SUICIDIOS POR ACOSO ESCOLAR

Patricia Peyró @kontrolparental

9 de enero de 2016

SUICIDIOS POR ACOSO ESCOLAR
El bullying o el acoso escolar entre iguales se cobra miles de vidas todos los años

Cada cierto tiempo nos estremecemos escuchando o leyendo una nueva noticia acerca del suicidio de algún adolescente a causa del bullying o acoso escolar. Las navidades han dejado en nuestro país a una nueva víctima que nos invita a reflexionar sobre el peligro del bullying y su relación con el suicidio en infancia y adolescencia.

El último ha sido el caso de Alan,un joven barcelonés de 17 años, quien, asediado por su transexualidad, no pudo soportar toda la presión social y burlas vinculadas a su cambio de género, y decidió quitarse la vida.  Es uno de tantos casos de suicidios que se producen en el mundo a causa del acoso escolar. 

Este mal se cobra alrededor de 200 mil suicidios al año entre jóvenes de entre 14 y 28 años según un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud junto a Naciones Unidas.  Por su parte, la asociación británica Beat Bullying declara que, dentro de la Unión Europea, hasta 24 millones de niños y jóvenes al año son víctimas de acoso y maltrato por bullying. Reino Unido parece ser, según la ONU, el país más afectado por el bullying, seguido por Rusia, Irlanda, España e Italia.

El acoso, que pasa a llamarse "ciberbullying" cuando se produce en el entorno de internet constituye una "realidad incómoda" para todos los implicados (colegios, padres de los acosadores, padres de los acosados...),  y sin embargo, cada vez se toma más en serio a medida que se conoce la magnitud del fenómeno, hasta el punto de convertirse en materia de interés institucional en muchos países del mundo por su alta prevalencia, dadas las graves consecuencias que tienen para el menor, así como por la dificultad de su detección inicial y de su abordaje posterior.  

¿Por qué se produce el acoso?

La expresión "los niños son muy crueles" nos da alguna explicación al fenómeno: los niños tienen una manifiesta falta de madurez les impide empatizar lo suficiente con los demás, y por ello suelen aprovechar los "defectos" de sus compañeros, sean reales o imaginarios, para ridiculizarlos y así convertirse en protagonistas, o sentirse mejor y más fuertes a los ojos de los demás.

Las palabras que se dirigen con malas intenciones pueden hacer un enorme daño a los niños y adolescentes que todavía no tienen recursos para enfrentarlo por su falta de madurez, ni tampoco saben discriminar entre la gravedad de unas palabras que, inicialmente, pueden tratarse de una broma.

Por otro lado está el agravante de la difusión vírica alcanzado a través de las redes sociales y canales de chat como el os WhatsApp.

La prevención es responsabilidad de los padres y educadores

El papel de los padres para prevenirlo es fundamental, ejerciendo una tutela responsable sobre cómo utilizan sus hijos las nuevas tecnologías. También es vital el papel de los docentes y educadores, pues es precisamente a partir del ámbito escolar donde se señalan las víctimas y se inician las campañas, debiendo el profesorado detectar la aparición de estas conductas e informar sobre las graves consecuencias de este acoso a los padres.