¿Pinta España algo en el mundo?

Una anécdota vivida por el ex ministro de Defensa Eduardo Serra ilustra cómo ha ido desdibujándose el papel de España en el panorama internacional. En 2003 le recibió en la embajada de Holanda el hijo de un antiguo cónsul de este país. Le explicó que nos visitó por primera vez en los años 50. Comprobó […]

Jordi Benítez 23 de septiembre de 2016

Una anécdota vivida por el ex ministro de Defensa Eduardo Serra ilustra cómo ha ido desdibujándose el papel de España en el panorama internacional. En 2003 le recibió en la embajada de Holanda el hijo de un antiguo cónsul de este país. Le explicó que nos visitó por primera vez en los años 50. Comprobó que éramos un país maravilloso, con una gente estupenda y unos paisajes muy bonitos, pero no éramos Europa. La segunda vez que vino fue en los años 80, con Eduardo Serra como secretario de Estado de Defensa. Apreció los mismos rasgos, pero entonces ya nos ubicó en Europa. La tercera ocasión llegó en 2003, como embajador, y no solo nos ubicó en Europa, sino entre los que mandaban en el continente. Lamentablemente, este protagonismo ha pasado a peor vida. ?Con Aznar y con Felipe González gozábamos de prestigio en Europa?, afirma Eduardo Serra. ?Con Zapatero se nos vino abajo?, añade.

Felipe impulsó el eje franco-alemán y actualizó las relaciones con América Latina. Aznar movió la agenda exterior y el giro hacia el Atlántico, hasta que se equivocó con Iraq. Zapatero incrementó la cooperación internacional y la entrada de facto en el G20 como miembro invitado permanente. Pero el famoso gesto de no levantarse ante la bandera americana en el desfile del día de El Pilar y, sobre todo, la retirada sin avisar de las tropas de Iraq, nos pasaron factura. La bofetada de este segundo hecho se tradujo en acciones concretas. Por ejemplo, en que Félix Sanz Roldán, Jefe del Estado Mayor de Defensa, no se convirtiera en el primer español de la historia en capitanear el Comité Militar de la OTAN, un puesto muy influyente. ?Los militares norteamericanos querían que lo fuera, pero los políticos de EEUU dijeron que ni hablar?, comenta Eduardo Serra.

El disgusto de los norteamericanos ha durado hasta este año. La visita de Obama en este mes interrumpe un periodo de trece años sin haber recibido a ningún presidente de la nación. Aún así, Serra no ve que hayamos recuperado la buena imagen exterior de 2003. ?Margallo es un experto, pero Rajoy ha tomado una posición de absentismo en el interior y en el exterior?, sostiene. El actual presidente ha sido el primer gobernante español en presidir el Consejo de Seguridad de la ONU y ha vivido el lanzamiento de la marca España. Pero tanto él como Zapatero han puesto lo doméstico muy por encima de lo exterior.

Pese a esta inacción, mantenemos contactos de peso. Nuestra relación con Estados Unidos es muy buena, especialmente en defensa. La importancia de la base de Rota ya era resaltada por el senador Ted Kennedy a Eduardo Serra cuando éste visitaba el congreso americano en los años 80 como secretario de Estado de Defensa, y su peso no ha hecho más que crecer. España posee un trato privilegiado con el país norteamericano, que habrá que ver cómo evoluciona cuando se resuelva el tratado de libre comercio entre Europa y EEUU (TTIP) que se está negociando.

Nuestro país da fuerza a Europa en la conexión con Estados Unidos, pero sobre todo la da en la relación con América Latina. Es algo que cada vez va a ser más importante. El año pasado fue el primero en el que el tráfico mercantil en el Pacífico superó al del Atlántico. Latinoamérica empieza a mirar a Oriente, y no hay nadie mejor que España para evitar que se vayan y reforzar los lazos entre este continente y Europa. ?Cuando en Europa se habla de Latinoamérica, todos miran a España, sea cual sea su posición?, dice Eduardo Serra. El ex ministro piensa que ?empieza a sonar la hora de América Latina?, y ahí España ha de jugar un papel destacado. ?Yo acentuaría los esfuerzos en esa región?, insiste Serra.

Para hacerlo, nuestro país debe recuperar la iniciativa. Tener una idea del provenir. Estar de nuevo entre los países que mandan en Europa, como figuraba en 2003. ?Nuestra posición debería ser de líderes en la UE. Contribuir a la toma de decisiones?, afirma Serra. Nuestro declive no tiene nada que ver con la crisis económica. Italia está en una situación peor, y sin embargo tiene compatriotas en puestos relevantes. Los casos de Mario Draghi como presidente del Banco Central Europeo o de Federica Mogherini como Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad quizá sean los ejemplos más palpables.

Los transalpinos tienen más experiencia y son más hábiles que nosotros. ¿Causa? El bajo nivel de nuestros políticos. Se explica que tengan más peso que nuestro país y por qué nos atenaza la precariedad y la incertidumbre.
Como recalca Ignacio Molina, investigador principal de Europa del Real Instituto Elcano, la presencia internacional de España está a niveles relativamente altos si miramos lo ocurrido en el último siglo: exportamos más y tenemos más multinacionales que nunca; la marca España está muy extendida en cultura, deportes o a nivel científico; el atractivo para los turistas sigue siendo parecido al de la crisis. Antes teníamos el 14,5% de población extranjera, y ahora el 13,8%. Sin embargo, ?nuestro peso diplomático en el mundo no está optimizado?, señala Molina. ?Podríamos tener mayor presencia internacional. En parte no la tenemos por culpa nuestra, y en parte por motivos ajenos, como la globalización?, añade.

España no lidera ningún aspecto de la política exterior de la UE. No ha pensado una política en cuestiones fundamentales como la energía. Está menos interconectada con Francia y el norte de África de lo que conviene. No ha sido protagonista del cambio climático, no defiende a las empresas españolas en el Mercosur? Tampoco dirigimos ninguna agencia de la ONU ni institución europea alguna. Contamos con una presencia escasa en Asia-Pacífico, con lo que no solo perdemos oportunidades de negocio: también de estar presentes allí con nuestras ideas y nuestra cultura.

Pero tampoco hay que dramatizar. Nuestro papel diplomático es de potencia media. Estamos en el G20 como invitados, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, contamos con misiones militares de 3.000 soldados (una cifra baja, pero no ha sido mucho mayor). Somos el quinto país más importante de Europa y el octavo-noveno de Occidente. Nuestro tamaño no nos permite estar mucho más arriba. Somos mucho más pequeños que los principales países emergentes. ?Aunque lo hubiéramos hecho de cine, estaríamos en una posición reactiva?, dice Ignacio Molina. Pero no lo hemos hecho de cine: ?Nuestra presencia está muy por debajo de lo que nos corresponde. Y si no estás en la mesa negociando con las estrategias y los papeles, no influyes sobre regiones y temas que son importantes para nosotros?, afirma Molina.

Si se quiere influir, hay que invertir recursos. Un ejemplo: ?Ante la amenaza terrorista, hay que estar dispuesto a tener tropas en el norte de África al día siguiente. Si empiezas con las dudas, no vas a influir?, asegura Molina. ?Invertir en defensa te da respeto?, señala Eduardo Serra. Sobre todo lo da mantener una línea de seriedad, como hacen Turquía, Reino Unido, Francia o Alemania. ?Los países te consideran si eres serio?, afirma Serra. ?Nuestro giro dramático con Zapatero nos hizo perder crédito, y no lo hemos recuperado. Podemos conseguirlo, pero se tarda. Lo que destrozas en un día, tardas años en recobrarlo?, añade. Ignacio Molina admite que se hacen cosas en política exterior, pero se podrían hacer mucho mejor. En buena medida se debe a la falta de personal cualificado: ?Nos faltan cuadros de personas bien conectadas y que hablen idiomas. Localizarlas y colocarlas estratégicamente. Nuestra clase política no está bien preparada?.

España está mejor conectada que nunca globalmente. Tiene una buena base, pero hace falta más trabajo, planificación, estrategia y pensamiento relacionado con el exterior. ?Ahora mismo estamos mal?, admite Ignacio Molina. Pero ?no estamos condenados al declive?, añade. Tan solo hace falta un complemento diplomático a nuestra buena posición a nivel mundial. Si parece tan fácil, ¿por qué no se hace?

La realidad es que la política exterior ha desaparecido de las conversaciones de la calle. También lo ha hecho de la agenda de los dirigentes. Un asunto que puede ser un drama cuando, según Eduardo Serra, el 70% de nuestras decisiones dependen de ella. Quizá deberíamos tomárnosla más en serio.

(publicado en nuestro número de julio y agosto de 2016)