El último Magnum 2007 de "Do Ferreiro"

Con él fue la despedida de dos jornadas intensas catando los mejores vinos de Gerardo Méndez. Añadas sobresalientes que son referencia para quien busca algo distinto y especial. Cosecha tras cosecha ha conseguido no sólo uno de los grandes albariños, sino uno de los mejores blancos del mundo. Así opinan muchos de sus fieles entre los que me encuentro. Ahí está la casta sin duda: la de la uva y la de quien la cuida.

21 de enero de 2015

El último Magnum 2007 de "Do Ferreiro"
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Pocas firmas en la comarca del Salnés en Rías Baixas tienen raíces tan profundas como las de estas cepas ni como las de este bodeguero de culto (no sé si a él le gusta mucho esta acepción), ligados los dos a los aromas del mar. Con su selección de los pagos, sus cepas de calidad y sus crianzas sobre lías, ha creado vinos para conquistar paladares y mercados.

Catorce hectáreas de viñedo repartidas en unas 130 fincas. Algunas son pequeñas parcelas con sus emparrados sostenidos por postes de granito para favorecer la maduración y otras algo más grandes que cuentan con más de una hectárea, ya con las cepas dispuestas sobre espalderas. Ninguna como su "joya de la corona", un viñedo prefiloxérico, plantado hace más de 200 años en una parcela de una hectárea cercana a su propia casa. De aquí sale su "Do Ferreiro Cepas Vellas" uno de los vinos más auténticos y sinceros que conozco. Esas cepas viejas, son la demostración de que con la sabia mano del hombre que ha sabido domarlas, pueden seguir dando el fruto esperado. Ese concienzudo trabajo en el campo es el que le salva de la incertidumbre a pesar de la adversidad de un clima, a veces tan difícil e inoportuno como el de la vendimia de 2014.


Con Do Ferreiro una vuelve a la consciencia de que el vino posee la capacidad ilimitada de la sorpresa. No hay dos iguales porque ninguna añada es igual, como ninguna vendimia, como ningún hijo, como ningún amigo... En una magnífica cata vertical disfrutamos de las añadas del 2006 con sus gratos aromas y recuerdos a humo y chimenea de aquel menos grato verano de los devastadores incendios en Rías Baixas, después vino el 2007, 2008, 2009....hasta el 2013. Todos ejemplos vivos de su sorprendente evolución en botella. 

La honradez de este bodeguero ejemplar se demuestra en los saltos de las añadas del "Cepas Vellas". Cuando no hay calidad sobresaliente no se elabora y no hubo 2008, ni 2012, ni habrá 2014. El Do Ferreiro 2014 tendrá pues, mucho de Cepas Vellas. Pero catamos el 2007 y el 2010 y el 2013 y vimos cómo estos vinos excepcionales ganan con su estancia en botella a través del tiempo. "Cepas Vellas" se cría a lo largo de diez meses con sus lías y sale al mercado en el segundo año posterior a la cosecha. El albariño más peculiar y personal de la zona que ha roto mitos sobre los blancos. Un vino que debe probarse al menos una vez en la vida. O lo que es lo mismo: uno no puede morirse sin probarlo.

Su Do Ferreiro Barrica se fermenta y se cría durante 7 meses en barricas de roble francés de 500 litros, pero su producción es anecdótica (sólo unas 1.300 botellas), como anecdótica es también su madera porque es casi inapreciable. Un vino de pago, con uva de su finca "Tomada do Sapo" con cuerpo, rotundo, que mantiene los aromas frutales y los tonos herbáceos. Si consiguen una botella, sepan que es uno de los grandes blancos para guardar.

Y también catamos su Rebisaca 2013, éste con un 25% de Treixadura y un 5% de Loureiro que ha supuesto su último lanzamiento en el mercado español y que no es en absoluto el hermano menor en calidad, aunque algo más ligero que Do Ferreiro. Un vino, como todos ellos, a un precio más que razonable.

Lo mejor de la segunda jornada fue la cata en depósitos. Aún es pronto para embotellar Do Ferreiro. Con un riguroso control de las uvas (ya vinos) de cada una de sus parcelas diferenciadas, Manuel Méndez continúa al lado de su padre la labor de una herencia bien inculcada. Y en esta bodega familiar, prueba, investiga y estudia para seguir sacando lo mejor de su albariño. Algún día, el relevo generacional se hará de una manera impecable por parte de los dos. Ya se ve. 

Las primeras botellas del 2014 saldrán al mercado a últimos de febrero o principios de marzo, pero los vinos que salen de cada uno de los depósitos ya se adivinan en copa aromáticos, plenos; con aromas florales delicados, a heno recién cortado, a hinojo, a melón, a helecho y eucalipto, los aromas del bosque gallego. Con la acidez perfecta, con una boca fresca. Secos, suaves y vivos y con esa untuosidad de sus mejores añadas. Todo acabará en una sabia mezcla conseguida con la labor de estos mucho más viticultores que enólogos, en una pura y honesta alquimia que consigue emocionarnos siempre.

Y llegó el final. Todo lo bueno se acaba. No importa, si se ha disfrutado. Y en una también magnífica comida, - por el vino y la compañía-, el último Magnum 2007 de Do Ferreiro cerraba dos jornadas de catas privilegiadas, dejando tras de sí un reguero de aromas y sensaciones encontradas.