Disputa entre vecinos

Se habían generado dos grupos de poder: los del portal A y los del portal B. Los primeros, querían separarse de los segundos. El motivo era la supuesta cicatería de los vecinos del portal B, que "siempre se negaban a hacer arreglos en la escalera".

23 de septiembre de 2015

Disputa entre vecinos
Vecinos

Hace un tiempo, acudió a mi despacho una persona a fin de conocer mi opinión jurídica sobre un problema surgido en su comunidad de propietarios.

La situación consistía en que en el año 50, una cooperativa del Gremio del Taxi, había construido un edificio.

El edificio, pequeño y humilde, albergaba 16 viviendas de pequeño tamaño, en las que crecieron familias de las de aquellas épocas, apañándose como se apañaba uno antes de las sillas de los coches para niños, de los esterilizadores y los nebulizadores para la tos.

Esas dieciséis viviendas se distribuían por mitades en dos portales y escaleras independientes. Cada portal tenía 4 alturas con dos viviendas por piso.

En el momento de constituir la Comunidad de Propietarios, los vecinos del inmueble, que compartían jardín, cubierta y fachada, decidieron aprobar unos estatutos por los que cada vecino correría con los gastos en función de su porcentaje de propiedad sobre el total de la propiedad. Es decir, los pisos más grandes, tendrían que correr con más gastos que los más pequeños al tener una mayor cuota de propiedad.

Transcurrieron los años, y aquellas familias se desarrollaron en un ambiente propio de la España Franquista, pasaron el tardo franquismo, la transición y llegaron en plenitud a la democracia. Durante ese tiempo, algunas familias llegaron, otras marcharon, unos hijos estudiaron y otros trabajaron, alguno incluso no hizo nada o, simplemente, padecía una minusvalía y necesitó de los cuidados y ayuda de su familia. Algunos mejoraron económicamente, otros, simplemente, sobrevivieron. Algunos vecinos forjaron una gran amistad y otros.... Otros vivían en continua guerra.

En el año 2009, en los albores del ciclo bajista de la economía, se habían generado dos grupos de poder. Los del portal A y los del portal B. Los primeros, querían separarse de los segundos. El motivo era la supuesta cicatería de los vecinos del portal B, que "siempre se negaban a hacer arreglos en la escalera".

Los vecinos del portal A, parecían gozar de mejor salud económica, y querían adornar su escalera con una nueva pintura e iluminación. Los vecinos del portal B consideraban que la decoración no se había amortizado en ese momento.

Los vecinos empezaron a murmurar, la enemistad crecía entre escaleras, aunque luego los vecinos que eran amigos de siempre seguían siéndolo. "Eso es cosa de la del  3ºB, que se ha emperrado,......".

Llegó el gran día, la Junta General de Propietarios era un hervidero, el Administrador de fincas tenía serios problemas para organizar aquel desorden de voces y gestos. - ¡¡¡¡SILENCIO!!!. Por favor,....

La cuestión principal en el Orden del día era la propuesta del portal A a segregarse como Comunidad de Propietarios. Ellos querían gestionar su tesorería. El portal B no estaba muy convencido.

Con la Ley en la mano, aquello no era del todo imposible. Si esa era la voluntad de los propietarios...

Pero un vecino astuto avisó. - ¿Que pasará cuando se estropee la preciosa cubierta a cuatro aguas del edificio?. ¿Quién pagará las tejas? ¿Y si es la fachada?

Uno de los vecinos más activos del portal A aseguró, que en tal caso, se estudiaría a quien correspondía físicamente la parte afectada y cada portal correría con el gasto que le correspondiese. Muy fácil.

La Junta aprobó aquel cambio.

Lo que no tuvieron en cuanta aquellos vecinos fue, que la naturaleza es caprichosa y no siempre trata a todos por igual, desconoce las leyes humanas e incluso, a veces, parece que olvidase las de la física.

Una noche de septiembre, se originó una fuerte tormenta con gran aparataje eléctrico.

Los árboles se doblaban al paso del enfurecido viento, el agua de lluvia golpeaba los cristales de las ventanas y las fachadas, y los truenos retumbaban dentro de las paredes del pequeño edificio.

En un momento desgraciado, un rayo aterrizó en la cubierta del edificio destruyendo parte del mismo y algo de la fachada.

Estos daños, eran cuantiosos, y afectaban sólo a los vecinos del portal A. Los del B, aunque asustados, respiraban aliviados cuando escampó, al ver su propiedad intacta. Los del portal A, hacían cuentas para calcular el alcance económico de las reparaciones.

¿Qué habría pasado si no se hubiera aprobado la modificación del régimen jurídico de la Comunidad?

Simplemente, que todas las reparaciones se habrían sufragado con los fondos de tesorería y derramas de la totalidad de los 16 propietarios del edificio, que se habrían repartido el esfuerzo. El funcionamiento es similar al de una aseguradora.

Pero la mala fortuna hizo que los antaño orgullosos vecinos del portal A ya no tuvieran fondos para adornar su escalera y debieran aportar todos los fondos para evitar el derrumbe de su parte del edificio.

Si usted está pensando en imitar al portal A, recuerde que el seguro, en todas partes del mundo, tiene una doble función, la económica y la social. La primera elimina la incertidumbre económica sobre el futuro logrando aumentar la eficiencia, estabiliza la riqueza, combate la pobreza y estimula el ahorro.

La segunda estimula la previsión, contribuye con el mejoramiento de las condiciones de vida.