¿Qué tipo de educador eres?

Quiero empezar este blog definiendo de una manera clara y sencilla los diferentes estilos educativos. Creo que es importante empezar por aquí ya que los estilos educativos tienen consecuencias relevantes sobre el desarrollo emocional y social del niño.

Por Elena Osborne

27 de febrero de 2015

¿Qué tipo de educador eres?
Niños en un colegio. Archivo

Los estilos educativos que adoptarán los padres, dependerán tanto de la historia personal de los padres, como de las características del niño y su respuesta al estilo educativo que va implantándose. Encontramos cuatro estilos educativos, dependiendo del grado de control (exigencia) y afecto (receptividad) ejercido por los padres:

1. Estilo Democrático. Aquí existe un equilibrio entre exigencia y afecto. Son padres que dan gran importancia al afecto, pero que al mismo tiempo establecen de manera clara, razonada y coherente las normas y los criterios de cumplimiento de las mismas. Es decir, aquí no existe el "Porque lo digo yo..." Las normas son dialogadas y razonadas con los niños para que éstos las entiendan. Esto fomenta la asertividad, la toma de decisiones, la cooperación y la responsabilidad en los niños, además de dotarles de un alto grado de auto-control. Estos padres aplican de manera adecuada los castigos y premios (reforzadores). Cuando se hace necesario aplicar un castigo lo hacen, pero siempre criticando la acción nunca a la persona.

2. Estilo Permisivo. Aquí el grado de afecto es muy elevado, sin embargo el nivel de exigencia y control es escaso. La libertad es excesiva, en ocasiones no están preparados para ello. No hay reglas y las pocas que hay se incumplen sin ninguna consecuencia negativa para el niño, lo que hace que el niño no desarrolle el sentido de responsabilidad y atribuya las consecuencias de sus actos y errores a factores externos. Dejan que actúe según sus propios criterios, todo lo que hacen vale, y no saben cuándo lo que hace está bien o mal, por lo que se desarrolla en ellos una gran inseguridad, lo que supone una baja autoestima. Además, se evitan a los niños conflictos y contrariedades, están sobreprotegidos, consentidos y mimados, impidiendo que éste adquiera las herramientas necesarias para afrontar futuros conflictos. 

3. Estilo Autoritario. Son padres extremadamente exigentes y directivos pero nada receptivos, afectuosos. Es un estilo educativo unidireccional, donde los adultos son la única autoridad, el "Porque lo digo yo y punto" está muy presente, la comunicación con los niños es prácticamente nula. El aspecto emocional de las relaciones padre-hijo no se considera importante. Aunque las reglas son excesivas, éstas son claras y explícitas. Es una educación con excesivas prohibiciones. Las decisiones son impuestas por los padres así como la solución a los conflictos, con lo que se les está sobreprotegiendo impidiendo que adquieran un sentido de autonomía, convirtiéndose en niños conformistas, dependientes, inseguros y sumisos, y pueden llegar a desarrollar ansiedad por obtener la aprobación de los demás. Se espera que respondan de forma adecuada, y los errores son castigados de manera desproporcionada. Al contrario que en el estilo democrático, aquí se critica directamente al niño en vez de a la conducta. La autoestima de estos niños es muy baja,

4. Estilo Negligente o Indiferente. Los padres no son ni exigentes ni receptivos, se trata de una paternidad irresponsable. La implicación emocional con sus hijos es baja, no se atiende a sus necesidades ni se imponen límites. Como resultado, los niños se vuelven inseguros, impulsivos y socialmente solitarios. Su desarrollo afectivo es escaso, se sienten rechazados y suelen presentar problemas emocionales.

Como podemos ver, el estilo que mejor va a fomentar el correcto desarrollo del niño es el estilo democrático ya que mantiene un equilibrio entre exigencia y afecto. Para establecer un buen estilo democrático es importante establecer normas claras y coherentes, tener una buena comunicación con el niño, mostrar tu cariño y aceptación de manera incondicional, aplicar castigos cuando sea necesario pero siempre criticando la acción nunca al niño, fomentar el sentido de la responsabilidad y toma de decisiones y enseñarle cómo resolver conflictos.