No quieras ser el listo de la clase...

Justo antes de escribir este post he tenido una breve reunión con mi editor y dado que me ha acusado de ser bastante sosa en los temas elegidos para escribir mi post. Así que me he remangado y he pensado en escribir sobre algo que me llama mucho la atención: la Simulación y su opuesto la Disimulación.

30 de enero de 2015

No quieras ser el listo de la clase...
¿Alguna vez has simulado?

Todos conocemos a grandes rasgos que es la simulación en el contexto cotidiano: Representar algo, imitar o fingir alguna cosa que no es.

Pero dentro de la psicología este término está lleno de matices. Según el manual diagnóstico de enfermedades mentales ( DSM), la simulación sería "la producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos, motivados por incentivos externos como, evitar un trabajo, obtener una compensación económica, escapar de una condena criminal u obtener drogas. Bajo algunas circunstancias, la simulación puede representar un comportamiento adaptativo: por ejemplo, fingir una enfermedad mientras se está cautivo del enemigo en tiempo de guerra".


Mittenberg, Patton, Canyock y Condit, (2002) establecen las siguientes tasas de incidencia dependiendo del contexto donde se produce: (1) lesiones personales, un 29%; (2) discapacidad o indemnización laboral, en torno a un 30%; (3) casos criminales, en un 19%; y, (4) casos procedentes de la medicina general o psiquiatría, un 8%.


¿Estamos hablando de algo positivo o negativo? Pues depende. Dependerá de en qué contexto estemos hablando pero excepto en contadas ocasiones, será de algo malo. En nuestro día a día, hay mucha gente que constantemente está simulando para conseguir beneficios a costa de los otros. Pondremos un ejemplo: una persona que simula un intento de suicidio para que su pareja no le abandone, en realidad nunca ha tenido intención de hacerlo; Pero lo hace igualmente porque consigue un beneficio.


Actualmente, ha proliferado en los contextos jurídicos una multitud de casos en los que los imputados bien para rebajar la pena o bien para declarar que son inimputables deciden alterar su comportamiento para hacérselo creer al tribunal y al profesional encargado de su evaluación, como si eso pudiera ser su tabla de salvación. Así podríamos hablar de aquellos que dicen que han matado a X porque se lo ordeno Dios o que en ese momento tuvieron un "ataque de locura".


Por otro lado, está la Disimulación: "ocultación, parcial o total, de aspectos relevantes de las conductas y mecanismos agresivos, y/o de sus consecuencias propias o en otras personas." Concepto contrario al anterior y donde tendríamos un claro ejemplo en el famoso y triste caso Bretón. Este recluso, intentó aparentar una personalidad "normal" escondiendo rasgos narcisistas y otras características de personalidad negativas, como la frialdad emocional ante la muerte de sus hijos, para conseguir que su condena fuera menor o incluso la libre absolución.

Para cerrar, el post sólo añadir una frase de Abraham Lincon: