En los pasillos del hotel María Cristina, las entrevistas se suceden y las agendas se solapan. En una suite Ben Stiller y Robert Downey Jr. que han decorado la puerta del tercer piso del hotel donostiarra con el hilarante cartel de ‘Tropic Thunder’.
A unos pocos metros, John Malkovich habla de la privacidad, la inteligencia y la estupidez vestido con una chaqueta de estampados rococó muy comentada entre la prensa.
Y, un piso más arriba, el director británico Michael Winterbottom, que con su último filme ‘Génova’ ha dividido la opinión de los críticos.
O lo odian, o lo aman. El caso es que el responsable de películas como ‘Nine songs’, ‘Camino a Guantánamo’ o ‘Un corazón invencible’ ha demostrado, una vez más, que las etiquetas no van con su forma de trabajar.
“No tengo reglas, hago películas muy dispares y no dependen de mi estado emocional.
Me gusta tratar todo tipo de temas, siempre me importan y me dan más libertad”, confesó el director.
Con ‘Génova’, Winterbottom trata el sufrimiento, la pérdida y el dolor en el seno de una familia tras la muerte de la madre “así como el amor paternal hacia sus dos hijas y cómo cada uno trata de seguir adelante”, dijo.
Con extractos de música de Chopin, notas de Serge Gainsbourg y su característica textura poética, el británico trató de “lograr un ambiente de rodaje tranquilo y sosegado” de forma que los actores “pudieran ahondar en sus sentimientos”.
Y es que el director es conocido por rodar sin técnicos, extras e incluso con una cámara en mano, a la espera de que las cosas simplemente sucedan. El resultado, pura verdad.