Mehta brinda en Viena

Zubin Mehta ha dirigido la 75ª edición del Concierto de Año Nuevo en Viena

2 de enero de 2015

Mehta brinda en Viena
Zubin Mehta en una imagen del Concierto de Año Nuevo del 1 de enero de 2015

Por quinta ocasión, el maestro indio Zubin Mehta se puso al frente de la Filarmónica de Viena para dirigir el Concierto de Año Nuevo desde la Musikverein, que ha llegado en este 2015 a su 75ª edición, desde que en 1939 el mítico director austríaco Clemens Kraus sembrara la semilla de esta tradicional cita musical, seguida cada año por millones de espectadores en todo el mundo.

Con esta quinta participación en el Concierto de Año Nuevo, Mehta se convierte en el director que más veces se ha subido al podio de la Musikverein el primero de enero, tras las magnas figuras de Willi Boskovsky, Lorin Maazel o Carlos Kleiber.

Para este concierto se han seleccionado piezas musicales ciertamente novedosas aunque no de un especial atractivo melódico, junto a célebres obras de la familia Strauss que se encuentran en la memoria de todos los aficionados, para una vez más hacernos llevar musicalmente alegre y desenfadada la primera mañana del año.

Aun así, se ha constatado la impresión de que en gran parte del concierto, el maestro de Bombay no ha conseguido extraer ese sonido único e inigualable, con su brillo y colorismo netamente vienés, de los filarmónicos vieneses, a pesar de que el balance general del evento ha sido muy digno y enormemente positivo, con el control direccional y el buen hacer interpretativo al que nos tiene acostumbrados esta excelente batuta, acercándose a cada partitura con corrección, finura y elegancia.

Comenzó el concierto con el encanto vienés que destila la obertura Mañana, mediodía y noche en Viena de Franz von Suppé, una pieza plena de contrastes en cuya lenta primera parte tiene gran predominio el solo de violonchelo. Mehta imprimió vitalismo entusiasta en la vigorosa y rítmica parte final, que nos remonta a las célebres oberturas de las óperas de Carl Maria von Weber. Acto seguido, fue tiempo para Johann Strauss (hijo) con sus Cuentos de Oriente, un vals poco conocido que no demuestra musicalmente las esencias orientales de su título. Tras una serie de muy contrastadas polcas de los hermanos Josef (la francesa o más lenta Vida vienesa) y Eduard (la rápida Donde se vive y se ríe), llegaron los consabidos gorjeos ornitológicos en el celebrado vals de Josef, Golondrinas de los pueblos de Austria, ejecutado con suma corrección aunque sin demasiada concesión al rubatto, tendencia por otro lado general en todo el concierto. La polca rápida de Johann, Desde la orilla del Danubio, en la que se incluye una melodía que aparece en su obertura Carnaval en Roma, significó el final de la primera parte, como es habitual muchísimo más breve que la segunda.

Tras un documental televisivo de impecable factura sobre los principales parajes de la ciudad de Viena bien servido con música interpretada por solistas instrumentales de la Filarmónica vienesa, la segunda parte dio comienzo con el célebre Moto perpetuo de Johann rematado con dos contundentes "Etcétera, Etcétera" por el maestro Mehta que rompían un tanto la tradición de ser pronunciados en alemán. El siguiente vals, Aceleraciones, destinado por Johann para fines académicos, estuvo bastante bien conseguido en progresiones rítmicas, antes de que llegaran dos polcas de Johann y Josef que hacían referencia a adelantos tecnológicos: la primera, a pesar de su chispeante título, Electromagnética, muy lenta en velocidad, y A todo gas, ésta sí, rápida. La gran novedad de la segunda parte estribaba en las siguientes dos piezas, de un lado el vals Al Elba, de Johann, un verdadero descubrimiento, debido a su infrecuente inclusión en estos conciertos, y el Galop del champán del considerado como "Strauss danés", Hans Christian Lumbye, en donde Mehta repartió copas de champán entre los atriles de la orquesta.

Continuando con Johann, el ballet, de corte estudiantil, apareció por primera vez para lucirse más bien poco pero de una manera sumamente divertida en la Polca de los estudiantes, y posteriormente con mayor empaque y majestuosidad, en uno de los valses más hermosos, Vino, mujeres y canciones, en el cual el Wiener Staatsballet dirigía sus pasos de baile por los lujosos salones y galerías interiores con apariciones episódicas en los jardines exteriores. Antes había sonado la famosa polca francesa Querida Ana con tempo bien marcado por el maestro indio, y el programa concluyó Con elegancia, polca rápida de Eduard. Inmediatamente después, la Polca de las explosiones de Eduard, primera propina fuera de programa, motivó que al finalizarla el maestro accionara un botón cercano al podio provocando en la sala un sonorísimo estruendo que produjo la liberación de confetis multicolores por todo el escenario. Tras la habitual felicitación de año nuevo por Mehta y la orquesta, previa al Danubio Azul, el director indio abordó éste (acompañado por imágenes del río) aquí sí bastante más rubateado y propenso al baile, quizá una de sus mejores interpretaciones de todo el concierto. Finalmente, en la Marcha Radetzky, Mehta innovó como ninguno dirigiendo al público por secciones, incluso en la contrastante parte central, cuyo ritmo es muy poco habitual que se palmee, no consiguiendo un gran éxito en la coordinación general y convirtiendo la pieza en un verdadero gag cómico.

Germán García Tomás

@GermanGTomas