Ian Anderson (Jethro Tull) afirma que algunos dirían que elegió la flauta "por designio divino"

Siendo adolescente, el mítico Ian Anderson poseyó brevemente una guitarra del no menos famoso Lemmi Kilmister, de Motorhëad, pero su destino no era el de las cuerdas, sino el de convertirse en alma de Jethro Tull e icónico roquero de la flauta, un instrumento al que le condujo una especie de "designio divino".

Madrid, EFE 12 de julio de 2012

"Cuando escuché a Eric Clapton tocar la guitarra, comprendí que nunca sería tan bueno como él", explica el artista en una entrevista con Efe a su paso por Madrid, donde hoy actúa dentro del programa de Los Veranos de La Villa, con todas las entradas vendidas.

El relevo de la guitarra por la flauta se produjo el mismo día que devolvió una Fender Stratocaster que había pertenecido al mencionado líder de Motorhëad porque no podía seguir pagándola.

"Recuerdo que aquel fue un día lluvioso. De repente, un rayo de sol se coló por la ventana de la tienda y resplandeció sobre un objeto, una flauta. Me la llevé por un impulso. Algunos dirían que fue un designio divino", relata.

Después, cuando Jethro Tull comenzó a tocar, allá por los años sesenta, había otras bandas de blues en Londres que sonaban muy parecidas y pensó que, quizás con la flauta, sonarían distintos.

Así fue y su silueta como elemento diferenciador, flauta en ristre, se convirtió en el logotipo de muchos de los discos de la banda.

"Por eso, Jethro Tull casi se convirtió en mi alter ego. Pero Jethro Tull no fui simplemente yo. Ha habido 28 personas que han formado parte de la banda, ¡más de dos equipos de fútbol!", subraya el compositor de la mayor parte de los temas.

En su gira actual, que el pasado miércoles recaló en San Javier (Murcia) y el domingo pasará por el Festival de la Porta Ferrada de Sant Feliú de Guixols (Girona), el músico se presenta con una precisa etiqueta como "señal de advertencia": "Jethro Tull's Ian Anderon". Es decir, el Jethro Tull de Ian Anderson.

"Cuando hago proyectos más conceptuales, prefiero usar mi nombre para que no piensen que van a escuchar simplemente los grandes éxitos de la banda. Si voy a hacer un show con orquesta, por ejemplo en una iglesia, no quiero ver enfrente a una panda de tíos borrachos con camisetas negras gritando '¡Rock and roll!', porque eso no va a salir bien", señala.

Actualmente, el músico recupera en sus conciertos el "arriesgado" repertorio de uno de sus dos álbumes míticos, "Thick as a Brick" (1972), compuesto por una única canción dividida en dos partes.

"Creo que mucha gente ni comprendió ni disfrutó aquel disco, pero era el que había que comprarse en aquel momento. Decían: "Es Jethro Tull, ¡tiene que ser bueno!", opina.

Reconoce que ya entonces fue un "reto" componerlo, como ahora lo es ponerlo en escena. A pesar de ello, Anderson no se arruga.

"Es una pieza muy compleja, con muchos detalles. Tienes que estar muy concentrado, como en una carrera de Fórmula 1 en la que hay que ir pensando con antelación en cada curva, en cada parada...".

"Thick as a Brick" llegó precedido por el enorme éxito de "Aqualung" (1971), otra de sus grandes obras, llena de personajes marginales como el pedófilo vagabundo que da título al álbum, producto -dice- de la "ira" de un joven que confronta cosas difíciles de entender, como la religión.

"En gran parte, me siento igual. No soy cristiano ni lo seré nunca, pero sí soy un gran defensor de la cristiandad", afirma Anderson, para quien su historia encierra "importantes lecciones".

"También apoyo los derechos de las mujeres, sobre todo en el tercer mundo, y también los de los gays, pero no soy gay. O al menos no creo que lo sea", bromea el artista, que entiende que la madurez pasa por la "generosidad" de apoyar "valores que no reflejan necesariamente tu forma de vida o tus intereses".

Dice que esa misma madurez le ha mostrado la importancia de la disciplina, que pierde cuando se sienta delante de un ordenador y se "convierte en un discípulo de Google y de la Wikipedia".

Su afán por adquirir nuevos conocimientos se mantiene tan vivo como sus dedos, así que no descarta aprender a tocar el violín y apostilla: "Nunca permitas que alguien te diga que eres demasiado viejo para aprender algo nuevo".

Por Javier Herrero




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