Terremotos, tsunamis, eclipses, maremotos, erupciones volcánicas y toda la gama conocida de cataclismos y desastres acompañan a la fecha en la que el mundo desaparecerá como lo conocemos. Y en medio de este caos aparece Jackson Curtis, el personaje que interpreta John Cusack, un escritor cuya devoción por su fracasada aunque posiblemente brillante novela terminó con su matrimonio y dejó a su familia a la deriva.
Pero Jackson sigue siendo un padre leal que demostrará que es capaz de hacer lo que sea para salvar a su familia. Cuando las placas de la tierra comienzan a moverse destruyendo Los Ángeles, Jackson y su familia comienzan un viaje desesperado por tierra y aire para sobrevivir al cataclismo total y convertirse en esos pocos elegidos que puedan llegar a ver el nuevo mundo edificado del desastre.
Una producción que llega a los cines precedida de una imponente campaña promocional con espectaculares imágenes y trepidantes trailers que han dado idea de su magnitud visual. Y es que, como es habitual en el cine de Emmerich la cinta no escatima en efectos visuales y supone un auténtico alarde en el uso de la tecnología CGI.
Se trata, posiblemente, del máximo exponente del cine palomitero del año que tiene como única aspiración entretener y convertirse en un auténtico tsunami su espectadores que arrase en la taquilla mundial. Una predicción de la que nada dijeron los mayas pero que, esta sí, se cumplirá.