¿Dulce hogar o campo de batalla?

He tenido algunas consultas sobre parejas en crisis y me ha parecido un tema interesante a tratar.

19 de junio de 2015

¿Dulce hogar o campo de batalla?

Últimamente he observado que a mi alrededor hay una especie de mala racha en las relaciones de pareja.

 El primer signo de alarma que tengo como profesional cuando me cuentan el problema es que en la mayoría de parejas no existe un pilar básico de proyecto en común consensuado. Cada parte de la relación lucha porque se cumplan sus deseos y que ceda el otro;  sobre todo es importante que se cumplan los deseos y/o necesidades que yo tengo blandiendo como arma que se tiene que respetar la individualidad y el desarrollo personal de cada uno.

Que cada miembro de la pareja tenga sus propias metas, objetivos y deseos no es nada malo, es más, ayuda a que la vida tenga alicientes y no sea solo rutina y obligaciones; el problema viene cuando estos anhelos implican que la otra parte pierda los suyos, o sienta que sus necesidades emocionales no se cubren porque la otra parte solo pone esfuerzo en su propio bienestar. Por eso es tan importante cuando se construye una relación que tenga unos pilares que garanticen el bienestar de ambos y eso se consigue teniendo un proyecto en común y que los dos se sientan realizados con éste. Entre los puntos que más conflicto se crea es en tener o no tener hijos, importancia que se le da a la familia extensa (padres, tíos, abuelos etc.), dedicación que se le da al trabajo, al ocio,  el reparto de tareas domésticas y el tiempo que se dedica a disfrutar cada parte de la otra.

Muchas parejas toman estas decisiones sobre la marcha y cuando se plantea el problema (demasiados fines de semana en casa de los suegros, no colaboración en tareas domésticas entre otros) y claro en ese momento, cuando existe tensión y sentimientos negativos, se empieza a  desgastar la relación consiguiendo que se implanten las discusiones como herramienta de comunicación en vez del diálogo. En este punto, las discusiones se pueden convertir en el centro de la relación ocupando todo el tiempo que se pasa en pareja o familia llevándonos  al final, casi siempre,  ante dos posibles salidas: una, aguantar en una relación infeliz, por motivos equivocados tales como "es que llevamos muchos años juntos, es que los niños son felices así o es que necesitamos dos sueldos para vivir" en vez de el motivo por el que deberíamos mantener una relación que sería ser feliz y sentirse querido; la otra es la ruptura y el problema viene en que cuando una ruptura es conflictiva, suele dar muchos coletazos y crear muchos enfrentamientos  y reproches por temas en los que ya no podemos opinar, como las decisiones que toma la otra parte en temas amorosos o de ocio, que suelen ser los que más nos duelen.

Hoy en día donde la individualidad es una variable en alza (todos queremos ser diferentes, únicos y especiales) parece una tontería y una antigüedad hablar de proyecto en común con unas bases establecidas; para mucha gente el proyecto en común empieza y acaba en habitar el mismo techo, ese es su compromiso. El compromiso emocional (sentirse querido, especial, importante para la otra parte) se aparca en pro del compromiso con uno mismo, y no, no se pueden hacer cosas que a uno mismo le satisfagan pero a la otra parte la dañen con la excusa de que es mi decisión o es que la otra parte es una quejica. Decisiones como comer todos los domingos con la familia extensa de una parte pueden dañar una relación si la otra parte no está a gusto con ese plan y sentirá que sus necesidades no son importantes; prestar más atención al móvil o a la tele que a la conversación de la pareja puede ser otro ejemplo.

Por eso, es vital, establecer un proyecto en común con sus normas y que tenga en cuenta las necesidades de todas las partes antes de que surja el conflicto, porque en ese  contexto las dos partes estarán más dispuestas a llegar a acuerdos que hagan la convivencia y las relaciones sociales más placenteras para las dos partes. Y cuando las dos partes sean felices, no convertiremos nuestro hogar de un sitio donde sentirnos cómodos y tranquilos a un campo de batalla.