Los Terribles Dos

Todos o casi todos hemos visto o vivido el momento de estar en el supermercado, en una tienda o en la calle y un niño se tira al suelo y empieza a berrear y a patalear como si le estuviéramos matando, y cómo la madre se va poniendo roja y parece pensar "qué vergüenza, ¿dónde me meto?, ¿qué hago?". Estas rabietas son normales cuando el niño llega a los dos años, dos años y medio, son los "terribles dos años".

Por Elena Osborne

6 de marzo de 2015

Los Terribles Dos
Bebé llorando. Archivo

Y ¿por qué son tan terribles? Porque nuestro pequeño que, hasta ahora, quitando alguna rabieta puntual, había sido pura dulzura y ternura, de repente, es un pequeño diablo. Aparecen las rabietas, la agresividad y el "NO". 

 
Estas conductas son propias del desarrollo normal del niño. Cuando llegan a los dos años el lenguaje está más o menos desarrollado y empiezan a tener ciertas preferencias y a hacer sus propias elecciones. El problema está en que el lenguaje, al no estar desarrollado del todo, hace que muchas veces el niño no sea entendido, lo que genera frustración en él y por lo tanto la rabieta. 


La agresividad es una forma de rabieta pero con una nota de cierta violencia, por ejemplo, pegarle una patada al cubo de la basura o intentar pegarnos. Al principio el niño no entiende que hace daño, con la edad irán interiorizando este concepto y abandonando la agresividad.
Por otro lado, estamos en la etapa del "NO", y esa palabra sí que la han aprendido bien, esa y esta "¿Por qué?". El "NO" es la forma que tienen los niños de demostrar su "autonomía". Empiezan a querer hacer las cosas por sí mismos, a hacer sus propias elecciones pero, sus elecciones, no siempre nos parecerán bien, o no son viables en ese momento, por lo que al negar al niño lo que quiere, se producirá la rabieta. En esta edad son bastante caprichosos, y aunque ellos tienen muy aprendido lo de decir "no", no llevan tan bien que se lo digamos nosotros, y, al negarle algo que quiere, un caramelo, un juguete, jugar con un amigo o lo que sea que se le haya antojado en ese momento, el niño se pondrá a llorar desesperado.


¿Cómo debemos actuar ante estas conductas?
Sobre todo hay que tener mucha paciencia y no ponernos nerviosos. Pero lo más importante es no dejar que el niño se salga con la suya. Es comprensible que ante el escándalo que monta el niño le acabemos dando lo que pide para que se tranquilice, pero es un error, como también lo es evitar ciertos lugares o situaciones porque sabemos que le puede dar una rabieta. 


Cuando estemos en la situación en la que el niño se tira al suelo y empieza a gritar como si estuviera poseído, nosotros, con calma y sin alterarnos, debemos levantar al niño del suelo, he intentar tranquilizarlo, sin decir más. No se le dice nada en ese momento porque el niño está demasiado alterado como para atenderos. Una vez que el niño se haya calmado un poco es cuando podemos explicarle que no debe actuar así, que de esa forma no va a conseguir lo que quiere, es el momento de poner los límites. No vale que esto se haga una vez y luego volvamos a darle al niño lo que pide, porque entonces lo que conseguiremos es que su conducta negativa se refuerce y nos costará mucho más eliminarla.


Es muy importante que cuando "riñamos" al niño no lo hagamos alterados, sino tranquilos y desde el afecto, hay que explicarle por qué no es posible darle lo que quiere. Las explicaciones deben ser coherentes y claras, nunca se debe decir "porque lo digo yo". Hay que adecuar estas explicaciones al nivel de comprensión del niño, no hay que olvidar que tiene dos años, no es un adulto.


Si la rabieta la produce un lugar, por ejemplo, en el camino de vuelta a casa del cole pasáis siempre por una tienda de animales y él quiere entrar todos los días a ver los animalitos. Pero claro, no todos los días tenemos tiempo de entrar en la tienda, y el día que no entramos al niño le da una rabieta. La solución no es coger otro camino, es acostumbrar al niño que no siempre que paséis por ahí vais a poder entrar.
Educar no es trabajo de un solo día, es un trabajo diario, y los resultados esperados no son inmediatos, pero no debemos darnos por vencidos, porque como decía Edward Benjamin Britten, compositor inglés "Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede".