La chuminada de Neymar y la revancha de Lisboa en la Champions

El empate del Barcelona ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán deja a los azulgrana sin margen de error en la Liga y con el Madrid a tan solo dos puntos en la clasificación.

13 de abril de 2015

La chuminada de Neymar y la revancha de Lisboa en la Champions
Messi, Mathieu y Neymar celebran uno de los goles del Barça.

Habemus Liga.

El empate del Barcelona en el Pizjuán ante el Sevilla y la victoria del Madrid en casa ante el Eibar deja a los blancos a tan solo dos puntos del Barça, situación impensable tras la primera media hora de juego en el Pizjuán.

El Barça dominaba con puño de hierro. 0-2, con golazos de Messi y Neymar y con un mensaje nítido al Madrid: "Vamos a por la Liga".

Todo cambió tras el 1-2 del Sevilla. Claudio Bravo (en uno de sus pocos errores del curso) pudo hacer más en un disparo de Banega y metió a los de Emery en el partido.

En la segunda parte, el Sevilla tiró de fe y consiguió el empate tras una buena contra iniciada por Reyes, conducida por Aleix Vidal y finalizada por Gameiro.

No deja de ser curioso que los dos goles hispalenses llegasen como consecuencia de errores individuales de dos de los pilares en los el Barça había cimentado su escalada hacia el liderato: Bravo y Piqué, quien erró en el pase que originó la contra del empate. 

Si grave es el empate para Luis Enrique, casi peor se antoja la ´chuminada' de Neymar. El brasileño, que volvió a ser sustituido, mostró una vez más su enfado y disconformidad con la decisión de su entrenador.

Neymar, en esta ocasión, fue un paso más allá. Del enfado pasó al menosprecio. Camino del banquillo hizo el típico gesto italiano, juntando todos los dedos de una mano, mostrando su incredulidad. Al llegar al banquillo, y con Luis Enrique de espaldas, aplaudió irónicamente la decisión de su entrenador. El brasileño, al que no pudieron frenar sus compañeros en el banquillo a pesar de los intentos de Rafinha, Ter Stegen o Mascherano, completó su recital lanzando de mala manera sus botas, medias y vendas.

Que rece lo que sepa para que Luis Enrique cubra sus ojos con una de ellas. Tiene suerte Neymar de la posición de debilidad de su entrenador. Con un Guardiola o un Mourinho de la vida en el banquillo, los próximos partidos del Barça los veía desde su casa.

El debate va más allá de lo acertado o no de la decisión. Porque Luis Enrique, como sus jugadores en el terreno de juego, se puede equivocar. Eso no justifica, en ningún caso, el gesto de Neymar. En realidad, el 'feo' no es para Luis Enrique. El menosprecio (ya tiene su gracia hablar de menosprecio en algo relacionado con Neymar) es hacia Xavi y el resto de compañeros que no juegan.

El empate vuelve a meter en la pelea por la Liga al Madrid, que superó al Eibar con facilidad con uno de esos mapas de control de combustible de la F1 activado.

A la vuelta de la esquina, claro, espera en la Champions el Atlético de Madrid, en la revancha, si eso fuese posible, de la final de Lisboa.

La final de Sergio Ramos, del 92:48, de Florentino con los brazos al cielo, de Xabi Alonso corriendo detrás de su alma por la banda de Da Luz, de las lágrimas de Marcelo; también la del sueño que acabó en pesadilla atlética, el gesto del Cebolla Rodríguez con las manos en la cara, la de Simeone pidiendo orgulloso a los suyos que subiesen su cabeza...

Una final inolvidable, por distintos motivos, para madridistas y atléticos. En lo que a uno concierne, por ser una noche de mayo que siempre recordaremos por Julio.