Perros callejeros. Cartas desde India

Las ciudades de India destacan por la cantidad de animales que circulan por sus calles. Tras la época de apareamiento llegan los nacimientos e India se llena de cachorros que en muchas ocasiones mueren por la falta de alimento. Son muchos los seres humanos que ofrecen lo poco que tiene y hacen que la vida de estos animales resulte un poco menos dura.

30 de diciembre de 2015

Perros callejeros. Cartas desde India
Los cachorros son muy juguetones y aunque la tentación es grande es mejor no tocarlos ya que en muchas ocasiones están llenos de parásitos y enfermedades.

Similar a la película de Antonio de la Loma de los 70 llamada "Perros callejeros" salvo que en esta ocasión se trata de perros de verdad y es tan grave la situación que viven, de miseria absoluta, que bien se merecen este escrito. De los otros perros callejeros, de los que roban, beben y viven tirados en las calles abandonando a sus familias ya hablaré en otra ocasión. Esta vez es de esos otros que corren a cuatro patas y que son tan inocentes de la vida que tienen en cada día un auténtico reto de supervivencia. 


Pululan por la ciudad como almas en pena, sin rumbo fijo pero controlando el límite de sus dominios ya que salir de ellos les puede salir muy caro. Por la noche pasan por diferentes fases, primero corretean de lado a lado en grupos de cinco o seis, generalmente machos y de entre ellos siempre hay uno más erizado que el resto que es quien más levanta la cabeza, siempre es ese el primero que se posiciona en una pelea. El resto supeditados a este quizás esperan su oportunidad para ocupar su puesto o como subordinados obedientes mantendrán su puesto en la jerarquía de la calle. Quien sabe, la cosa es que por la noche las bandas de perros se apoderan de la ciudad y pasear por sus calles es contemplar toda una estrategia de posiciones dignas de una guerra de guerrillas


Por el día, como exhaustos duermen por los rincones, sobre los anchos asientos de las motos o escondidos entre la basura esperando que caiga la noche. Mientras tanto las perras con sus cachorros corretean en busca de comida. Las camadas son enormes, algunas de seis perros, lo que supone un desgaste enorme para unas perras que sin crías ya pasan hambre.


Hace unos días paseábamos por Dashaswamedh Ghat, uno de los Ghats más conocidos de esta ciudad cuando contemplamos a una pobre perra que parecía perdida. La seguía un cachorro que arrastraba sus patas e intentaba coger uno de los pezones de la madre. El problema era que estos no daban leche. Otros dos cachorros de la misma perra permanecían tumbados sobre una tabla. Uno de ellos estaba tan delgado que hasta la piel le quedaba tirante en ese saco de huesos que era su cuerpo. Abría y cerraba la boca como intentando coger aire que alimentara su estómago. A duras penas consiguió ponerse en pie y se arrastró como pudo hasta su hermano que estaba a cuarenta centímetros escasos. Una vez se tumbó el otro se levantó y se apartó. La muerte le estaba próxima y el otro hermano parecía detectarlo. Un poco más allá, junto a una hoguera el cuarto de la camada permanecía tumbado junto a unos rescoldos. No se movía y su piel se ajustaba a su cuerpo como un traje que termina quedando pequeño. Sus ojos estaban hundidos y hacía poco tiempo que sus pulmones habían dejado de respirar. Para ese cachorro el sufrimiento había terminado. Poco se puede hacer por estos perros y son tantas las enfermedades que a esas alturas tienen que es mejor no acercarse. Fácil es decir eso de "yo lo cogería y me lo llevaría" y fácil es responder "y luego?". Esta es quizás la manera que la naturaleza tiene de regular este proceso de nacimientos y muertes, por eso son tantos los cachorros que aquí nacen por camada y tantos los que mueren.


Muchos son los perros que mal viven en las calles de Varanasi. Pero no todos parecen vivir en el olvido. Siempre hay alguien que les lleva algo de comida que les hace la vida menos complicada. Siempre hay alguien que aparece entre las sombras con un trozo de periódico que abre para dejar caer algo de comida. Es raro ver perros que pasen hambre. Es raro ver a una perra que no puede dar de mamar a sus cachorros y es difícil hacer algo por ellos. Este escrito no es tanto por los perros que sufren sino por las personas que teniendo igual de poco que esos perros reparten con ellos lo que pueden. Muchas mañanas veo a esos perros durmiendo y junto a sus cuerpos, esperando el despertar, esperan un puñado de galletas.


Sabemos que hay alguna ONG por la zona que se encarga de esterilizarlos y evitar que el número de animales siga creciendo y se pasa mal cuando se ven cachorros llenos de heridas, con sarna agonizando en la calle. Son esos momentos, cuando ves a esa gente que los cuida y los medica cuando te das cuenta que hay mucha gente buena en el mundo. 


En la calle a la que acudo cada día hay un montón de estos perros. Hoy uno se encontraba enganchado a una perra cuando llegó otro y se lió a mordiscos con él. El otro, aún enganchado a la perra, se retorcía en el suelo intentando no recibir mordiscos en las orejas. Un hombre con una vara de plástico le arreaba al atacante en el lomo para que dejase en paz al primero. Cualquiera mete la mano en una pelea de perros callejeros . Un poco más allá, junto a mi destino una madre cuida de los dos últimos cachorros que le quedan, ayer murió el tercero. Alguien los cubre con unas telas entre una farola y la esquina de una casa, siempre están allí. Uno de ellos cada vez está más gordito y el otro, más pequeño, parece sano aunque de pequeñas dimensiones. Aquí el sexo del animal influye desde los primeros minutos de vida y los machos ocupan los mejores puestos a la hora de mamar. Aquí, las hembras también lo tienen muy difícil. Al final da igual la especie animal que siempre es la misma historia, sin ellas no habría ellos y la existencia de ellos hace más difícil la vida de ellas. 

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Namasté