"El vacile y los caprichos por encima del sentimiento"

Neymar y su salida del Barcelona han dado mucho que hablar en las últimas semanas. Aquí dejo a modo de reflexión lo que pienso sobre el tema.

Alejandro Cañas 7 de agosto de 2017

No es un trago fácil de digerir cuando alguien te dice adiós, casi sin darte explicaciones del por qué, y luego pretende quedar bien contigo a toda costa, de cualquier manera, como si la vida no fuese con esa persona. Y el trago sienta peor cuando tu trato hacia esa persona ha sido fuera de lugar, cuando te has esforzado por cumplir todos sus caprichos.

Así ha pasado con Neymar y su marcha del Barcelona. Una marcha que a corto plazo se ve prácticamente como un bofetón mediático al club azulgrana, pero que analizándolo fríamente, le ha venido bien al club por tres motivos: deportiva, financiera e institucionalmente. El primero de ellos porque jugadores hay de sobra para cubrir la vacante que deja el paulista; económicamente, es un soplo de aire fresco, no solo para reforzar la plantilla a coste cero, sino también para financiar el proyecto Espai Barça, cuya finalización se prevé para 2022; y la imagen del club también se ve beneficiada.

Si hay algo que diferencia a un equipo considerado "grande" de uno que no lo es, es precisamente la imagen interior que proyecta hacia fuera. Y precisamente la actual Junta Directiva que preside Josep María Bartomeu dista muchísimo del planteamiento inicial, aunque la maniobra de vender al brasileño ha sido la decisión acertada que hayan podido tomar en mucho tiempo. Neymar ha jugado con los sentimientos de una afición que le ha arropado y querido casi como a un culé catalán más, además de vacilar y reírse a su antojo de una junta directiva humillada y recordada como la que fue un día a París a comprar un vestido de Channel y se fue sin su Rolex de vuelta a Barcelona porque se lo robaron.

Considero que no se puede describir de otro modo el intento fallido de fichar a Marco Verratti, y que acabó con la salida de Neymar destino a la capital gala. Pero no nos centraremos tanto en eso y sí en la gestión del culebrón. Volviendo al hilo anterior, Bartomeu confió en la plantilla - sobre todo al presidente Piqué - la labor de suplicar de rodillas al brasileño, de continuar en el Barça, cuando un presidente serio y con algo de rigor con la actitud de niño de colegio de Neymar lo hubiese vendido al minuto cero, como lo hubiese hecho Laporta.

Sí, Laporta. Un presidente más famoso por lo ajeno al mundo del fútbol que por su gestión al mando del club, pero que la imagen del Barça con él durante su mandato fue impecable. Sin fraudes fiscales ni imputaciones de por medio, ni al club ni a sus dirigentes. Porque un presidente como Laporta no hubiese concedido tantos privilegios a un jugador al que se le aumenta el sueldo cada año así porque sí, cobrando más que los jugadores más importantes del mejor Barça de la historia sin hacer nada. Porque tampoco permitiría que un jugador se saltase hasta tres veces una Jornada de Liga porque era el cumpleaños de su hermana, y ni micho menos, tampoco le pagaría al padre del jugador una prima de renovación y mucho menos hacerlo cuando el futbolista se marcha a otro club.

El morro - por decirlo sin usar tacos e ir contra nadie - que han tenido Neymar Jr y Sénior cuanto menos ha pasado líneas estratosféricas, y encima se permiten el lujo de descojonarse - perdonad el palabro - de todo el mundo. Que si uno decía que quería irse, el otro le convencía de quedarse... y despedirse del club como si nada, con una simple nota, cuando había otros modos más elegantes de irse a probar otra aventura.

Las críticas a Bartomeu no han cesado en este artículo, pero he de admitir que la decisión de no poner trabas a la salida de Neymar ha sido la mejor decisión que se ha podido tomar en años.
Con los 222 millones la inversión que se puede hacer es bastante interesante. Coutinho y Dembelé son suficientes para mantener la ilusión de la afición, y sobre todo para mantener el ímpetu competitivo que se ha perdido este último año y que provocó derrotas duras en París y en Turín, por pura apatía de la plantilla y por falta de intensidad futbolística.

Gracias Neymar, por los títulos y por el legado económico que has dejado.