Con la victoria de su equipo, Los Angeles
Lakers, sobre Orlando Magic (86-99), Gasol se suma a la lista de escasos
jugadores europeos capaces de alzarse con este título, como los croatas Toni
Kukoc y Zan Tabak, el francés Tony Parker o el turco Mehmet Okur.
Su
defensa al pívot Dwight Howard, bastión de los Magic, además de haber resultado
clave en la consecución de este éxito, también le ha servido para quitarse de
encima la etiqueta de "blando", adjetivo que le ha acompañado en los últimos
meses a raíz de la derrota angelina frente a los Boston Celtics en la final del
año pasado.
En su mejor momento profesional, Gasol pone así el broche de
oro a una carrera plagada de éxitos, en la que destacan sus triunfos con la
selección española, como el oro en el Mundial de Japón (2006) y la plata en los
Juegos Olímpicos de Pekín (2008).
El ala-pívot catalán, capaz de anotar,
rebotear y asistir como un base, ha roto estereotipos sobre el jugador europeo
en la NBA, al que ha allanado el camino para entrar en la mejor Liga del
mundo.
Formado en las categorías inferiores del Cornellá y posteriormente
del F.C. Barcelona, Gasol debutó en la ACB en la campaña 1998-99 con el club
azulgrana, con el que disputó otras dos temporadas, cosechando dos títulos de
Liga y una Copa del Rey antes de que la NBA llamara a sus puertas.
Para
entonces, ya había sido campeón con los "juniors de oro" en edad juvenil con
España en el Torneo de Manheim, el Europeo de Varna y el Mundial de Lisboa,
además de bronce en el Europeo de Turquía'01 con la absoluta.
Fichó por
los Grizzlies tras ser elegido en el puesto número 3 del "draft" por Atlanta
Hawks, se hizo con el premio al novato del año, llevó al equipo a las
eliminatorias por el título durante tres años consecutivos y llegó a disputar el
Partido de las Estrellas durante los siete años que permaneció
allí.
Mientras, ganó con España dos platas en los Europeos de Suecia'03 y
España'07.
Pero su vida dio un vuelco en febrero de 2008, cuando uno de
los equipos con más tradición de la NBA y, desde luego, el de más "glamour", lo
rescató de Memphis, un equipo a la deriva que acabó con un Gasol estancado y
hastiado por las derrotas.
Su llegada tuvo consecuencias inmediatas. Con
Kobe Bryant a la cabeza, que por entonces amenazaba con irse a otra franquicia
si no llegaban refuerzos de garantías, los Lakers se convertían en candidatos al
título de la noche a la mañana.
Sin embargo, se quedaron a las puertas.
Los angelinos llegaron a la Final de la NBA pero se toparon con unos más
experimentados Celtics de Boston, en los que el hambre por el título de
jugadores como Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce, resultó
decisivo.
Ese hambre y también cierto deseo de venganza se han visto
reflejados toda esta temporada en el rostro de Bryant, y también en el de Gasol,
un escudero de lujo que en esta Final frente a los Magic de Orlando, le ha
negado el pan y el vino a la megaestrella Dwight Howard y ha vuelto a demostrar
la calidad que atesora en todos los aspectos del juego.
Hoy Gasol, que ha
promediado casi 20 puntos por partido y más de nueve rebotes en la serie final,
grita de alegría. Y la afición española, con él.