En La Masía del Barcelona se 'ha colado' el primer estadounidense

La historia de Ben Lederman es un sueño hecho realidad. El chico es un extremo zurdo muy técnico y rápido. Dicen de él que es uno de los talentos emergentes del fútbol estadounidense con tan solo 13 años. Uno de los puntales de su selección en su categoría. Juega en La Masía del Barcelona desde hace dos temporadas y es el primero de ese país formado en las inferiores culés. La edición digital del New York Times le dedicó un reportaje el pasado 7 de noviembre

José J. Alonso/Qué.es 20 de noviembre de 2013

Más de seis millones de estadounidenses viven en el extranjero, de acuerdo con cálculos recientes. Con estos números parecía extraño que el rotativo neoyorquino dedicase un reportaje completo a la familia Lederman, que lleva viviendo en Barcelona dos años. Como ellos habrá otros, ¿no? No del todo... Su caso es especial. Danny, propietario de una pequeña empresa en California, se mudó con Tammy, su mujer, y sus dos hijos a Barcelona porque Ben, su hijo de 11 años de edad, tenía un sueño. Ser futbolista profesional. Un sueño que puede ser un feliz  proyecto de vida o bien, una experiencia exótica que contar a los amigos.

Con la globalización del deporte y el crecimiento distintivo de algunos clubes como marcas mundiales, el panorama cambió drásticamente y las canteras y escuelas de fútbol más importantes del mundo se convirtieron en pequeñas babeles de idiomas y culturas. Ya no solo se captaban talentos de provincias distintas dentro de un mismo país. Ni siquiera del mismo continente. Primero llegaron los jóvenes sudamericanos. Niños brasileños, argentinos y uruguayos que daban el salto a Europa con tan solo 15 o 16 años y que poblaron las categorías inferiores de clubes como el Real Madrid, el Inter de Milan, Manchester United o Bayern de Munich. Después llegarían a esas canteras los niños africanos y los asiáticos como una verdadera riada de inmigración deportiva. Pero los estadounidenses... éstos permanecieron ajenos al 'soccer' y muy pendientes del béisbol, el baloncesto, el hockey o el fútbol americano.

UN YANQUI EN LA CORTE DEL REY MESSI

No ha sido así para todos. Ben es yanqui, el único que ha pisado La Masía del FC Barcelona, la escuela de talentos culé. El pre-adolescente inicialmente llamó la atención de la red de cazatalentos después de verle derrotar a uno de sus equipos hace dos años. Le hicieron una propuesta formal para quedarse en España y formarse que acabó con el pequeño Lederman y su familia viviendo en la ciudad condal. Actualmente milita en el Infantil B.

Dicen de él que es un muestrario de las habilidades que forman parte de la marca de clase del club: buena técnica con la pelota y excelente visión de juego. 

Con estos ingredientes, Lederman también pasó un tiempo considerable, durante su primer año en Cataluña, viajando con el equipo nacional de los EE.UU. Sub-14. Es decir, jugando con chavales que eran uno o dos años mayores que él. Tony Lepore es director de exploración para la federación norteamericana de fútbol, y ya explicó en su momento que ve el progreso de Lederman como muy positivo. "Benny sigue siendo un niño. Tiene un largo camino por recorrer aún para desarrollarse totalmente como jugador, pero creemos que el futuro es muy brillante". Eso creen en EE.UU., ¿pero y en Can Barça?

Hay que ser realista. La posibilidad de llegar a más alto nivel con el Barcelona es remota. Antes de llegar a ese punto se tienen que suceder, como mínimo, seis temporadas más a altísimo nivel. Y hay que tener en cuenta que en la escuela hay unos 300 jugadores, y que de ellos no más del 6-7% llegan a debutar en el primer equipo. La historia de Benny no es más que cualquier otra vivida por una joven promesa deportiva enrolada en un club de élite. Llena de sacrificios y privaciones en pos de un supuesto futuro esplendoroso. Pero la de Ben puede resultar mucho más extrema.

ENTRETANTO, UNA VIDA FAMILIAR

Y es que la apuesta era muy arriesgada. Tal y como han contado los Lederman, su estancia en Barcelona, más que una vivencia especial para su hijo, está siendo una experiencia vital completa para toda la familia. La decisión de trasladarse no fue sencilla. Aunque en Barcelona se comprometió a hacerse cargo de todo lo que Ben necesitaba, incluyendo su educación, alimentación, uniformes y equipo de entrenamiento, los Lederman han tenido que echar mano de sus ahorros, según cuentan al Times.

Y hay que tener en cuenta que ninguno de ellos hablaba español, y menos catalán. Por esa razón, comenzar una vida desde cero en Europa, lejos de su hogar californiano, era un odisea. Danny, papá Lederman, había vendido su negocio de ropa unos pocos meses antes de que Ben fuese invitado a Barcelona, pero su esposa era agente inmobiliario de éxito: Nada puso freno al viaje.

Tras dos años, parece que los Lederman comienzan a disfrutar de verdad su estancia barcelonesa. Y todos ellos son conscientes de que al final, la travesía puede quedar en una gran aventura sin final feliz. A no ser que el propio viaje haya sido el mejor regalo.