"Los clubes de amigos no son garantía de éxito"

La pelea entre los jugadores del PSG por el lanzamiento de una falta y un penalti el pasado domingo ante el Lyon dejan evidente el clima de crispación y el ego que se respira en el vestuario parisino.

Alejandro Cañas 19 de septiembre de 2017

Sostienen muchas personas que la clave para triunfar no solo en el mundo del fútbol, sino en cualquier otro ámbito del deporte en equipo, es confeccionar un grupo que tenga la unidad y el compromiso como principales valores y que sepan aparcar sus diferencias de ego a un lado.

Muchos equipos deportivos han sabido marcar una época en el deporte basándose en ese modelo. Véase por ejemplo los Lakers de Phil Jackson con Bryant y O'Neal, los Bulls de Jordan, Pipen y compañía; el Real Madrid de la octava y novena Champions, el Barça de Guardiola, el Milan de Ancelotti, en motociclismo Rossi y Lorenzo... y un largo etcétera. Todos estos equipos podrían servir de espejo para un PSG que ya comienza a sufrir en carne viva el problema de los egos en el vestuario.

El pasado domingo asistimos a lo que puede ser una puesta de largo esta temporada de la mayor concentración de arrogancia en el macroproyecto liderado por Unai Emery. El técnico vasco tiene ante sí un reto mayúsculo para capear este temporal inesperado por una parte, ya que surge a comienzos de temporada, y normal en un equipo que ha concentrado al próximo mejor jugador del mundo - siempre y cuando sepa alternar la vida profesional con la personal - a sus amigos brasileños más allegados, y a una futura promesa francesa del fútbol.

Cavani fue la víctima más inmediata de las consecuencias sufridas por este club de amigos que han formado los jugadores brasileños en París. Primero, tuvo que soportar como Dani Alves, con toda la cara del mundo, le arrebatara el esférico para lanzar una falta y cedérsela a Neymar, que minutos después, le recriminó lanzar un penalti que al propio uruguayo le pertenecía. La gota que colmó el vaso fue una presunta pelea entre el paulista y el internacional charrúa de camino a los vestuarios que Thiago Silva tuvo que parar, según L'Equipe.

El PSG es un claro ejemplo de que el fútbol real no es el fútbol de la Play Station, en el que con centenares de millones de euros fichas a tus jugadores favoritos y ganas todos los partidos que juegas. Los clubes de amigos en la vida real no demuestran ser garantía de éxito a largo plazo. Como mucho, un año puede llegar a funcionar, pero con peleas continuas entre jugadores cuyo objetivo es ver quien puede ser mejor se antoja complicado por no decir imposible.

Asumir el liderazgo, al igual que determinar quién lanza una falta o un penalti, puede ser el gran problema de un PSG al que se le puede venir abajo el mejor transatlántico jamás construido en su historia. Para evitar eso, Neymar tiene la ventaja de contar con sus compatriotas en el equipo, algo que no dispone el delantero uruguayo. En caso de que las cosas vayan a peor, Nasser apostará por el brasileño y echará a Cavani. No será muy difícil para el jeque apostar por su estrella cuando puede sustituir a su actual nueve por otro mejor.

Cada día que pasa, a mi juicio, considero que la decisión del Barça de vender a un jugador como Neymar no pudo ser más acertada, a pesar de que no invertir bien el dinero en jugadores para formar un equipo hecho y derecho. Haber mantenido a Neymar en el equipo hubiese provocado más problemas de ego y apatía en el vestuario barcelonista, además de tener contento al jugador a base de fichar a amigos suyos que no tienen nivel para jugar en un club grande como el culé.