parada cardíaca, la mayoría de los grandes centros deportivos de España cuentan ya con los denominados desfibriladores, que evitan y reaniman el corazón en caso de parada cardiorespiratoria.

¿QUÉ PAPEL JUEGA LA ALIMENTACIÓN EN ESTOS CASOS?

Daniel Escaño, especialista en rendimiento y nutrición deportiva, no cree que la alimentación sea un factor determinante a la hora de que se produzcan numerosos casos de muerte súbita en nuestro país durante la práctica del deporte.

"La muerte súbita se produce por una serie de cuestiones concretas aunque sí es cierto que una mala alimentación puede 'contribuir' al problema: por ejemplo, se puede producir una aumento de la presión sanguínea y muscular, una pequeña coagulación que se vaya a un sitio que no se debe, se produce el ictus y ya se produce el problema", destaca Escaño.

Pero... ¿qué factores hay que tener controlados para hacer una práctica del deporte beneficiosa para nuestra salud? ¿cómo podemos alimentarnos de forma correcta para llegar a la meta que nos proponemos y sin que nuestro cuerpo sufra? 

"La hidratación es fundamental en este aspecto. El cuerpo se encuentra en un proceso continuo de hidratación y rehidratación. El control lo tenemos sobre la ingesta mediante el agua, infusiones, zumos y otros alimentos con un porcentaje alto de la misma como la fruta y la verdura. El objetivo ideal es reponer, casi al mismo ritmo, tanto agua como perdemos", señala Daniel Escaño.

"Habría que reponer tanto líquido como perdemos, sabiendo aproximadamente cuánto sudamos a la hora de carrera. Para ello podemos pesarnos antes y después de un rodaje (siempre sin ropa y después de haber ido al baño) y la diferencia de peso hará referencia, casi totalmente, al agua perdida en forma de sudor".

Los nutrientes estructurales también han de ser tenidos en cuenta. "Nuestro cuerpo se encuentra en un constante estado de estrés y degradación de tejidos y una regeneración y reparación de estos por el simple hecho de vivir. El entrenamiento diario es un estrés añadido. Esto no significa que sea malo o negativo hacer actividad física, pero es objetivo que el catabolismo es mayor. La función de vitaminas, minerales, sales, proteínas y ácidos grasos esenciales es que el cuerpo tenga todo lo necesario para vivir. Las proteínas son el ladrillo para la creación de aquellas células que han muerto o se han degradado durante estos procesos.

Y no menos importantes son los denominados nutrientes energéticos: las grasas y los hidratos de carbono, almacenadas en el cuerpo en forma de áciso grasos y glucógeno, el cual se almacena en el cuerpo en hígado y músculos.

"El entrenamiento es el que hace que tengamos más o menos capacidad de utilizar grasas como energía y proporcionar más o menos intensidad con el uso de las mismas. El problema lo encontramos con el glucógeno. Éste se acumula en músculo e hígado y cuando la vía energética de quema de grasa no puede aportar tanta energía como necesitamos por ser muy alta la intensidad del esfuerzo, será de este sustrato limitado de donde recurriremos. Cuánto más glucógeno hayamos acumulado en músculo e hígado, más combustible tendremos para tolerar umbrales de intensidad altos", finaliza Escaño, especialista en Nutrición y Dietética Deportiva.

Más allá de competir o no, como diría Pierre de Coubertin, lo importante es participar. Sentirse libre practicando ejercicio y hacerlo con todos los cabos bien atados para evitar cualquier disgusto... que éstos, ya nos viene por otros mucho lados diariamente.