Kike Maíllo busca espectadoras para la ciencia ficción con el melodrama "Eva"

"Eva", la película con la que debuta en el largometraje el catalán Kike Maíllo, propone una vuelta de tuerca al concepto de la ciencia ficción cinematográfica, un giro "emotivo" necesario, en su opinión, para que también interese a las espectadoras.

Madrid, EFE 25 de octubre de 2011

"La ciencia ficción siempre propone futuros apocalípticos, fríos, tensos, con ciudades lluviosas y fúnebres, y me apetecía explicar un futuro más optimista donde en algún punto viviésemos un poco mejor, independientemente de la relación que tuviéramos con las máquinas", señala Maíllo.

Con esa idea -"feminizar el género", afirma el director en una entrevista con EFE-, y con un amor desmedido por este tipo de cine, Maíllo se puso manos a la obra y, junto a Sergi Belbel, compusieron el guión de una historia de robots casi humanos, y humanos muy fríos.

Una ventaja, la ciencia ficción, agrega Maíllo, porque te permite hablar sobre la condición humana "sin excusas".

"Como tenemos que hacer un robot, vamos a preguntarnos cómo somos, qué nos hace funcionar como funcionamos, y encima -añade- como el género es tan vistoso, podemos expresarnos sin resultar pedantes".

En "Eva", Alex (Daniel Brühl) recibe el encargo de realizar el robot "perfecto", una máquina capaz de desarrollar una inteligencia emocional prácticamente humana.

Se trata de retomar un proyecto que ya intentó diez años atrás junto a su amor, Lana (Marta Etura), y su hermano David (Alberto Amman), científicos todos de la misma universidad que ahora le reclama, y que no pudo (o no quiso) terminar.

Con los años, y ante la huida de Alex, Lana acaba compartiendo su vida con David con quien tiene una hija, Eva (Claudia Vega, seleccionada tras 3.000 entrevistas a niños).

"Alex es inteligente y solitario; está obsesionado por su trabajo y tiene problemas para relacionarse con la gente, por eso prefiere rodearse de máquinas", explica Brühl.

Afortunadamente, considera el actor, aunque "en Japón creo que han construido robots que están bastante bien, aún no estamos a ese nivel, pero igual lo estaremos".

"Y ésa es la pregunta, si seremos capaces de crear robots perfectos o casi, y si eso vale la pena. Para mí, no -confía Brühl a EFE-, me da mucho miedo".

La película se desarrolla en un mundo "muy raro, muy aislado y muy irreal", dice Brühl, que termina con regusto a melodrama porque, "al fin y al cabo, es una historia de amor".

Aunque el director ha situado la acción en 2041, mantiene una estética años 70 del siglo XX.

La película se rodó en paisajes naturales de la Suiza francesa y del pirineo oscense, y los actores tuvieron que hacer un gran esfuerzo incluso para vocalizar a 20 grados bajo cero, como se puede comprobar en algunas escenas rodadas entre nieve.

También en esos planos es sorprendente la naturalidad de la niña Claudia Vega.

Con referencias a cintas como "Gattaca" (1997), de Andrew Niccol, "Minority Report" (2002), de Steven Spielberg, y "Blade Runner", Maíllo ha compuesto este melodrama frío y no solo por esos paisajes nevados.

Brühl, que en su papel de Alex convive con un gato cibernético, ve el ambiente de "Eva" poco realista: "yo me imagino un futuro muy diferente, bastante negativo, y sin robots", concluye.

Preguntado por la máquina que hubiera querido conservar tras el rodaje, el actor se queda con "Max" (Lluís Homar), un increíble robot doméstico con el que sueña cualquier ama de casa: no sólo limpia y cocina sino que ajusta su emotividad a las necesidades del humano al que sirve.

La película, que estrenó la 44 edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges, previo paso por Venecia, llega a las pantallas españolas el próximo viernes, día 28.

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