La tentación de perder el tiempo


Procrastinación: Problema de autorregulación y organización de nuestro tiempo. Tendencia más o menos fuerte de postergar actividades relevantes y que deben ser resueltas, por otras más agradables y lúdicas.

19 de diciembre de 2014

La tentación de perder el tiempo
no pongas excusas otra vez

Aquí nos planteamos el quid de la cuestión: si somos conscientes de que estas actividades son relevantes y requieren de nuestra atención por qué no las resolvemos cuanto antes y así poder seguir con otra cosa. El punto de atención es que las personas perciben esa tarea como estresante o incomoda y estas sensaciones se pueden mostrar de manera psicológica, física o intelectual.


Existen creencias personales que favorecen la tendencia a la procrastinación. Estas tendencias sólo marcan que tenemos más facilidad para desviarnos de la meta final, es decir, tener estas creencias no implica necesariamente problemas de autorregulación pero sí los facilita.


Según William J. Knaus en "superar el hábito de posponer" estas son las más relevantes:


i. Creencias irracionales: basadas en una pobre autoimagen y autoconcepto de sí mismos que les hace verse como inadecuados o incompetentes, o ven al mundo con demasiadas exigencias que no se ven capaces de cumplir.


ii. Perfeccionismo y miedo al fracaso: postergar, y justificar un resultado final por falta de tiempo, sirve de excusa para evitar el miedo al fracaso, en tareas donde no hay garantías de éxito. Son personas perfeccionistas y autoexigentes, que se marcan metas poco realistas.


iii. Ansiedad y catastrofismo: el cúmulo del trabajo supone un cúmulo correlativo del nivel de ansiedad. La dificultad para tomar decisiones y la búsqueda de garantías de éxito antes de iniciar una tarea provoca finalmente sentimientos catastrofistas, y como resultado se sienten saturados e indefensos. Pueden sentir autocompasión, escudándose en que no son aptas para las exigencias del mundo que les ha tocado vivir.


iv. Rabia e impaciencia: las exigencias desmesuradas y el catastrofismo provocan también rabia e impaciencia. Pueden surgir ideas del tipo «yo debería ser capaz de realizar esto solo» «¡qué idiota que soy!» o «¡no puedo tolerar esta ansiedad!». Estas personas perfeccionistas, al no cumplir con las metas que se marcan, se muestran agresivas contra sí mismos. Terminan atrapadas en un círculo de enfado-rebelión que empeora su rendimiento.


v. Necesidad de sentirse querido: el deseo de realizar tareas en base a la recompensa en forma de amor o aceptación de los demás. La creencia que subyace es: «todos deberían amarme para poder amarme a mí mismo». Basa su valía como persona en la aceptación y atención recibida. Si se les recompensa con sus demandas implícitas se sienten fuertes psicológicamente y por el contrario se sienten inválidas cuando no obtienen lo que desean. Por ese motivo estas personas aceptan todo tipo de demandas de los demás con el fin de agradar.


vi. Sentirse saturado: el trabajo se les acumula, y se ven incapaces de establecer prioridades; esto provoca sentimientos de ansiedad, saturación, estrés, angustia, indecisión, impotencia, inmovilización y fracaso, lo que cierra un círculo vicioso del que no pueden escapar.


¿Y cómo evitamos este malestar de manera rápida? Muy fácil, buscando estímulos que nos aporten bienestar inmediato: ir de compras, navegar por internet etc. Esta manera de proceder a su vez nos va creando una dependencia de estas actividades y cada vez caeremos más fácilmente en este refugio pudiendo crear un trastorno psicológico que requiera atención por parte de profesionales. Pero cómo es obvio esta no es la solución, tenemos capacidad de decidir y si lo juntamos con una buena autoestima y saber organizarse adecuadamente el tiempo en función de las tareas a llevar a cabo sabremos manejar la procrastinación y que no invada nuestra vida.

Coge las riendas de tu vida.