La Adolescencia. ¡Qué miedo!

La adolescencia. Un momento temido por padres y niños. Los padres lo temen porque sus hijos empiezan a "descontrolarse" llegada esta edad. Para los niños, es un momento de grandes cambios difíciles de afrontar.

Por Elena Osborne. elenaosborne@hotmail.com / @elenaosborne84

3 de abril de 2015

La Adolescencia. ¡Qué miedo!
Adolescentes. Archivo

La edad de inicio de la adolescencia varía según el género. En las chicas empieza antes que en los chicos, en torno a los 9-10 años. En los niños un poco más tarde, en torno a los 12 años. Y no termina hasta aproximadamente los 18 años. Nos esperan 10 largos años de cambios de humor sin motivo y de escuchar la frase "tu no me entiendes". Pero, aunque para los padres sea una etapa complicada, no hay que dejar de pensar que para los niños es aún más difícil.


¿Qué cambios se observan en esta etapa del desarrollo?


Se producen tanto cambios físicos como psicológicos. Los cambios físicos, sobre todo en las niñas, pueden ser para ellas algo complicado. Dejan de ser niñas para convertirse en mujeres y éste es un cambio, a veces, difícil de afrontar. Aparece la vergüenza por los cambios en el propio cuerpo. Como padres nos podemos encontrar en la situación en la cual, de repente, nuestra hija ya no quiere que la veamos cambiándose, por ejemplo, o nos dirá que llamemos a la puerta antes de entrar en su cuarto. ¿Antes siempre dejaba la puerta abierta y ahora tenemos que pedir permiso en nuestra propia casa? Sí. No nos lo debemos tomar como un rechazo por parte de nuestros hijos, sino como la forma que tienen de "despegarse de nosotros" y como una necesidad de privacidad.


Éste desapego o desvinculación hacia los padres, es algo normal. De hecho, es necesario. No es otra cosa que la necesidad de individualización, independencia del niño. Los hijos empiezan a darse cuenta que los padres no son perfectos. Antes, para ellos, los padres eran como Supermán, unos héroes que nunca se equivocan. Pero llegada la adolescencia, esta visión de los padres cambia hacia algo más realista. Los niños se dan cuenta que sus padres no son superhéroes y que cometen errores. Son las primeras decepciones a las que los niños se van a enfrentar. Y es algo bueno. Con estas primeras decepciones los niños aprenden herramientas que les servirán en un futuro para afrontar situaciones más difíciles.


Veremos como para nuestros hijos empieza a ser más importante lo que dicen y piensan sus amigos que lo que pensamos nosotros. Según nuestros hijos, nosotros "no nos enteramos de nada". Es lo que dicen sus amigos lo que tiene valor. Esto se debe a la presión ejercida por el grupo de iguales, es decir, el grupo de personas con sus mismos intereses y necesidades. El grupo de iguales cobra una gran importancia en estos momentos, y el comportamiento de nuestros hijos estará muy influenciado por el comportamiento del grupo. Lo que hagan ellos lo harán nuestros hijos, no porque estén más o menos de acuerdo, sino por la necesidad que se despierta en esta etapa de pertenecer al grupo. Para ellos es lo más importante. Esta necesidad de pertenencia al grupo, aunque, obviamente, influyen otros factores, puede ser la culpable del inicio de consumo de drogas y de otras conductas de riesgo propias de esta edad. De ahí, que sea importante que conozcamos al grupo de pertenencia.


Los cambios de humor son constantes, tan pronto están emocionados como de repente el mundo está contra ellos. De repente nos adoran y al momento somos los culpables de todos sus males. No desesperéis, los niños está sometidos a cambios hormonales importantes que provocan que sus emociones estén descontroladas, y ellos no tienen todavía las herramientas necesarias para autorregularse y, además, no entienden qué les pasa, lo que no hace más que aumentar esa inestabilidad emocional.


No existe una receta mágica para que nuestros hijos pasen por esta etapa de manera normal, es decir, sin que parezca que se han convertido en pequeños monstruos. Hay que armarse de paciencia, ser más firme que nunca a la hora de establecer los límites y, sobre todo, ponernos en su lugar. Nosotros también hemos sido adolescentes.