El fin de año que pasamos en Vang Vieng. Cartas desde Laos

Cuando uno piensa en pasar de manera diferente el fin de año se imagina de todo menos llegar a las doce del día 31 sobre un puente de bambú sobre un afluente del río Mekong acompañado de extraños. Allí, en medio de Laos, nos pilló, en contra de nuestros, deseos el fin de año de 2013.

9 de noviembre de 2015

El fin de año que pasamos en Vang Vieng. Cartas desde Laos
Los puentes de bambú son típicos en Laos. Las crecidas los hacen desparecer y los levantan en pocos días para seguir con la actividad de la zona.

Pensamos mucho las semanas anteriores al fin de año de 2013 dónde nos pillaría la fecha en cuestión. Cuando viajas con una mochila a la espalda y poca planificación de fechas cualquier cosa es posible. Hay días que se recorren muchos kilómetros y otros en los que a penas se avanza. Lo que teníamos claro era que no queríamos caer en Vang Vieng. Incluso habíamos pensado no pasar por esta pequeña población situada en el centro de Laos. 

Habíamos leído que Vang Vieng era uno de esos lugares donde los extranjeros acuden en masa para subirse en una cámara de aire y así dejarse llevar por la corriente del río mientras se ahogan en cerveza. También habíamos leído que muchos de esos viajeros mueren ahogados al caerse de los flotadores. No nos apetecía vernos rodeados de guiris que acuden al otro lado del mundo para hacer eso mismo que hacen en sitios más cercanos, emborracharse hasta morir. Nos imaginábamos jóvenes sonrosados por el sol, llevando chanclas y camisetas de tirantes con bañadores de colores fosforitos subidos en ruedas con medio cuerpo en el agua y manos ocupadas por grandes pintas de cerveza. 

Algo de eso encontramos en Vang Vieng. En los laterales del rio había zonas donde atracar aquellas monstruosidades de goma pero se veía que algo había ocurrido porque no había ni rastro de los navegantes. Según nos contaron debido al gran número de personas ahogadas las autoridades estaban tratando de regular la actividad llamada "Tubing" ya que daba mucho dinero al pueblo como para dejar de tenerla en cuenta. Los amantes de la cerveza estaban, incluso llevaban sus chanclas, sus bañadores de colores y sus camisetas de tirantes pero se limitaban a beber en los laterales del río. 

Vang Vieng estaba llena de gente que por el día se desperdigaba en actividades que realizaban por los alrededores. Cuevas, cascadas y largos paseos en moto por algunas de las montañas que rodeaban el pueblo.  Entre esos lugares se encontraba la Blue lagoon. Este lugar estaba justo bajo la boca de una cueva de grandes dimensiones. La laguna era de color azul turquesa y no se veía el fondo. Aunque sus dimensiones eran pequeñas se encontraba llena de gente, allí pasamos la tarde del fin de año pensando qué hacer por la noche. 

Una vez se echó la noche sobre nosotros solo quedó buscar un lugar en el que cenar. Al tratarse de una noche algo más especial los restaurantes se llenan, también en Laos. Lo curioso resultaba ver en todos ellos la imagen de grupos de gente en silencio viendo en grandes pantallas la serie "friends". Los restaurantes de este lado del rio poseen terrazas que se sitúan justo unos metros encima del río y desde allí es posible ver la estructura de bambú que cruza al otro lado. 

No sé en que momento decidimos dar un paseo, la cosa es que nos cogió las doce de la  noche en medio de aquel puente. Allí quedamos junto a un par de amigos checos y su hijo con los que habíamos coincidido en varias ciudades con anterioridad. Al tratarse de Asia pensamos que a las doce en punto el cielo se iluminaría con fantásticos juegos de luces artificiales... pero nada de eso ocurrió. Las doce de la noche llegó como todas las anteriores y tras un rato de charla fuimos en busca de un lugar en el que poder tomar unas cervezas. 

Allí, sentados en una mesa de un bar irlandés en medio de Laos recordamos la anécdota del día anterior en el que una niña de a penas doce años nos hizo de guía en una de las muchas cuevas de la zona. La muchacha portaba una linterna que a penas daba luz y nos indicaba que le siguiéramos mientras con una voz sacada de una película de miedo nos decía apuntando las estalactitas -Take care- (cuidado). El suelo resbalaba, las estalactitas amenazaban con hacernos una brecha en la cabeza, los insectos se subían por nuestra ropa, los agujeros del suelo que llevaban al mismísimo infierno no se veían porque a penas teníamos luz, el calor sofocante empañaba cámaras y ojos pero lo que más miedo daba era esa niña cuando con la linterna apuntaba su cara y decía aquellas palabras. 

Fue un fin de año tranquilo, rodeado de buena gente que buscaba nuevas sensaciones. Nadie hizo "tubing" y por consiguiente nadie se ahogó esa noche. El fin de año lejos de casa siempre es extraño y al final esas personas que conoces en medio del camino por unas horas se convierten en lo más parecido a la familia. Pasar la coche vieja en Vang Vieng fue un buen negocio ya que el lugar es espectacular y hay muchas actividades que se pueden realizar. Se trata pues de un lugar muy recomendable donde pasar unos cuantos días. Nos despedimos de aquella pareja y su hijo montados en la moto y quedamos en vernos de nuevo en la República Checa en una futura visita que realizaremos a la vuelta de nuestro próximo viaje de regreso a India. 

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Namasté