El futuro de la banca europea

Si hay una operación que resume los males de la banca española, así como la voluntad de dejar atrás la crisis del sector y comenzar una nueva etapa es, sin duda, la ampliación de capital de Banco Popular. Con un importe de 2.500 millones de euros, al precio de 1,25 euros por acción, representa, de […]

Javier Flores 5 de octubre de 2016

Si hay una operación que resume los males de la banca española, así como la voluntad de dejar atrás la crisis del sector y comenzar una nueva etapa es, sin duda, la ampliación de capital de Banco Popular.

Con un importe de 2.500 millones de euros, al precio de 1,25 euros por acción, representa, de un lado, la creación de 2.000 millones de nuevas acciones, que se sumarán a los 2.100 millones que ya circulaban antes de la ampliación, haciendo difícil sostener cualquier valoración superior a los 1,50 euros por acción. Pero, además, el destino del importe logrado con la ampliación, que se destina en su integridad a provisionar riesgos, pone de manifiesto la realidad de un proceso regulatorio y un entorno económico en el que algunas entidades encuentran verdaderas dificultades para mantener su independencia cuando no su propia existencia. Como viene apuntando el Banco de España, recientemente el propio Fernando Restoy, serán necesarias fusiones entre las entidades más vulnerables. Y recordemos que solamente in extremis y con una ampliación de similar magnitud hace solamente tres años, Banco Popular logró esquivar la intervención pública.

El descuento tan significativo de la operación, así como el apoyo claro de los accionistas de referencia a los planes de la entidad parecen haber jugado un papel determinante en el apetito que han mostrado los más de 200 inversores institucionales participantes en el road show en Londres, Nueva York, París, Boston y Suiza. Difícilmente sin un descuento tan agresivo y con una campaña de colocación tan extensa (el coste de la propia ampliación en comisiones y servicios de terceros como colocadores, muy superior a lo habitual en el sector, prácticamente se lleva por delante el beneficio anual) habría sido posible sacar adelante la operación. Todo sea por liberar a la entidad de 15.000 millones de activos tóxicos que todavía se acumulan en su balance.

La dimensión de la ampliación muestra el esfuerzo, entre otros, de Banco Popular para alcanzar una ratio CET1 del 10,8 % hacia final de año, frente al 11,1 % del primer trimestre, con una mejora radical de los fallidos que debería permitir a la entidad situar la cobertura de su morosidad en el entorno del 55% frente al 40% al cierre de 2015. Y es que si, como en su momento apuntaba el señor Botín, el tren regulatorio es imparable, en el caso de Banco Popular debemos añadir el efecto devastador de la crisis inmobiliaria que le ha afectado muy especialmente. Y aún está por ver el efecto de la sentencia europea sobre la retroactividad de las cláusulas suelo. Si bien Banco Popular mejoraba ligeramente las previsiones con un beneficio de 93,8 millones de euros (incluyendo 15 millones por la venta del negocio de tarjetas de crédito en Portugal), lo cierto es que se viene advirtiendo un descenso de los ingresos del orden del 10% anual y la necesidad de mejorar las provisiones para créditos problemáticos. A ello se sumaba el efecto del entorno de tipos de interés anormalmente bajos, la disminución de los depósitos y la caída de los ingresos por comisiones. Una situación que, ante el fallido intento de fusión con Banco Sabadell, finalmente ha desembocado en la ampliación de capital.

No es de extrañar de otro lado que la finalidad de los fondos captados por la ampliación sea la cobertura de riesgos por fallidos a la vista de que la morosidad de Banco Popular es casi un 3% superior a la media del sector y del ritmo realmente lento de ajuste por parte de la entidad.

El futuro próximo, sin embargo, de la banca europea, a pesar de no pocas dificultades como sintetiza la ampliación de capital de Banco Popular, es prometedor. El problema de la fragmentación crediticia norte-sur se viene resolviendo gracias a la actuación del Banco Central Europeo, la condiciones financieras vienen apuntando posibilidades de mejora, se ha eliminado el riesgo de liquidez y los problemas de solvencia son ahora locales, como en el caso de la banca italiana, o circunscritos a casos concretos perfectamente identificados, permitiendo que por vez primera en cinco años crezca el crédito bancario en el continente, al menos en el corto plazo, pues a largo plazo quedan por resolverse cuestiones de fondo relacionadas con la unión bancaria y el tratamiento de los riesgos soberanos en los balances bancarios, que de momento no serán penalizados, respetando el resultado del Comité de Basilea, pero está por verse lo que suceda en el futuro.

*Javier Flores es responsable del Servicio de Estudios y Análisis de Asinver.