"Hay alguna posibilidad más que la otra vez, aunque
sigo yendo con la misma actitud", afirmó la intérprete madrileña, de 34 años, en
una atestada rueda de prensa organizada en un hotel de Hollywood.
Sin
señales de cansancio -aunque estuviera "muerta", según admitió- y con la sonrisa
en el rostro, Cruz apareció con un vestido color chocolate, aros de diamantes y
una joya familiar que siempre le acompaña.
"Si dicen mi nombre, será una
sorpresa; si no, no quiero berrinches, sólo quiero disfrutar de la noche, hay
que celebrarlo pase lo que pase", agregó Cruz, que recibió hoy el premio
Espíritu Independiente a la mejor actriz secundaria, un último empujón hacia la
preciada estatuilla dorada.
En su comparecencia, la española recordó a
los directores clave en su trayectoria profesional, como los españoles Pedro
Almodóvar, Fernando Trueba y Bigas Luna; el estadounidense Cameron Crowe o el
italiano Sergio Castellito.
"Hay mucha gente a la que debo mucho, quienes
confiaron en mí; los del principio porque era nueva y los otros porque tuvieron
la imaginación y la generosidad de darme personajes que no tienen nada que ver
conmigo ni eran parecidos a nada que hubiera hecho antes", explicó
Cruz.
La española tuvo tiempo para reflexionar sobre su trayectoria y el
gran momento profesional que vive ahora mismo.
"No es sólo cosa de los
últimos dos años ni de las últimas películas; las que no fueron un éxito a nivel
de crítica ni de público también son importantes por lo que significaron para
mí", comentó la actriz.
"No me gusta la expresión 'llegar hasta aquí',
todo esto es parte de un camino", agregó la madrileña, quien volvió a deshacerse
en elogios hacia Woody Allen, director de 'Vicky Cristina
Barcelona'.
"Sabe lo que necesita, ha visto tu trabajo y te da mucha
confianza, es algo que da mucho miedo; incluso quiso que tradujéramos nuestros
diálogos al español, que los dijéramos como pensábamos que esos personajes
hablarían", manifestó.
Esa confianza no quita para que el realizador
neoyorquino no sea capaz de elevar la voz cuando las cosas no salen como él
espera.
"Si hay algo que no le gusta es muy peleón, no todo le vale; es
alguien honesto, de pocas palabras, pero cuando tiene que hablar, lo hace",
indicó Cruz, quien admitió tener nervios, aunque curiosamente menos cada vez que
se acerca la hora de los Óscar.
"Hoy voy a dormir seguro, aunque me tenga
que dar con un martillo en la cabeza; estoy muy cansada y nerviosa, aunque hoy
estoy entrando en otro estado, que no sé cómo se llama, pero lo prefiero",
aseguró.
La actriz está a punto de culminar meses de promoción de 'Vicky
Cristina Barcelona', y aunque es consciente de que es "una privilegiada" por lo
que está viviendo, reconoció que a veces estaba segura de que no iba a poder
seguir el ritmo.
"Estoy muy contenta de vivir esta situación, pero estaba
segura de que algún día me desmayaba, que me caía redonda al suelo; hasta eso
hay que tomárselo con humor, no me da tiempo a asimilar todo lo que está
ocurriendo", dijo.
Penélope sabe que hay muchos ojos y esperanzas puestos
en ella, pero sólo desearía ganar el Óscar por su familia, sus seres queridos y
la gente que se alegra de su éxito de corazón.
"Un policía me dijo en
Madrid hace cinco días que todos contaban con el Óscar; ver que es una ilusión
real de tu gente me hace ilusión (...), pero no voy esperando ganar, estoy lejos
de estar segura", declaró.
Por último, se refirió a la ausencia en la
gala de mañana de su compatriota Javier Bardem -con quien se la relaciona
sentimentalmente-, quien hubiera sido el encargado de entregarle la estatuilla
en caso de que resultase ganadora.
"Está trabajando, tiene que rodar, ya
lo habéis leído en el comunicado", dijo Cruz con una sonrisa pícara.