Vinamaris: el vino que vino del mar

Por supuesto que no hay más vino que el de la vid y por lo tanto el de la tierra, pero hay a quien se le ocurre "el más difícil todavía" y eso es de admirar sobre todo si se hace bien. Llevamos algunos años oyendo hablar de los vinos submarinos hasta el punto que se ha acuñado el término "aquoir" para definirlos, en contraposición con el término "terroir".

14 de enero de 2015

Vinamaris: el vino que vino del mar
Bodega Vinamaris

La idea de envejecer el vino dentro del mar es relativamente novedosa y surgió al descubrir que el vino de las botellas halladas en navíos hundidos había envejecido de una forma diferente a como lo hace en tierra pero igualmente adecuada. El vaivén del oleaje marino, la humedad y temperaturas constantes, la ausencia de luz y de ruido, así como la salinidad aportan al vino una vía excelente para su conservación y envejecimiento.

Por este motivo, Israel Padrino y Alberto Calvo decidieron hace pocos años embarcarse (nunca mejor dicho) en una aventura vinícola y convertirla a la vez en toda una experiencia enoturística original y divertida que se puede realizar a los pies del Peñón de Ifach en Calpe (Alicante). Con ellos te puedes coger el traje de buceo si eres un experto en estas lides, y con llave en mano, sumergirte en el mar para abrir un cofre del tesoro que guarda en su interior las botellas "Vinamaris". Después de rescatar tu propia botella, basta con salir a la superficie y degustar estos vinos ya fresquitos.

Para ello eligieron vinos exclusivos de Enrique Mendoza, una bodega ubicada en L´Alfás del Pi que desde los años 70 del siglo pasado ha demostrado la calidad de sus vinos y sus viñedos con las mejores técnicas de viticultura, cultivando las uvas de manera ecológica con reconocimiento nacional por la exclusiva asociación de Grandes Pagos de España y como Bodega Española con Mejor Trayectoria en 2008. 

Las ediciones limitadas (1.000 unidades) de un tinto Monastrell con una crianza de 18 meses en barrica de roble francés y un blanco Chardonnay se envejecen a 30 metros de profundidad bajo el mar. Después de unos meses de "crianza submarina" se ha realizado la cata comparativa con las botellas del mismo vino criado en superficie con las condiciones habituales. El resultado es que ocurre algo mágico con los misteriosos movimientos de las corrientes marinas, el aroma se potencia y el color se intensifica y parece ser que tres meses bajo el mar equivalen a unos 7 años de botella "en tierra", es decir, sin sumergir. El vino submarino no es que sea mejor ni peor, sencillamente es diferente, más amplio y complejo consiguiendo en el caso de la Monastrell un vino más elegante y en cualquier caso hay que decir que son vinos únicos.

Es verdad que Vinamaris no es la única bodega que sumerge sus vinos en el fondo del mar. "Viña Casanueva" de Chile envejece sus vinos a unos 20 metros en el fondo del Océano Pacífico central. Algunas de esas botellas de vino chileno son llevadas al Mar Mediterráneo, donde la empresa Terramar las sumerge en una cala. También lo hacen, o lo han hecho, la Bodega Mira en el Puerto de Charleston (Carolina del Sur), la bodega italiana Bisson en la costa de Génova, Chateau Larriyet-Haut-Brion de Francia en la costa atlántica de Cap Ferret, y ya en España la Bodega Crusoe Treasure sumerge sus botellas en la Bahía de Plentzia (Vizcaya), Bodega Vinos Tendal en La Palma, la Bodega Vallobera en la bahía de San Carlos de la Rápita (Tarragona), las Bodegas Luis Pérez de Jerez en Conil de la Frontera (Cádiz) así como Bodegas y Viñedos Raúl Perez en Pontevedra.

La conclusión es que todavía hay mucho que aprender sobre la influencia del océano en el envejecimiento de los vinos, pero en todos sitios se constata que los cambios que experimentan los vinos sumergidos, son distintos a los que permanecen en la superficie.

Yo, como no soy una buceadora certificada de momento, me conformo con degustar Vinamaris en su catamarán o en su barco, que a mí me gustan los grupos más reducidos, disfrutar de un día en el mar mientras se navega cómodamente a vela y ver cómo se sumergen los buzos para rescatar de los cofres las botellas que yo degustaré con mis amigos y con alguna barbacoa para acompañarlos. ¿A que suena bien la propuesta?