Francia arrancó su clasificación para el
Mundial de Sudáfrica en el último momento, gracias a un gol de
William Gallas en la prórroga ante Irlanda (1-1), un tanto
conseguido después de que Thierry Henry se llevara el balón con la
mano.
El último asiento del último tren tomaron los "bleus" para viajar
al Mundial del año próximo, una plaza que el equipo de Raymond
Domenech no dio la sensación de merecer y que obtuvo gracias a un
tanto logrado de rebote en la ida en Dublín y a un gol muy
protestado en Saint-Denis.
La clasificación mundialista no ocultará la patética imagen
mostrada por los galos, el divorcio consumado entre la grada y el
seleccionador y la falta de referentes de un equipo en el que nadie
quiere tomar el liderazgo dejado pendiente por Zinedine Zidane.
El gol de Gallas retrasará la renovación del equipo que viene
reclamando el público, que pide la presencia de jugadores como Karim
Benzema, infrautilizado por Domenech pese a que Francia necesitó
durante buena parte del partido un tanto que le llevara a Sudáfrica.
Los galos estuvieron muchos minutos contra las cuerdas, sonados
por una voluntariosa Irlanda que llevó el peso del encuentro, que
marcó en el minuto 33 y que gozó de las mejores ocasiones.
Pero que se marchó con las manos vacías por culpa de un árbitro
que no vio la clara mano de Henry en la jugada del gol de Gallas.
Pese a la clasificación, Francia llegará a Sudáfrica tras haber
dilapidado buena parte del crédito que se ganó en 2006 en Alemania,
cuando sin un buen juego mostraron una solidez que les llevó hasta
la final.
Poco queda de aquella subcampeona del mundo, condenada ahora a
pelearse con selecciones de menos caché para lograr algo que se le
supone por su trayectoria y su historia.
Ha perdido la personalidad y el estilo, no le queda la eficacia
ni la fortaleza defensiva y no hay rastro de los destellos de
calidad individual que forjaron la generación de Zidane, la mejor de
su historia.
Esta Francia no da miedo, no es una de las grandes del mundo,
carece de prestancia. Ese es el resultado de una mediocre fase de
clasificación y de una repesca en la que no mereció más que Irlanda.
Así saltó a su partido más decisivo de los últimos años, el que
debía marcar el final de una época o una prórroga para la Francia de
Domenech.
Al saltar al césped temblaba como un flan el equipo galo, que
dejó toda la iniciativa a los irlandeses, obligados a buscar la
portería rival por culpa del tanto concedido en Dublín.
Y los de Giovanni Trapattoni no se amilanaron ante la
responsabilidad. Se remangaron en busca del tanto que equilibraba la
eliminatoria, sin mucha calidad pero con todo el corazón.
El partido era de ellos ante su empuje y el desconcierto francés,
que fue creciendo a medida que pasaban los minutos.
Hasta que cuando el reloj había superado la media hora Keane
logró el tanto. No perdonó a Lloris cuando recibió un pase de la
muerte de Duff.
El tanto calló al Estadio de Francia, salvo a los 25.000
irlandeses que abarrotaban una zona del estadio. El tanto dejó
grogui a Francia. Más desconcertada, deseosa de recuperar en el
vestuario un poco de aliento.
A la salida del reposo, los galos parecían más decididos a buscar
el área del trébol. Adelantaron líneas pero la ofensiva no se
tradujo en más ocasiones claras de gol.
Al contrario, dejaron más espacios en su zaga e Irlanda gozó en
ese momento de las mejores ocasiones, que no dejaron la eliminatoria
vista para sentencia por la pericia del guardameta Lloris y por la
falta de puntería de los delanteros.
Dunne lanzó alto cuando estaba sólo ante el guardameta, Duff se
estrelló contra Lloris en un rápido contragolpe y Keane, que superó
al portero, se adelantó demasiado el balón para poder empujarlo a
las mallas galas.
Tres grandes ocasiones, mayores de las que tuvo Francia en toda
la eliminatoria, suficiente para reivindicar su derecho a haber
ganado una plaza para Sudáfrica.
En el otro plato de la balanza Francia sólo podrá reivindicar un
disparo alejado de Anelka, una ocasión de cabeza del delantero del
Chelsea y mucho empuje desordenado, muchas ganas sin ninguna
planificación.
Abocados a la prórroga, fue Francia la que empujó un poco más, tanto que se llevó el partido 'de aquella manera'. En un balón colgado, Squilacci intervino en la jugada en fuera de juego. Por si fuera poco, Henry detuvo el balón con la mano cuando la pelota se marchaba por la línea de fondo, y se la acomodó para ceder a Gallas, que marcaba entre el aluvión irlandés contra el colegiado.
De nada sirvieron las protestas irlandesas ante el robo. Francia
salvó los muebles y agarró el último tren hacia Sudáfrica.
- Ficha técnica
1- Francia: Lloris; Sagna, Gallas, Escudé (Squillaci, m.9), Evra;
Lassana Diarra, Aliou Diarra; Anelka, Gourcuff (Malouda, m.87),
Henry; Gignac (Govou, m.57)
1- Irlanda: Given; O'Shea (McShane, m.66), Dunne, St. Ledger,
Kilbane; Andrews, Whelan (Gibson, m.63); Lawrence (McGeady, m.107),
Doyle, Duff; Keane
Goles: 0-1, m.33: Keane; 1-1, m.104: Gallas
Árbitro: Martin Hansson (SUE), amonestó a los franceses
Squillaci, Govou y Malouda, y a los irlandeses St Ledger y McShane
Incidencias: Partido de vuelta de la repesca para la
clasificación para el Mundial de 2010 disputado en el Estadio de
Francia de Saint-Denis ante unos 80.000 espectadores. El partido fue
presenciado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.