Final Euroliga baloncesto: El Real Madrid pierde (86-98) con un Maccabi heroico

No se puede hacer leña del árbol caído. Habrá quien diga que echó de menos al capitán Felipe Reyes cuando la canasta del Real Madrid era un sangría de rebotes perdidos ante los macabeos. O que no se puede intentar ganar una final de Euroliga con tu hombre clave -Rudy Fernández- lastrado con una lesión en su mano. O que Nicola Mirotic no se volvió a encontrar en un partido cuesta arriba. El caso es que el mejor equipo de Europa no ganó y que Rice, el base del Maccabi, y Tyus, un coloso defendiendo y reboteando, se coronaron como los jugadores más decisivos de la final

José J. Alonso/Qué.es 18 de mayo de 2014

El Real Madrid volvió a quedarse con la miel de la Euroliga de baloncesto en los labios. Y van dos seguidas. Perdió por 86-98 ante un gran Maccabi que luchó lo indecible con sus armas. Y eso que era la cenicienta de la Final Four. El segundo proyecto de Pablo Laso, increíble en su devenir, en sus conceptos, en sus fórmulas por bonitas, vistosas y efectivas, se quedó de nuevo e la orilla de un título que significa casi todo para este club. Otro histórico del baloncesto continental, otro monstruo lleno de talento, ávido de laureles como el Maccabi, le apeó de su sueño. David Blatt, el gran entrenador norteamericano del Maccabi que se quedó a punto de conseguir el máximo trofeo continental con el CSKA, se hizo justicia a sí mismo.

Fueron más intensos, se pegaron más y creyeron más en sí mismos. Fueron los israelíes un ejército de termitas que salieron al parqué del Mediolanum Center de Milán sabiendo que si impedían el rebote fácil del Real Madrid tras sus propios tiros, impedirían realizar a los blancos el juego que les encumbró. Sin rebote no hay contraataque y sin esa arma, y sin Mirotic por momentos, y sin Llull casi siempre, y sin Felipe demasiado tiempo sentado y sin... En fin, el Maccabi hizo lo necesario para ganar. El Madrid no. Y si hay que personalizar podemos concluir en que el único madridista que creyó de principio a fin fue su MVP de la fase regular del torneo, Chacho Rodríguez. 

La lucha y la intensidad bajo los aros fueron la mayor parte del partido que perdieron los blancos. 48 rebotes consiguieron capturar los guerreros de Blutt por 43 de los hombres de Laso. Esos números hablan, pero no lo dicen todo. Mucha más información obtendremos si nos fijamos en los rebotes ofensivos: 14-19 para el Maccabi pleno de fuerza física y mental y que en semis ya le remontaron 15 puntos a los rusos de Messina

Dos veteranos como Smith y Blu mantuvieron a los hebreos con la ayuda de Hickman y en la prórroga (73-73) Rice se vistió de ejecutor. Con su pinta un tanto estrafalaria como recién salido de un 'playground' neoyorquino, el menudo jugador hizo lo que le dio la gana con 8 puntos seguidos, lanzó un alley-oop a Tyus y con otros dos tiros libres puso el 79-85 a falta de 2.22. Ahí se acabó todo para el Real Madrid pese a sus intentos desesperados finales.

Al Madrid se le escapó la prórroga. Nada le salió bien en estos últimos cinco minutos. Una serie de pequeños errores en forma de balones perdidos, rebotes defensivos no capturados y canastas fáciles no anotadas durante la segunda mitad del partido acabaron siendo una losa demasiado pesada. Sergio Rodríguez, flamante MVP, no paró de intentarlo y contó con la ayuda de un Rudy Fernández que jugó la final con un dedo roto y de un Felipe Reyes pletórico, pero no bastó. Es más, Felipe debió jugar más minutos, pero claro, la edad quizá exigía otra cosa. 

El Madrid no pudo explotar sus armas, le costó correr, añoró la producción de Llull y Mirotic (2/7 en tiros de dos) y no aprovechó la supuesta superioridad de sus pívots encomendándose en exceso a la fortuna del triple: 11/34 desde el perímetro por 17/40 en tiros de dos. Y en defensa, su otra seña de identidad tampoco estuvo fino -salvo por los tapones de Bourousis- y concedió demasiados segundos tiros y cómodas opciones desde el perímetro.

Este año tocaba. Quizá el año que viene que puede que no toque...