¡La culpa es tuya!

Una de los síntomas claros de la transición entre adolescencia y madurez, es empezar a asumir errores en nuestras decisiones, en nuestros actos y hacer algo para cambiarlo. Pero hay personas que no llegan a hacer la transición y suelen culpar al resto del mundo o a las circunstancias de sus errores.

26 de junio de 2015

¡La culpa es tuya!

Un típico comportamiento es el de buscar culpables de los propios errores, o de las cosas que no dan el resultado que queremos, en factores externos a uno mismo o a las circunstancias. Culpamos a otras personas, al tiempo, al signo del zodíaco, a nuestra (mala) suerte, etc., en vez de intentar darnos cuenta de la participación que tenemos en lo que sucedió y en qué podemos hacer para cambiar la situación.

Muchas personas son incapaces de aceptar que cometieron un error. Es mejor acusar a otra persona, decir que no pudieron hacer lo que nosotros queríamos por incompetencia, falta de dedicación de la otra parte y del resto de circunstancias, o  que no pudimos o no supimos actuar de la manera correcta para alcanzar el objetivo que deseábamos.

Es muy cómodo atribuirle a terceros que las cosas no hayan salido como buscábamos. Esto nos da seguridad, ya que nos quita toda responsabilidad sobre los acontecimientos desagradables de nuestra vida. Mis aciertos son míos, los desaciertos son culpa de los otros. De esta manera, al no ser responsables de nuestros errores no podemos ni pueden exigirnos un esfuerzo extra para que cambiemos aquello que no funciona, ¡cómo vamos a cambiar aquello que escapa de nuestro control!

Cuando uno se acostumbra a atribuirle a terceros el fracaso propio, se termina cediendo el control sobre la propia existencia a otros y como consecuencia seremos  incapaces de tomar acciones para corregir desaciertos y tener una mejor calidad de vida, ya que nunca seremos dueños de nuestros actos.

Por el contrario, si asumimos que llegue tarde a la cita por salir tarde de casa y no porque pillamos tráfico, nos ha costado aparcar etc., habremos dado el primer paso, crucial, para salir del estancamiento y ser dueños de nuestra vida. Podremos tomar decisiones diferentes la próxima vez y que no vuelva a pasar.

Esta asunción de responsabilidades aunque parezca contradictorio, nos hará sentirnos más libres, puesto que no tendremos la sensación de que otros tienen control sobre nuestra vida ¡sólo la tendremos nosotros! gracias a este control podremos cambiar cualquier comportamiento o actitud que no nos guste de nosotros mismos y sobre todo podremos trabajar para conseguir aquello que deseamos.