Hoy se levantará descansada, "aunque me tenga que pegar
con un martillo en la cabeza", dice desesperada, porque con tanto
nervio y tanto vuelo transoceánico ha perdido el sueño, y ni los
tratamientos herbales ni la homeopatía se lo han resuelto. Por la
noche, "pasé lo que pase", lo celebrará "en cualquier sitio donde
pongan buena música y me pueda tomar cerveza y media, que es todo lo
que aguanto".
Pero entre medias, cuando la recoja la limusina para depositarla en la alfombra roja de camino hacia el Oscar, de la mano de 'Vicky Cristina Barcelona', pensará en las vueltas que ha dado su vida desde el día en que pisó Los Ángeles por primera vez.
"Cuando llegué no conocía a nadie, estos días miraba la
ciudad desde el coche y me acordaba de que cuando llegué estaba sola y
asustada, pero lista para una aventura: ¿A ver qué es lo que ocurre?,
me dije. Ahora me siento desbordada, no sé si esa es la palabra, pero
esto es algo muy grande para mí y no quiero desmerecerlo.
Me trae
muchos recuerdos de lo que ha pasado desde que empecé a trabajar a los
16 años. La segunda vez que estoy nominada, viniendo de España, de una
familia en la que no tenía ninguna referencia alrededor de gente que se
ganase la vida haciendo un trabajo que tuviera algo que ver con el
arte, ni en mi familia ni en mi barrio, en ninguna parte alrededor.
Para mí es precioso pasar por esta experiencia, no necesito ganar".
"Si pierdo me dará penilla"
Si gana tendrá preparado un discurso en español, más que
nada porque está convencida de que "este será el día en que me
desmaye", y por lo menos así tendrá en las manos un trozo de papel en
el que apoyarse para cuando se quede en blanco. Y si pierde, "me dará
penilla", confiesa, por su familia, "que le hace mucha ilusión", y por
ese policía de Madrid que el otro día le gritó desde lejos "¡Contamos
con el Oscar!". "La verdad es que eso sí me hace mucha ilusión, saber
que lo que la gente de la calle siente es real y lo espera de corazón",
continúa.
Ni una palabra de qué vestido llevará, sobre todo porque
la experiencia de aquella cremallera que se rompió en el último minuto
"y casi me da un ataque" le ha enseñado que en la vida siempre hay que
tener plan B.
Sí, mucho ha cambiado Penélope Cruz desde que llegó a Nueva York hace 15 años con Nacho Cano, y se enfrentó
por primera vez a los Oscars con 'Belle Epoque' en 1994. Entre el
cantante de Mecano y Tom Cruise han pasado muchos hombres y muchos
directores, pero ni Woody Allen ni Javier Bardem estarán hoy con ella.
"Estaba más nerviosa estos días atrás"
"Tiene que rodar, ya habéis visto el comunicado",
responde con parquedad, y una sombra de tristeza se cuela contra su
voluntad frente a sus ojos chispeantes. Le acompañarán su madre, su
hermana, su hermano, su mejor amiga desde la infancia y la certeza de
que la vida pasa como una película en la que ella es la protagonista
absoluta, y cuando se enciendan las luces será la única que quede
sentada en la butaca frente a una pantalla en blanco y un montón de
sensaciones acumuladas en sus 34 años de vida.
"¿Champán?", le preguntan. "No gracias, no bebo",
responde, ni para celebrar su último premio, el de los premios
independientes Spirit, que recibió aye en la playa de Santa Mónica,
horas antes de confesarse con la prensa española para ésta. "La verdad
es que estaba más nerviosa estos días atrás. Hoy estoy entrando en otro
estado, no sé cuál es, pero lo prefiero". Y dentro de unas horas todo
se habrá acabado. O acabará de empezar "porque no me gusta decir que he
llegado a algún sito. Es parte del camino".