'Belin': "No todos los que pintamos en la calle somos delincuentes"

Miguel Ángel Belinchón, más conocido en el mundo artístico como 'Belín', es uno de los artistas grafiteros más importantes de Europa. Además de sus obras en la calle, el andaluz ha trasladado su lugar de trabajo al estudio donde el hiperrealismo se convierte en el epicentro de todas sus colecciones. Un auténtico santuario de la cultura.

Jose Fernández 12 de mayo de 2016

El arte urbano está invadiendo edificios, murales pintorescos e incluso lugares emblemáticos de las grandes ciudades. El concepto del grafiti ha evolucionado para convertirse en un elemento cultural que se integra en nuestra vida cotidiana con imágenes que llenan de simbolismo y color lugares que parecían perdidos del sentido de la vida.

Entre ese amplio grupo de 'curritos' luchan por ensalzar el concepto de arte urbano se encuentra Miguel Ángel Belinchón, más conocido como 'Belín', uno de los pintores hiperrealistas más importantes de Europa que forjó su ser en la calle y que triunfa en el extranjero con murales en países como Holanda y colecciones que tienen un sentido del calado que dejan sin palabras a los que se plantan sobre ellas. Un paraíso para la vista...

¿Cuándo te picó el 'gusanillo' del arte urbano y del mundo del graffiti?

Te vas reír pero cuando era pequeño trasteaba con la plastilina y me encantaba hacer muñecos con ella. No fue hasta 1995 cuando yo conocí lo que es el graffiti gracias a la revista 'Blanco y Negro', que fue la que me hizo pensar en el dibujo y en otro tipo de arte.

Tengo un estilo personal y muy propio basado en el realismo o el humor pero siempre basado en lo que yo he estudiado desde pequeño de diferentes artistas como Velázquez o Dalí. El surrealismo en mis obras siempre ha estado presente. Lo único que ha cambiado es que lo antes era un hobbie, ahora ha terminado siendo una profesión.

Hay mucha gente que piensa que el arte urbano es vandalismo, ¿qué les dirías?

Todos somos ignorantes en ciertas cosas pero es evidente que el arte urbano NO es vandalismo, por supuesto que no. Está claro que hay gente que hace vandalismo pero también hay mucha gente que tiene un carné de conducir y que solo hay algunos que son kamikazes y circulan en dirección contraria por una autovía.

No todo el que tiene un carné es un kamikaze, algo que pasa igual en el arte urbano. No todos los que pintamos en la calle somos delincuentes.

¿Dónde está el límite entre el arte y el vandalismo?

Depende, cuando vas a liarla, vas a liarla y pillas el escaparate del que sea para 'reventarlo'. Es una respuesta muy difícil de concretar. En Madrid, por ejemplo, había muchas persianas en la calle Fuencarral pintadas por artistas procedentes del arte urbano y del grafiti. ¿Qué pasaba? Que llegaban otros y pintaban encima diciendo que eso ni eran grafitis ni eran nada.

Yo creo que la diferencia está en las personas. Puede ser un delincuente si utiliza el spray para delinquir o bien un artista si lo utiliza para hacer obras de arte.

Los jóvenes que pintan en comercios o edificios públicos quizás enriquecen esa ignorancia...

Sí, puede ser. Yo a todos ellos les diría que hay que evolucionar. Es necesario. Yo en mis comienzos también lo hice pero hay que buscar un camino y seguir con ello. No tiene sentido seguir saliendo a la calle haciendo pintadas y pintadas sin más.

Todo ese esfuerzo que hacen, jugándosela, tiene mucho más sentido enfocando a hacer obras que puedan ser recordadas en el futuro. Una firma en la calle jamás va a quedar en la historia, un buen cuadro te permite formar parte de ella.

Llegar a ese lugar privilegiado no es fácil, hay un largo camino por recorrer antes, ¿no? ¿Cómo se consigue?

Con mucho trabajo y esfuerzo. Yo tenía ideas de bocetos, de murales pero me faltaba lo más importante: el dinero. Yo vengo de una familia humilde en la que no tenía una paga y un sueldo todos los meses. Tenía que ingeniármelas vendiendo boquillas de botes como si fueran colgantes, vendiendo botes de spray como lapiceros. Me tenía que buscar la vida y tener un sustento para comprar mis propios botes y llegar a donde estoy.

Todo cambia cuando veo que el realismo y el pintar cuadros son objetivos factibles, pasando de la calle al estudio. Me hizo tener una visión más amplia. Antes era pintar en la calle pero ahora hago murales por encargo que es algo completamente distinto.

En la calle ya me he peleado mucho, ya he echado bastantes horas y ahora me centro en mi estudio, que es lo que me gusta y por lo que disfruto. Descubrirme a mí mismo cada día.

Lo que está claro es que no todo el mundo vale para esto...

El tesón, la implicación, el sacrificio son elementos fundamentales para tener éxito. Ya no en esto sino en la vida en general. Desde siempre, aunque hacía muchas cosas como música o deporte, he tenido que sacrificar mucho tiempo e invertirlo en lo que yo quería hacer.

Yo era un bicho raro en mi época de joven porque no salía de fiesta. ¿Por qué? Porque yo no podía permitirme llegar a casa tarde, acostarme y levantarme tardísimo. Salir para mí era una pérdida de mí porque me impedía conseguir en aquel momento lo que quería. Invertí mi tiempo en crear, música y pintura, pero en el arte, en definitiva.

Yo he luchado contracorriente, he luchado contra opiniones de mi familia que decían que lo hacía no tenía sentido. Yo sabía que todo era posible si le echaba muchas ganas y tesón. Mi arte es el que es. Ni uso plantillas, ni uso cuadrículas. Lo que se ve, es lo que es.

Y si las cosas van bien, aparece la envidia... ¿Han tachado o borrado algunas de tus obras callejeras?

Sí, de hecho pillé a un colega grafitero tachando algunas de ellas. No fue la más grave. En 1998, un grupo tachó una obra mía con la frase "no tienes futuro" en letras negras. Esto es habitual en este mundillo. Te blanquean pero ya cada vez menos porque no pinto tanto en la calle y me centro en exposiciones y murales. Esa etapa la pasé y ya no me tocan (risas).

El mundo del grafiti tiene sus riesgos, ¿te han pillado alguna vez haciendo uno en la calle?

Sí, por supuesto. ¡Anda que no he corrido yo veces delante de la Policía Municipal y Nacional! Ese es el origen de cualquier artista urbano. Tú utilizas el mobiliario para crear arte, usas la ciudad para ello. Me han abierto expedientes, me han abierto juicios pero nunca he tenido que pagar nada porque se han dado cuenta que no era un delincuente. Es arte gratuito, algo que no se valora.

¿Son muy diferentes los sprays que utilizas para tus murales con los que coge un grafitero por primera vez?

Los sprays se utilizan en todos los sitios igual. Si hay diferencias en otras cosas, ya que en obras grandes me decanto también por el óleo, acrílica, técnicas mixtas. Depende de lo que quiero hacer decido optar por uno u otro.

¿Consideras que en España solo se valora el arte que está en los museos?

Por supuesto. El arte urbano está muy desatendido. Lo peor está por llegar. Si seguimos así, desaparecerá seguro y cuando lo haga, echaremos en falta todo lo que proporcionaron en el pasado. Nadie se preocupa de que las cosas se conserven. A mí personalmente me da mucha pena.

Intentando buscar el lado bueno de las cosas, pienso que esa situación ha permitido también que gente como yo hayan podido utilizar un lienzo o una madera para permitir que la huella de sus obras perdure para siempre. Si el grafiti o el arte urbano no fueran efímeros, ahora igual no estaría donde estoy.

A veces, no hay mal que por bien no venga y lo que yo buscaba, lo terminé encontrando. No cambiaría, eso sí, nada de lo que fui y de lo que soy porque el arte urbano es lo que somos cada uno.

Tiene sus cosas buenas, sí, pero en el extranjero cambia el panorama bastante, ¿no?

Sí, ya no solo se valora más el arte urbano sino que se valoran más a los artistas. Fíjate hasta qué punto es tan diferente que van a buscarte hasta el aeropuerto, algo que aquí es impensable. Me he querido quedar a vivir allí (se ríe). El trato que he tenido ha sido muy bueno, tanto de gente de la calle como de gente de la política.

Es increíble como un alcalde, un concejal o un miembro de un partido se centran en ti para explicarte, enseñarte todo como si realmente merecieras la pena. Nos queda mucho por aprender pero trabajamos para que algún día los jóvenes tengan una oportunidad y el respeto que merecen.

Eindhoven, Berlín, Dortmund, Los Ángeles... Has dejado tu sello en muchos lugares pero... ¿En cuál te gustaría marcar la huella 'Belin' con un mural?

Sé que es difícil pero me encantaría hacerlo en Siria. Estoy mirando a ver si puede salir adelante pero resulta complicado hace un mural. Hay un problema gordo en el que estamos mirando para otro lado y falta compromiso. Haría algo para denunciar la miseria y la guerra que vive la gente de esa zona del mundo que tan mal lo pasa día a día.

¿Cuántas horas al día le echas para ejecutar obras de arte como las de tus colecciones?

Dependiendo de su dificultad. Pueden ser cinco, pueden ser ocho... ¡o pueden ser 20! No sabría decirte. Hace poco le he hecho una obra a Sergio Ramos y he tardado un mes. Sí, era una obra en madera, con relieves y que he hecho con mucho cariño y dedicación.

Mis obras, en líneas generales, suelo hacerlas muy rápido porque el spray te permite esa agilidad, no es como el pincel que tienes que mojarlo constantemente. La idea es en lo que más tardo: ver como lo encajo, cómo se puede hacer, de qué manera, que quito, que pongo.

Cuando lo tengo, pienso si necesito un modelo e incluso utilizo el Facebook a veces para conseguir esos figurantes. Digo necesito a varias personas así para este trabajo y la gente me escribe y lo saco adelante. De ahí, hacemos una sesión de fotos y luego tiro del boceto y a ejecutarlo todo. Así dicho suena fácil pero es un proceso largo y complicado.

¿Fue el propio Sergio el que te pidió expresamente la pintura?

Sí, me lo pidió hace un tiempo aunque no puedo mostrarte las fotos (risas). Me ha dado mucha alegría y fuerza saber que gente que está en otro nivel se fija en mí. Ya lo hizo Kat Von D, una tatuadora de Los Ángeles, un productor canadiense muy importante, otro futbolista como Iván Helguera. Es un honor que todos ellos tengan obras o murales míos.
Esa situación me reconforta porque hay momentos en los que estás jodido y lo pasas mal y eso te sube la autoestima y te da fuerza y esperanza.

Un artista como tú, debe tener su casa decorada de una forma un tanto peculiar, ¿no?

¡Cómo lo sabes! Desde que vas por la calle de mi casa, ya sabes que es mía porque es otro rollo. Es un oasis artístico en el casco histórico de Linares. Salen mis tres hijos pintados y entras dentro y está nuestro corazón. Tengo muchos cuadros míos y también de amigos de diferentes partes del mundo.

¿Se puede vivir bien del arte?

En eso luchamos día tras día, para tener una vida cómoda pese a los tiempos difíciles que corren. Sí, sí se puede vivir del arte pero con mucho sacrificio y mucho tesón. En el arte y en la vida. Lo que no se puede hacer nunca es tirar la toalla.