El trabajo de una ONG en Varanasi, Semilla para el Cambio. Cartas desde India

Muchas veces pensamos en la posibilidad de trabajar en una ONG en un país en vías de desarrollo. Pensábamos que podríamos aportar algo que les hiciese la vida más fácil a aquellos que lo necesitaran, dar al menos un poco de nuestro tiempo. Llegamos a Varanasi, India, a la ONG Semilla para el Cambio, en Diciembre y lo que no podíamos imaginar es que casi en el momento de irnos habríamos recibido mucho más de lo que vinimos a dejar. Nuestro tiempo se termina aquí y el de ellos no ha hecho nada más que empezar.

26 de marzo de 2016

El trabajo de una ONG en Varanasi, Semilla para el Cambio. Cartas desde India
La felicidad de los niños de la ONG se contagia nada más verlos, cada uno con su historia y su vida. Universos individuales por descubrir.

Había llovido en Varanasi y las calles estaban llenas de barro, los charcos cruzaban de lado a lado de la calle y lo único bueno que aportaba el agua era que con ella arrastraba toda la polución que había en el ambiente. Por fin se podía respirar sin que picara la garganta aunque el olor proveniente del suelo al mezclarse la suciedad no fuera de lo más agradable. Llegamos por la mañana a clase y vimos que faltaban algunos niños. Sabíamos que unos cuantos tenían paperas y que otros, cuando llueve mucho, los padres, prefieren tenerlos en casa. 


La cocinera de la ONG, Laltusi, así se llama, es una mujer maravillosa. Tiene varios hijos y uno de ellos, Rabiul, viene a la escuela. Laltusi es una mujer muy inteligente y con las ideas muy claras. Sabe lo que quiere para el futuro de sus hijos, no quiere que en el futuro sigan viviendo en los slams, desea un futuro mejor para ellos. Días antes, su hija había dado a luz a una niña muy pequeña que se agarraba a la vida entre paredes de cartón y madera. Hablamos con ella para ir a ver a su nieta y allí nos acercamos por la tarde. La vimos al entrar en su casa. Una estancia de apenas 15 metros cuadrados en donde vivía toda la familia. Allí sobre una cama cuadrada descansaba la recién nacida, junto a su madre. Nos invitaron a sentarnos con ellos y conversamos. El hijo mayor es tremendamente inteligente, habla tres idiomas y ahora gracias a la ONG está aprendiendo castellano. Al salir de su casa, mientras esquivábamos los charcos llenos de barro, nos decía: "Es una pena que hayáis venido hoy con toda esta lluvia que ha caído, normalmente la colonia (el slam) es un sitio muy bonito". 


Los slams en los que viven son asentamientos de chabolas que se encuentran situados en solares. Suelen poseer una especie de calle central y a los lados se sitúan las pequeñas casas por las que pagan una renta muy baja. El suelo es de barro compactado de las pisadas, mezclado con restos de plástico y papel que se les va cayendo de las montañas de material que tienen entre las casas. Allí sus habitantes dedican su tiempo a la recogida de basuras. Separan los diferentes materiales y los revenden a empresas de reciclaje. Tienen que recoger mucha basura para sacar algo de dinero, lo cual les obliga a tener una dedicación casi exclusiva a esta actividad para subsistir. Los slams varían mucho de unos a otros, unos se encuentran en el interior de unas tapias por lo que es casi imposible verlos desde fuera si no se accede directamente a ellos por la puerta. Otros se encuentran rodeados de agua, con pequeños lagos que utilizan casi para todo. En estos lagos también se bañan las búfalas. El agua para beber la sacan de unos pozos de agua que están sin tratar por lo que los problemas estomacales son frecuentes entre ellos. Algunos slams reciben tanques de agua potable que les hace la vida un poco más sencilla. Los slams no son lugares bonitos, son bonitas sus gentes que se sienten orgullosas de verte allí con ellos. Te saludan con enorme simpatía mientras realizan sus quehaceres de cada día. Los niños de la ONG se sorprenden al vernos en el slam y nos sonríen felices, sin zapatos. Nos acompañan por el recinto, nos siguen corriendo, descalzos y miran a sus padres como diciendo "A estos los conozco yo". No nos pierden de vista y nos saludan con la mano cada vez que cruzamos las miradas. Quieren ser médicos, ingenieros o maestros y sueñan con llegar a esas metas contagiándonos sus sueños. Sabemos que pueden, saben que pueden. Por vez primera en mucho tiempo estas gentes inmigrantes de otros puntos de India ven con orgullo que sus hijos leen y hablan idiomas que ellos jamás imaginaron. Asumen que sus hijos alcanzarán cotas que a ellos se les negaron hace tiempo y la voluntad de ser se hace presente en sus miradas. Puede que muchos no lleguen, que algunos renuncien a mitad del camino pero habrá otros que lo consigan y dejen el slam en el recuerdo lejano de su infancia. La dignidad la tienen intacta, jamás se quejan de nada, asumen su presente y hacen lo que tienen que hacer para mejorar su futuro. Son trabajadores, voluntariosos y tremendamente colaborativos. La curiosidad es su fuente de energía y cuando descubren nuevas cosas sus ojos se iluminan como absorbiendo todo el conocimiento para grabarlo a fuego en la mente. Cuando lo entienden no hace falta repetirlo y si no lo cogen no dejarán de hacer preguntas hasta comprenderlo. No tienen complejos y saben que el futuro está lleno de buenas cosas esperándoles. Saben que somos los voluntarios, que somos los que venimos a dar y sin embargo desde el primer minuto lo único que hacemos es recibir. No nos sentimos cooperantes, nos sentimos amigos, compañeros de un camino al que hace unos meses nos unimos. Aquí hay mucha gente que dedica sus vidas por completo a hacer la vida de esta gente un poco más sencilla, proporcionándoles médicos, estudios, facilitándoles asesoramiento en planificación familiar, escuchándolos, hablándolos, haciéndolos sentir las personas que son. Esas personas dedican su vida y su energía por entero a esta gente sin esperar nada a cambio. En semilla para el cambio, así se llama la ONG, se plantaron ilusiones y alegrías y el resultado es un montón de familias que ven un futuro distinto al que imaginaron en un principio, aquí tienen un futuro digno en el que ellos deciden sobre sus vidas, sólo ellos escriben su historia. 


Muchas veces me pregunto sobre qué es la pobreza. Es la escasez o carencia de lo necesario para vivir?. Porque si la felicidad es necesaria como así considero a esta gente, hoy por hoy, solo les falta una disposición económica mayor que les permita vivir en mejores condiciones, alejados del barro, con agua potable, sin enfermedades... y todo eso gracias a la ONG mejora día a día, felicidad y sonrisas no les falta y voluntad de mejorar tampoco. Por eso que los aquí presentes nos dejamos contagiar de esas miradas llenas de luz que nos enseñan a cada momento que la felicidad está en cada uno de nosotros y que no es necesario mucho para que nos sintamos felices. Tenemos mucho que aprender.

Si te interesa ayudar a esta ONG y hacer aún más digna la vida de esta gente no dudes en entrar en su página y hacerte socio. La ayuda llega a estas familias, aquí no se tira el dinero, lo vemos cada día. No supone mucho gasto, te sentirás mejor y harás más fácil la vida de una de estas familias. Muchos de los socios de Semilla para el cambio vienen al menos una vez a visitar a los niños que tienen apadrinados. Recibirás fotos, noticias de su desarrollo y vida en la ONG y estarás al tanto de todos y cada uno de los proyectos. 

SEMILLA PARA EL CAMBIO, la ONG española que trabaja en Varanasi.

Namasté.

Indian Lassi, un viaje por Asia, nuestro blog.