Ramón Do Casar: homenaje a la emigración gallega

Nada hay más bonito que las imágenes que nos recuerdan que "cualquier tiempo pasado no fue mejor". Postales de la memoria que nos sirven para hacer homenaje a aquellos que consiguieron un sueño con sacrificio y esfuerzo. Las etiquetas de la bodega del Ribeiro "Ramón do Casar" recuerdan épocas de emigración de un hombre, Ramón, que hoy protagoniza una historia de visión y esfuerzo convertida en un vino arraigado en la mejor tradición de la ribera del Miño

18 de junio de 2015

Ramón Do Casar: homenaje a la emigración gallega
Ramón Do Casar

Ramón, Etelvino y Javier González Sabucedo, son los tres hermanos promotores de la bodega del ribeiro Ramón do Casar, situada en Castrelo de Miño, y que es la continuación de varias generaciones de la familia dedicadas a la viticultura. Javier González está al frente de la bodega, aunque el proyecto cuenta con el apoyo inversor de sus dos hermanos, Etelvino y Ramón, empresarios en Venezuela.

La finca Veiga Bella fue adquirida por su antecesor Ramón González Figuereido, 20 años después de que en 1955 emigrara al otro lado del Atlántico en busca de un sueño, como muchos gallegos de la época. Algo más de 16 hectáreas que constituyen un privilegiado terreno para la crianza de variedades autóctonas de uvas como la Treixadura, Godello o Albariño, que se cultivan en la propia finca. Uvas cosechadas bajo el amparo de la producción integrada, siguiendo procesos de trabajo que aprovechan todas las propiedades naturales de sus frutos.

Ramón do Casar / Ramón do Casar Treixadura

En estos momentos ya tienen en el mercado 60.000 botellas, aunque la capacidad de la bodega es de casi 300.000. Elaboran dos vinos blancos, que están dentro de la D.O Ribeiro: un monovarietal de Treixadura y otro elaborado con la misma variedad y con godello y albariño. Su apuesta principal está en la exportación a países como Venezuela, Panamá, Estados Unidos y Suiza, pero sin olvidar el mercado español.

Las instalaciones, que ocupan una superficie de 2.500 metros cuadrados, están rodeadas de un viñedo de 8 hectáreas, que se plantaron en el año 2000. En el 2007 Pablo Estévez asumió la dirección técnica de viticultura. Su dedicación al estudio sobre los vinos del Ribeiro le ha llevado durante un periodo de cuatro años, a realizar trabajos de investigación en la Universidad de Vigo relacionados con la enología y centrados sobre todo en vinos elaborados en esta zona de Galicia. Pablo ha apostado por el cultivo de variedades autóctonas, ya que son las mejor adaptadas a las condiciones climatológicas y, a su vez, las que le confieren personalidad a esos vinos que empiezan a ganar premios y reconocimientos, como el Baco de Plata y el Bacchus de Oro 2015 para el Ramón do Casar Treixadura, ambos concursos organizados por la Unión Española de Catadores.

Catar durante dos jornadas seguidas al lado de Pablo Estévez y ver que coincidimos en muchos criterios, ha sido una de las mayores satisfacciones que he vivido esta temporada en el mundo del vino. Todo un privilegio.

Pablo Estévez

La Treixadura tiene una estructura que confiere a estos vinos una destacada persistencia en boca y la variedad de Albariño le aporta vino una alta intensidad aromática y un ligero punto de acidez, mientras que la Godello le transmite untuosidad, equilibrio y redondez.

El Ramón do Casar 2014 es meloso, equilibrado, largo y con la frescura adecuada para dejar un largo recuerdo de fruta.

El Ramón do Casar Treixadura es intenso en aromas, elegante y lleno de matices con notas de manzana verde, piña y melocotón sobre un fondo herbal de menta y eucalipto , bien estructurado en boca y con toda la frescura de la fruta para dejarnos un largo recuerdo aromático.

La acidez equilibrada y persistencia de estos vinos hacen que podamos disfrutar de infinitas posibilidades gastronómicas. 

La imagen elegida para la etiqueta de Ramón do Casar es una foto de Alberto Martí, uno de los más destacados fotógrafos gallegos del siglo XX y reportero gráfico de La Voz de Galicia. Fue portada del libro "Os Adeuses" publicado en 2010 por el Consello da Cultura Galega de La Xunta de Galicia. Martí documentó como nadie la emigración gallega de los años 40, 50 y 60, inmortalizando escenas que son objeto de numerosas exposiciones. Hoy esa etiqueta empieza a representar el cariño por las cosas bien hechas.